Por María Gracia Banderas
Marbella ha construido, a lo largo de las últimas décadas, una identidad arquitectónica singular en el panorama español. Entre la herencia andalusí de su casco histórico, las urbanizaciones modernas que definieron la Costa del Sol en la segunda mitad del siglo XX y una creciente apuesta por la arquitectura contemporánea de alto nivel, la ciudad se ha convertido en un laboratorio donde conviven tradición, turismo internacional y experimentación estética. En este contexto, no resulta casual que haya consolidado su posición como uno de los enclaves más relevantes del sur de Europa en materia de diseño e interiorismo, capaz de atraer tanto a estudios emergentes como a figuras consagradas que encuentran aquí un terreno fértil para explorar nuevas formas de habitar.

Esta vocación se reafirma con la celebración de la octava edición de Marbella Design & Art, que transformó el Palacio de Ferias, Exposiciones y Congresos Adolfo Suárez en un recorrido inmersivo compuesto por más de cincuenta espacios. Lejos de entenderse como una feria al uso, el evento se consolida como una plataforma donde interiorismo, arquitectura y arte contemporáneo dialogan para anticipar las tendencias que están definiendo el diseño a escala global. A lo largo de sus ediciones, ha reunido a nombres destacados del sector y ha contribuido a posicionar la ciudad como un punto de encuentro estratégico en el calendario europeo.

La edición de 2026 confirma un cambio de paradigma, y es que el interiorismo ha dado un paso más allá de resolver lo funcional y lo estético. Esta edición ha posicionado a la disciplina que se encarga de diseñar y transformar espacios interiores como capaz de articular también experiencias complejas en las que intervienen factores emocionales, tecnológicos y medioambientales. El proyecto ganador, “Sand Stone de Technogym” de Inhabit, sintetiza esta evolución al proponer un espacio doméstico donde el bienestar físico, la vida cotidiana y el diseño convergen en un entorno que integra movimiento, nutrición y calma mental. El objetivo ha sido convertir la vivienda en un entorno activo que acompaña y mejora la calidad de vida.

Este centro en el bienestar y el bien vivir es una de las tendencias más claras del interiorismo contemporáneo. Tal como explica la interiorista Mar Vera, del estudio madrileño Welcome Design y participante en la feria, su evolución está directamente vinculada a la capacidad de personalización que ofrecen hoy los avances tecnológicos y la diversidad de materiales: “Contamos con una gama infinita de posibilidades. La iluminación, por ejemplo, se puede controlar en color y temperatura para crear escenas específicas; en espacios como el baño, la integración de chorros de agua, vapor o duchas en cascada permite diseñar experiencias completamente adaptadas a cada usuario”. Esta concepción del espacio como experiencia sensorial entronca con corrientes internacionales como el wellness design, que sitúan el bienestar físico y emocional en el centro del proyecto arquitectónico.

Pero si el bienestar actúa como eje, la narrativa se revela como el hilo conductor que da sentido a cada intervención. En un momento en el que la homogeneización estética amenaza con diluir la identidad de los espacios, la construcción de relatos se convierte en una herramienta fundamental. “Cada casa, cada espacio debe tener un hilo conductor que nos ayude a comenzar el proyecto”, señala Vera. “A veces el punto de partida ha sido un cuadro o una escultura, pero lo mejor es dejar que el propio espacio modele su historia”. Esta aproximación se refleja en propuestas como “Cateto Club”, de Alejandro Cateto, el espacio más votado por el público, que reinterpretó la estética de la Costa del Sol de los años 60 a través de un lenguaje contemporáneo cargado de referencias culturales, o en el proyecto de Studio Vanesa Casas, que presentó una oda a la arquitectura tradicional japonesa desde una mirada experimental, inspirada en la poética de la sombra.

En paralelo, la tecnología se integra de manera cada vez más orgánica en los proyectos, alejándose de cualquier protagonismo excesivo para convertirse en un recurso silencioso que amplifica la experiencia. “La tecnología ha evolucionado tanto que ahora es mucho más fácil y accesible y nos ayuda a crear emociones”, apunta Vera, quien destaca soluciones como los sistemas de iluminación avanzados, los altavoces ocultos o los electrodomésticos de última generación que, sin duda, permiten optimizar las tareas domésticas. Esta tendencia se hace visible en proyectos como “The Architecture of Climate” de Studio Nina Dubarry, donde el control climático se plantea como una herramienta de diseño que conecta lo técnico con lo orgánico, o en la apuesta por la innovación tecnológica reconocida en “Sosega” de Paralela Taller Creativo, que incorpora una lámpara desarrollada mediante impresión 3D.

El uso de los materiales constituye otro de los aspectos clave que atraviesan la feria y que permite identificar diferencias culturales significativas. Según Vera, en el mercado latinoamericano se observa una aproximación más audaz en la combinación de madera y piedra, integrándolas de forma más libre y evocando corrientes arquitectónicas que dialogan con los grandes maestros de los años 50 y 60 desde una perspectiva contemporánea y más biológica. Frente a ello, el contexto europeo mantiene una relación más contenida con estos materiales, aunque igualmente orientada a la búsqueda de autenticidad y conexión con el entorno. En ambos casos, se percibe una tendencia global hacia la recuperación de materiales naturales y procesos constructivos que priorizan la durabilidad y la honestidad.

En este escenario, la sostenibilidad se posiciona como un criterio ineludible, que viene marcando el ritmo los últimos años, aunque su integración plantea desafíos complejos, especialmente en proyectos vinculados al lujo. Lejos de entenderse como conceptos opuestos, la edición de Marbella Design & Art evidencia que ambos pueden coexistir a través de una redefinición del propio lujo. “El verdadero lujo es la personalización”, afirma Vera. “Debemos hacer proyectos con sentido común, utilizando piezas bien pensadas y bien fabricadas, que los hijos de nuestros hijos quieran y puedan heredar”. Esta idea conecta con una visión del diseño basada en la permanencia, donde el valor no reside en la acumulación, reside en la capacidad de crear objetos y espacios que trasciendan el tiempo. Ejemplo de ello es el reconocimiento otorgado a Amber Craft & Design como el espacio más ecológico, con una propuesta centrada en la transformación de materiales descartados en piezas únicas de alto valor estético.

La feria también pone de manifiesto la creciente hibridación entre la artesanía y la innovación, un diálogo que permite explorar nuevas posibilidades formales sin renunciar a la dimensión cultural del diseño. La incorporación de tecnologías como la impresión 3D, lejos de sustituir los procesos tradicionales, amplía el campo de experimentación y favorece la creación de piezas que combinan precisión técnica y sensibilidad material.

Con una agenda paralela que incluyó presentaciones de marcas, encuentros profesionales y actividades que se extendieron por la ciudad, como la participación institucional o eventos solidarios, Marbella Design & Art trascendió el espacio expositivo para convertirse en un ecosistema donde convergen creatividad, industria y cultura. La presencia de un jurado integrado por figuras relevantes del sector, como Fran Silvestre, Isabel Margalejo, Jacobo Higuera Mata e Ignacio Merino Rivero, refuerza el rigor y la proyección internacional de la cita.

El interiorismo ha adquirido un papel estratégico en la arquitectura contemporánea y acompaña el definir cómo se vive, se percibe y se experimenta. Esta interdependencia ha convertido al interiorismo en una herramienta clave para responder a los grandes desafíos contemporáneos, desde el bienestar hasta la sostenibilidad. Ha de tenerse en cuenta que el interiorismo presenta matices según el contexto geográfico. En Europa, el diseño tiende a equilibrar tradición y contemporaneidad, con un fuerte foco en la sostenibilidad. En América Latina, por otro lado, se observa una mayor libertad en la mezcla de materiales y una conexión más orgánica con el entorno, en línea con lo señalado por Vera.

En el caso de España, el interiorismo ha pasado, en apenas una década, de percibirse como un servicio asociado al lujo a convertirse en una herramienta esencial para mejorar la calidad de vida y optimizar los espacios. Además, el crecimiento del sector se ha impulsado principalmente por la reforma de viviendas, el auge del teletrabajo y la necesidad de adaptar los hogares a nuevos usos. Este cambio ha traído consigo una mayor exigencia por parte de los usuarios, que priorizan la funcionalidad, la luz natural y la distribución eficiente por encima de una estética meramente aspiracional. Esta consolidación ha permitido que España también se posicione como un exportador de lenguaje estético y conceptual hacia otros mercados, especialmente Latinoamérica, a través de la presencia creciente de diseñadores españoles en citas internacionales y del reconocimiento de su enfoque, basado en la mezcla de artesanía e innovación, lo que también convierte al interiorismo en un puente cultural que redefine la manera en que diferentes geografías entienden el habitar contemporáneo.

En un momento en el que el interiorismo se enfrenta a desafíos que van desde la crisis climática hasta la transformación digital, lo que ha emergido en Marbella es la necesidad de redefinir la relación entre las personas y los espacios que habitan. Entre el bienestar y la narrativa, la tecnología y la materia, el lujo y la sostenibilidad. El diseño contemporáneo se construye hoy como una experiencia total, capaz de integrar lo tangible y lo intangible en una nueva forma de entender el habitar.











