Por Caridad Vela
Fotografías: Daniel Cornejo

Treinta años caben en una cifra, pero difícilmente caben en una sola historia. La noche de celebración de AH CORP fue un recorrido por los sueños que comenzaron mucho antes de que la marca de muebles adoptara oficialmente su nombre y conquistara mercados internacionales.

AH CORP - Revista CLAVE Ecuador

Adriana Hoyos y Andrea Pérez Hoyos

Cuatro voces reconstruyeron el camino recorrido. Eduardo Pérez, el estratega que imaginó una empresa capaz de trascender fronteras; Adriana Hoyos, la diseñadora que convirtió su manera de mirar la vida en un lenguaje estético; Andrea Pérez Hoyos, heredera de una sensibilidad creativa pero decidida a encontrar su propia voz; y Eduardo José Pérez Hoyos, quien hoy lidera buena parte del crecimiento internacional de la compañía.

Entre aplausos, anécdotas familiares y un emotivo video corporativo, quedó claro que la celebración no fue únicamente por una marca de lujo, fue por una forma de entender el diseño, la artesanía, la familia y la perseverancia.

Eduardo Pérez: “Nos vendiste tu sueño y te creímos”

Eduardo fue el primero en tomar la palabra y resumió tres décadas en una frase sencilla. “Ha sido un camino largo, un camino de sueños, desafíos y logros. Y hemos tenido muy buenos caminantes a nuestro lado”.

Recordó aquellos años en que él y Adriana apenas comenzaban a imaginar una empresa que pudiera ir mucho más allá de Ecuador. “Tuvimos el sueño de crear algo que pudiera trascender, pero queríamos también trascender fronteras. No teníamos muchas respuestas, pero teníamos mucho coraje”.

En 2001, ese coraje los llevó a tomar una decisión que marcaría la curva de aprendizaje de la empresa, ir a Estados Unidos. “No sabíamos exactamente qué iba a pasar, pero fue una decisión que cambió nuestra historia. La curva de aprendizaje ha sido larga, pero profundamente fructífera”.

Eduardo confesó que hace poco, uno de sus colaboradores le dijo algo que lo conmovió especialmente. “Eduardo, nos vendiste tu sueño y te creímos”, y confesó que “ese sueño grande, siempre lo tuve desde el inicio”. Hoy ese sueño tiene cifras que hablan por sí solas.

La marca Adriana Hoyos cuenta con 33 licencias alrededor del mundo, hace negocios activamente en 16 países y trabaja con firmas de diseño, hoteles de lujo, cruceros y aeropuertos. “Jamás hubiésemos imaginado que terminaríamos diciendo con tanto orgullo que hemos exportado talento, hemos exportado diseño y hemos construido una marca de lujo reconocida en el mundo”.

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Eduardo Pérez y Adriana Hoyos

El crecimiento internacional no fue producto únicamente de la creatividad. También respondió a una decisión estratégica, controlar toda su cadena de abastecimiento, que terminó convirtiéndose en una de las mayores fortalezas de la compañía. “En Estados Unidos somos una compañía muy especial, porque identificamos un nicho y decidimos controlar nuestro supply chain. Contamos con cien hectáreas en las que cultivamos árboles para garantizar la calidad de nuestra materia prima. Tener nuestros propios bosques y controlar desde allí el abastecimiento nos dio una fortaleza enorme dentro del mercado”.

Ese modelo de integración vertical lo vimos en el video institucional proyectado durante la ceremonia. Controlar cada etapa del proceso, desde la materia prima y la manufactura hasta el control de calidad y la entrega final de cada pieza, son la clave del éxito.

La producción continúa teniendo su corazón en Quito, mientras la sede corporativa funciona desde Miami. Más de 400 colaboradores, entre diseñadores, artesanos y profesionales participan hoy en una estructura que combina precisión industrial con trabajo artesanal. El video resumió esa filosofía con una idea poderosa. La creatividad comienza soñando, pero solo adquiere sentido cuando esos sueños se transforman en objetos reales, funcionales y capaces de acompañar la vida de las personas.

“Todo comenzó con Adriana”, dice. La recordó muy joven, cuando en Ecuador prácticamente nadie hablaba de diseño interior como una profesión consolidada. “Adriana fue una de las primeras, tenía una determinación enorme, hoy su estudio de diseño ha realizado obras de gran trascendencia y es reconocido por grandes desarrolladores inmobiliarios tanto en Estados Unidos como en Centroamérica”.

“Estoy orgulloso de decir que no hubiese tenido una mejor compañera que tú”, le dijo. Naturalmente, el agradecimiento se extendió hacia sus hijos. “Gracias a Eduardo José y a Andrea porque creyeron en nuestro cuento. Cada uno con su talento, con su perseverancia y con un pensamiento grande, decidió ser parte del sueño de sus padres”.

Y recordó que las empresas también construyen herencias invisibles. “Esta historia está dedicada también a nuestros cinco nietos. Ellos nos recuerdan que trascender significa dejar algo mucho más profundo que una empresa. Se trata de valores, identidad, trabajo, responsabilidad y amor por lo que hacemos”.

Un video mostró imágenes del nacimiento de una colección como un proceso casi íntimo. Dibujos, fotografías, materiales, viajes, referencias arquitectónicas y conversaciones alrededor de una mesa de diseño, daban paso a los prototipos, las pruebas manuales, la precisión de los artesanos y una producción donde cada detalle debía responder a un mismo concepto.

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Andrea Pérez

La definición que resume la esencia de la marca es diseño atemporal, una filosofía que ha permitido desarrollar interiores residenciales a medida, grandes proyectos de hospitalidad, mobiliario para hoteles de lujo y una nueva especialización en el diseño y acabado de mobiliario para aeropuertos, con presencia consolidada en Estados Unidos y creciente reconocimiento en Medio Oriente.

El video terminó regresando al origen, a la empresa familiar, porque detrás de cada colección, cada pieza y cada expansión internacional permanece la misma convicción de que los valores deben extenderse también hacia las personas que hacen posible la empresa. “Honestidad, trabajo en equipo, pasión y compromiso”, dijo Eduardo.

Adriana Hoyos: “Diseñar es mi manera de mirar la vida”

Adriana tomó el micrófono y la emoción fue evidente. “Qué alegría verlos esta noche para celebrar juntos estos treinta años… aunque en realidad son un poquito más. Yo empecé hace más años que eso, cuando me casé con Eduardo. Pero lo que hoy celebramos son los treinta años de nuestra empresa de muebles”.

“Cuando entro a este salón y pienso todo lo que hemos recorrido, me emociona muchísimo ver cómo una idea que comenzó de una manera tan natural fue creciendo hasta llegar a tantos lugares que jamás imaginé”. Para Adriana, el diseño nunca ha sido únicamente una profesión. “Diseñar es mi manera de mirar la vida. No se trata solamente de crear algo bonito. Diseñar es observar, escuchar, entender cómo viven las personas, cómo comparten en familia y cómo quieren sentirse en sus hogares y en sus espacios”.

Antes de hablar de proyectos o mercados internacionales quiso detenerse precisamente en ese origen creativo. Durante estos treinta años la marca ha desarrollado 16 colecciones, cada una inspirada en una historia distinta. “La naturaleza, el arte y la arquitectura han sido siempre nuestras fuentes de inspiración”.

Galápagos, Origen, Lúa y Amazónica son colecciones que representan momentos diferentes de la evolución de la firma y que nacieron con una intención mucho más profunda que seguir tendencias. “Nunca he creído que diseñar sea seguir una moda. El verdadero diseño tiene personalidad, genera emociones y convive con las personas durante muchísimo tiempo”.

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Eduardo José Pérez, Adriana Hoyos y Eduardo Pérez

Habló de la relación creativa que mantiene con Eduardo desde hace décadas. “Yo puedo enamorarme de una forma o de una idea y Eduardo inmediatamente empieza a pensar cómo realizarla, cómo hacerla posible y cómo llevarla mucho más lejos de lo que yo jamás imaginé. “A veces yo sueño una locura y él organiza el vuelo. Otras veces él sueña en grande y yo trato de darle forma a ese sueño”.

Son pareja, socios y compañeros de vida, no cabe la menor duda. En los últimos años esa conversación incorporó dos nuevas voces. “Nuestra hija Andrea llegó con su propia mirada, con sus propias agallas y con una sensibilidad increíble que le ha dado muchísima frescura a la marca. Hoy también celebro a Eduardo José, que ha tomado el liderazgo en uno de los mercados más exigentes del mundo, como es Estados Unidos”.

Destacó su visión, su olfato empresarial, su carisma y la capacidad que ha tenido para abrir puertas en las grandes ligas internacionales. No quiso cerrar sin regresar a quienes hacen tangible cada idea. “Gracias a nuestros clientes por su confianza. Gracias a nuestros colaboradores, a los diseñadores y a los artesanos que convierten nuestros sueños en piezas extraordinarias”.

Treinta años después la ilusión permanece intacta. “Cuando nace una idea, descubro un material o veo terminado un espacio que antes existía solamente en nuestra imaginación, siento exactamente la misma emoción”. Y cerró con la certeza de que “todavía tenemos mucho por crear, muchas historias por contar y muchos lugares a donde llevar nuestro diseño”.

Andrea Pérez Hoyos: “No sé lo que es ser sombra”

La siguiente voz pertenecía a la nueva generación. Andrea llegó al escenario con la emoción apenas contenida. “Para mí esta noche es muy especial. Me tiembla un poco la voz porque estoy hablando de mi familia”.

Confesó que, aunque oficialmente celebra diez años dentro de la empresa, en realidad ha vivido los treinta. “He crecido entre planos, paredes, sueños y muebles por hacerse. Hasta ese polvillo de fábrica que hoy es parte del olor de todos los días forma parte de mis recuerdos. Aprendí a patinar aquí, hoy mis hijas también pueden patinar en este mismo lugar”. Ese detalle resume lo que significa un legado que vuelve a empezar.

Y decidió comenzar agradeciendo, porque, dijo, eso fue lo primero que le enseñaron sus padres.

“Papá, quiero agradecerte por enseñarnos a soñar en grande. Eres el mejor ejemplo que tengo. Me enseñaste que los sueños no son solamente para imaginarlos. Hay que estructurarlos, ser perseverantes y cuidar obsesivamente cada detalle”.

Describe su relación con Adriana como “Batman y Robin”. Su frase para ella, “a mi Batman, de lo que más agradecida estoy, además de la vida que me diste, es la libertad creativa que me has regalado”. Habló entonces de una pregunta que muchas personas le hacen constantemente.

“Me dicen: ¿cómo es vivir bajo la sombra de una madre tan reconocida?” Su respuesta es contundente. “Sinceramente no sé lo que es ser sombra. Creo que cada uno persigue su propio camino y trata de hacerlo de la mejor manera posible. A veces me equivoco, pero siempre tengo una mano que me ayuda a levantarme”.

Agradeció haber recibido una educación que nunca puso límites geográficos a la imaginación. “¿Por qué no diseñar en Egipto? ¿Por qué no en República Dominicana? ¿Por qué no cruzar el charco y pensar en Europa? Ese ha sido siempre tu ejemplo”.

Después habló de Eduardo José, su hermano y compañero de generación. “Gracias porque has sido un creador y un vividor de todo lo que hacemos”. Destacó su capacidad para construir relaciones profundas no solamente con quienes trabajan en la empresa sino con los clientes que “compran el sueño de mis papás y tú lo vuelves tangible en el mundo”.

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Andrea Pérez, Eduardo José Pérez, Adriana Hoyos y Eduardo Pérez

Recordó un viaje con su esposo a Qatar, cuando Doha se preparaba para recibir el Mundial de Fútbol. “La ciudad entera estaba bajo una presión impresionante, y ahí estábamos nosotros revisando la tienda de Adriana Hoyos, la primera monomarca del Medio Oriente. Ese día me di cuenta de que nosotros, aun sin goles de la selección, ya éramos campeones mundiales. En Ecuador tenemos un diseño espectacular, una artesanía de otro mundo y una gente increíble. Lo que podemos lograr está en nosotros mismos”.

Y cerró con una invitación. “Seamos orgullosos de todos esos empresarios visionarios que han comenzado en medio de terremotos, crisis políticas y todas las circunstancias difíciles que hemos vivido. Mis papás me enseñaron que nosotros sí somos capaces”.

Eduardo José Pérez Hoyos: “Estos no son treinta años, son los primeros treinta”

Comenzó con el humor de quien reconoce que suele mantenerse lejos de los reflectores.

“Los que no me conocen, yo soy Eduardo, el desaparecido de la familia, el que no sale en nada. Estos treinta años son profundamente especiales porque he tenido la suerte de vivir esta historia prácticamente desde el comienzo. La he visto cambiar, caerse, levantarse, reinventarse y convertirse en lo que es hoy”.

Pero lo que más le emociona no son las cifras. “Es mirar a mis padres y pensar en la valentía que tuvieron para empezar todo esto. Hoy estamos presentes en más de 16 países, somos más de cuatrocientas personas y nos hemos ganado un nombre por nuestro diseño, por nuestra calidad y, sobre todo, por la manera en que cuidamos a nuestros clientes y a nuestra mano de obra”.

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Eduardo José Pérez y Eduardo Pérez

Luego habló de aquello que considera una de las mayores fortalezas de la empresa. “La familia. Somos muy diferentes entre nosotros, cada uno encontró su propio rol, pero precisamente por eso nos complementamos. Además, hay un equipo extraordinario detrás de todo esto. Ellos son la base que nos permite hacer goles en las grandes ligas”.

Y levantó su copa. “Quiero brindar por mis padres, por su valentía, por su visión y por todo nuestro equipo. Por todos quienes han sido parte de estos primeros treinta años. Y digo primeros treinta porque siento sinceramente que apenas estamos comenzando”.

La noche terminó con una reflexión para quienes los acompañamos en esta celebración y hemos vivido estos 30 años con inmensa admiración. Vimos que lo de hoy no son únicamente los sueños de una joven diseñadora que mira la vida a través de las formas, tampoco los de un empresario que decidió llevar una pequeña empresa ecuatoriana a competir en el mercado estadounidense, son también los sueños de una segunda generación que habla de creatividad con la misma naturalidad con la que habla de estrategia, de relaciones internacionales y de nuevos mercados.

El video corporativo dejó una frase flotando en mi mente. “Cada detalle es intencional”, y así debería ser la vida. Todo comenzó con una idea, y treinta años después, esa idea sigue encontrando nuevas formas de habitar el mundo.

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