
Por Caridad Vela
Hay historias empresariales que se construyen en silencio, lejos del ruido mediático, pero que en un momento preciso, irrumpen con la fuerza de un resultado imposible de ignorar. Ese es precisamente el caso de ICORP.
Lo que empezó como una empresa joven en el competitivo mundo de la ingeniería, hoy se posiciona en un escenario impensado. Competir, desde Ecuador, con algunas de las firmas más grandes del mundo en uno de los sectores más exigentes, como es la infraestructura aeroportuaria, es jugar en las ligas mayores. No solo implica un reto técnico de altísimo nivel, sino gracias a los resultados obtenidos, ICORP es finalista en tres categorías de un prestigioso concurso internacional para proyectos que redefinen estándares.

Alejandro y Rodrigo Irigoyen
Detrás de este reconocimiento hay años de disciplina, decisiones técnicas, aprendizaje constante y una forma distinta de entender la ingeniería como una rama más integrada, colaborativa y profundamente orientada a la excelencia.
En esta conversación, Alejandro y Rodrigo Irigoyen recorren el camino que hoy los pone en el radar internacional. Empezamos por lo actual, para, desde ahí, mirar hacia atrás y conocer los cimientos familiares, profesionales y humanos sobre los que han construido una empresa que, sin proponérselo, hoy está en la élite mundial.
ICORP está nominada como finalista en tres categorías del NCE Airports Awards. ¿Qué significa este reconocimiento?
Es, sin duda, uno de los hitos más importantes en nuestra historia. Estamos hablando de un concurso internacional en el que participan empresas de todo el mundo, con décadas de experiencia desarrollando aeropuertos en distintas regiones. Ser finalistas en tres categorías es estar dentro de un grupo muy reducido de empresas que están siendo evaluadas por un comité técnico internacional. No hay votaciones populares ni criterios subjetivos, sino un análisis riguroso de lo que se hizo, cómo se hizo y con qué resultados.

¿Con qué proyecto participaron?
Con la ampliación y rediseño del Aeropuerto Mariscal Sucre de Quito, desarrollado por Corporación Quiport, en el que participamos como diseñadores y como dirección técnica de obra. Fue un proyecto particularmente desafiante porque debía ejecutarse sin detener la operación del aeropuerto, lo que implicó niveles de coordinación, seguridad y precisión extremadamente altos, no solamente con todos los involucrados en la obra, sino también con Quiport y con todas las entidades que prestan servicio en el aeropuerto. Cuando terminamos el proyecto participamos como expositores en un seminario internacional donde presentamos el caso como ejemplo de innovación, y tuvimos una convocatoria récord para ese tipo de eventos según informaron los organizadores. De ahí fue que surgió la idea de postular al concurso como una forma de compartir lo que habíamos logrado. Fue una grata sorpresa recibir la noticia de que éramos finalistas en tres categorías: Innovation in Airport Engineering, Aviation Consultant of the Year, y Project Team of the Year en proyectos de hasta $500 millones.
¿Qué significa competir con los mejores del mundo?
Es un orgullo, pero también una responsabilidad, porque sentimos que estamos representando al país. Demostrar que desde Ecuador se puede hacer ingeniería de nivel internacional es algo que nos motiva profundamente. Los premios se entregarán en Londres, en mayo. No sabemos si ganaremos, pero estar entre los finalistas es, en sí mismo, un logro.

¿Qué hicieron diferente para destacar frente a empresas globales?
Creemos que el diferencial estuvo en cómo integramos tecnología y metodología. No es que hayamos inventado nuevas herramientas, sino que tomamos tecnologías existentes como BIM, sistemas de planificación avanzada, drones y metodologías colaborativas, y las unificamos en un solo sistema de trabajo.
¿Por ejemplo?
Utilizamos modelos digitales que permiten visualizar el proyecto completo antes de construirlo, pero además los integramos con sistemas de planificación que conectan cada actividad con las acciones precedentes, optimizando tiempos y recursos. A esto se sumó el uso de herramientas colaborativas que permitieron que más de 90 personas entre técnicos, especialistas y personal de obra, trabajen coordinadamente sobre una misma plataforma. Esto cambió completamente la forma de ejecutar el proyecto.

¿Qué rol jugaron herramientas como BIM?
Detrás de este resultado hay la decisión técnica de integrar herramientas que en muchos proyectos funcionan de manera aislada. El uso de BIM permitió construir un “gemelo digital” del proyecto, una representación virtual precisa que anticipa interferencias, optimiza diseños y reduce incertidumbres antes de empezar la obra. Pero su verdadero valor no estuvo solo en modelar, sino en democratizar la información. Al llevar ese modelo a plataformas accesibles y colaborativas, todos los actores pudieron visualizar, entender y participar en tiempo real en las decisiones del proyecto. BIM dejó de ser una herramienta técnica para convertirse en un lenguaje común. A esto se sumó la implementación de Last Planner System.
¿Last Planner System?
Es una metodología que transforma la planificación tradicional en un proceso dinámico, colaborativo y altamente eficiente. En lugar de proyectar cronogramas lineales, se parte de las actividades necesarias para cumplir objetivos concretos y se construye hacia atrás, identificando dependencias, restricciones y responsables. Esto mejora la precisión en tiempos y alinea a todos los equipos en torno a compromisos reales y medibles. En un entorno tan complejo como un aeropuerto en operación, esta combinación de BIM como base de información, y Last Planner como sistema de gestión, permitió anticipar problemas, optimizar recursos y ejecutar con un nivel de control que hoy nos posiciona entre los referentes del sector.

Alejandro Irigoyen, Presidente y Director de Proyectos
¿Cómo se aplicó esta metodología en la práctica?
Uno de los mayores retos fue romper el esquema tradicional en el que cada actor opera de forma independiente. Gracias a la visión y apertura del cliente (QUIPORT), creamos espacios de trabajo colaborativos en los que participaron constructores, equipo técnico, seguridad y cliente. En total, se manejaron alrededor de cuarenta hitos y todos se cumplieron sin interrupciones críticas en la operación del aeropuerto, con una desviación mínima en presupuesto y sin accidentes. Esto, en un proyecto de esta magnitud, es altamente significativo.
¿Qué áreas abarcó el rediseño del aeropuerto?
El proyecto incluyó arquitectura, ingeniería civil, estructural, eléctrica, mecánica, electrónica, sistemas contra incendios, arquitectura interior y coordinación de sistemas altamente especializados como el manejo de equipaje. Uno de los grandes desafíos fue “tropicalizar” el diseño original, adaptándolo a condiciones locales sin perder estándares internacionales.

Miremos hacia atrás en el tiempo. ¿Cómo fue el camino para llegar a este exitoso presente?
Ha sido un proceso progresivo. Nuestro primer gran contrato, hace ya casi 10 años, fue con General Motors. Eso nos obligó a cumplir estándares muy altos desde el inicio. A partir de ahí, fuimos consolidando una forma de trabajo basada en calidad, seguridad, transparencia y mejora continua. Eso nos abrió puertas con empresas como Cervecería Nacional, Arca Continental (Coca-Cola), Accelleron, Laboratorios Life, Moderna Alimentos, Iglesia Universal, Duragas, Promart, Iselec, T-Control y Falcon Farms, entre otras. Son compañías con altos estándares internacionales, lo que nos ha exigido mantener un nivel técnico y operativo de excelencia. Nuestra principal fortaleza es que no nos especializamos en una sola etapa.
¿Es decir que realizan una gestión integral?
Trabajamos en diseño, construcción y mantenimiento. Esto nos permite entender el ciclo completo de cada proyecto, desde su concepción hasta su operación. Con esa visión integral tomamos mejores decisiones desde el inicio, porque sabemos cómo se comportarán las estructuras en el tiempo y qué requerimientos tendrán en su uso real.

Rodrigo Irigoyen, Gerente General
¿Qué estrategia ha sido clave en este crecimiento?
Icorp es relativamente joven, tiene cerca de diez años, pero contamos con una base muy sólida pues los dos crecimos en el entorno de la ingeniería. Nuestro padre y tío fundaron una empresa hace más de cuatro décadas, y desde pequeños estuvimos vinculados a ese mundo. Esa formación ha sido clave en nuestro trabajo. Cuando decidimos emprender apostamos por el sector privado y por desarrollar una ingeniería distinta, más integrada, más eficiente y más alineada con estándares internacionales. Ha sido una combinación de exigencia, aprendizaje y consistencia.
¿La meta?
No buscamos crecer rápido, buscamos crecer haciendo bien las cosas. Desde el inicio trabajamos con estándares de calidad, certificaciones, proyectos sostenibles certificados y procesos que nos obligaron a ser mejores en cada proyecto. Hemos construido una cultura basada en valores que vienen de nuestra formación personal, familiar y profesional.
