
Los espacios que impresionan a primera vista, permanecen en la memoria porque se sienten bien. No dependen de un mueble, un color o un objeto excepcional, nacen de una comprensión más profunda.
Para Melanie Lowndes, el interiorismo comienza mucho antes de dibujar un plano, comienza escuchando. Después de recorrer durante años las principales ferias internacionales de diseño, y de dirigir tres empresas que integran diseño, fabricación e importación de mobiliario, ha llegado a la convicción de que el verdadero lujo no consiste en seguir tendencias, sino en crear espacios con identidad, capaces de mejorar la forma en que vivimos.

Melanie Lowndes
¿Cómo decides traer al mercado ecuatoriano y qué no funcionar con nuestra forma de vivir?
Más que traer tendencias, nuestro trabajo es ejercer un criterio de selección. Las ferias internacionales son una fuente de inspiración extraordinaria, pero no todo lo que funciona en Milán, Copenhague o París tiene sentido en Ecuador. Antes de incorporar una tendencia nos preguntamos si dialoga con nuestra cultura, nuestra forma de habitar los espacios y las necesidades reales de nuestros clientes.
Evaluamos la calidad y durabilidad de los materiales, la funcionalidad, la facilidad de mantenimiento y, sobre todo, si ese diseño seguirá siendo relevante dentro de diez años. Nos interesa crear espacios con identidad, no seguir una moda.

Muchas veces regresamos fascinados por piezas que son verdaderas obras de arte, pero entendemos que una colección no se construye desde el impulso, sino desde una visión. Preferimos adaptar la esencia de las tendencias internacionales a nuestro contexto, reinterpretándolas con materiales, proporciones y soluciones que respondan al estilo de vida ecuatoriano. El verdadero lujo no es tener lo último, es elegir aquello que trasciende el tiempo y mejora la forma en que vivimos.
¿Alguna tendencia que decidiste deliberadamente no traer a Ecuador por considerar que poco compatible con nuestro mercado?
Sí. Recuerdo que hace algunos años hubo una fuerte tendencia hacia los interiores completamente grises: pisos, paredes, mobiliario y textiles en la misma gama. Visualmente era muy impactante y muy fotogénica, pero sentíamos que no conectaba con la manera en que vivimos en Ecuador. Nuestro entorno tiene mucha luz natural, una enorme riqueza de materiales y una relación muy cercana con la naturaleza. Por eso preferimos espacios más cálidos, con maderas, piedras naturales y una paleta de tonos neutros que aporte elegancia sin perder calidez.

También somos cuidadosos con las tendencias demasiado llamativas o excesivamente experimentales. Nos encanta admirarlas en las ferias porque impulsan la innovación, pero no todas están pensadas para permanecer en el tiempo. Nuestro compromiso es ofrecer propuestas que sigan siendo actuales y disfrutables muchos años después de haber sido instaladas.

En el proeso de selección, ¿qué observas primero?
Observo cómo se relacionan todos esos elementos entre sí. Una feria no se entiende únicamente desde el objeto terminado, sino desde todo lo que hay detrás: el material, la tecnología, el proceso de fabricación, la forma y, finalmente, la reacción del consumidor. Sin embargo, nuestro trabajo no termina en la feria. Aprovechamos esos viajes para visitar las fábricas de nuestros proveedores, porque es ahí donde realmente conocemos la calidad de los procesos, el nivel de innovación, los controles de producción y el compromiso con la sostenibilidad. Entender cómo se fabrica un producto es tan importante como apreciar su diseño.
Después analizamos cómo todas esas innovaciones pueden adaptarse a nuestro mercado y cómo responden las personas frente a ellas. El comportamiento del consumidor es muy revelador, porque permite distinguir entre una propuesta visualmente impactante y una solución que realmente aporta valor.

¿Ecuador está desarrollando identidad propia o seguimos mirando hacia Europa y Estados Unidos para validar nuestras decisiones de interiorismo?
Estamos en un momento muy interesante. Durante muchos años miramos a Europa y a Estados Unidos como referentes, y eso era natural porque ahí nacían muchas de las grandes tendencias del diseño. Hoy seguimos aprendiendo de esos mercados, pero ya no sentimos la necesidad de replicarlos.
En Ecuador está surgiendo una identidad mucho más auténtica. Cada vez valoramos más nuestros materiales, la calidad de nuestra industria, el talento de nuestros diseñadores y una manera de habitar los espacios que responde a nuestro clima, nuestra cultura y nuestro estilo de vida. El diseño no debería buscar validación, sino inspiración. Viajar nos permite ampliar la mirada, conocer nuevas tecnologías, materiales y procesos, pero el verdadero desafío es reinterpretar esas ideas para crear proyectos con identidad propia.
Cuando un espacio refleja el lugar donde fue concebido y, al mismo tiempo, alcanza estándares internacionales de calidad y diseño, deja de ser una copia y se convierte en una propuesta con personalidad. Ese es el camino que, como industria, deberíamos seguir.

Las tendencias cambian cada seis meses, ¿cómo diseñas espacios que sigan vigentes dentro de diez años?
Diseñar espacios que permanezcan vigentes exige no confundir tendencia con identidad. Las tendencias pueden aportar nuevas ideas, materiales o formas de entender el espacio, pero no deberían convertirse en el punto de partida de todo el proyecto. Un espacio bien diseñado no es aquel que parece nuevo durante seis meses, sino aquel que sigue sintiéndose auténtico, equilibrado y relevante después de diez o quince años. La verdadera vigencia nace de la calidad, la funcionalidad y de una identidad que no depende de la moda.

¿En qué momento comienza un proyecto de interiorismo?
Mucho antes de dibujar planos o elegir materiales. Empieza en la primera conversación, cuando escuchamos a la persona, entendemos su forma de vivir, sus rutinas, sus necesidades y aquello que quiere sentir en su espacio. El verdadero inicio no está en el diseño en sí, sino en la comprensión profunda de quien lo va a habitar. Cuando esa base es clara, todo lo demás fluye con coherencia y sentido.
Hay una pregunta que siempre hacemos: ¿cómo quieres vivir o trabajar en este espacio? Esa respuesta revela mucho más que una preferencia estética. Nos permite entender las rutinas, prioridades, necesidades y aquello que hoy no funciona en su entorno. Cuando se trata de vivienda, buscamos conocer cómo vive la familia, cómo recibe visitas, cómo descansa, cuáles son sus hábitos y qué emociones quiere experimentar en cada ambiente.

Cuando diseñamos oficinas, las preguntas son diferentes. Queremos entender la cultura de la empresa, cómo trabajan los equipos, qué tipo de comunicación existe entre las personas, hacia dónde quiere crecer la organización y, sobre todo, qué mensaje desea transmitir a sus colaboradores, clientes y proveedores. Las oficinas son una extensión de la identidad de una empresa y deben reflejar su propósito, sus valores y su visión.
Independientemente de si se trata de vivienda, oficina, clínica, restaurante o un espacio comercial, siempre buscamos crear ambientes que sean funcionales, estéticamente equilibrados y capaces de mejorar la experiencia de quienes los utilizan.
En cada tipología lo que cambia completamente es el propósito del espacio. Una vivienda debe transmitir bienestar, comodidad y personalidad; una oficina debe potenciar la productividad, la colaboración y reflejar la cultura de la empresa; una clínica tiene que generar confianza, tranquilidad y eficiencia; un restaurante debe crear una experiencia que invite a permanecer y regresar; mientras que un espacio comercial debe comunicar la identidad de la marca y conectar con el cliente desde el primer momento.

¿Qué errores cometen las personas cuando intentan copiar exactamente lo que ven en Instagram o Pinterest?
En redes sociales vemos espacios perfectos, pero muchas veces no reflejan la realidad del uso diario. Uno de los errores más comunes es copiar estilos de otros diseñadores sin entender el contexto. Se imitan colores o muebles sin considerar la luz, el tamaño del espacio o las necesidades reales, lo que da como resultado ambientes que se ven bien en foto, pero no funcionan en la vida cotidiana. Es un error priorizar solo la estética o mezclar demasiadas tendencias sin coherencia. Además, al copiar sin adaptar, los espacios pierden identidad y autenticidad.

Diriges tres empresas muy distintas entre sí: Amoblare, Multioficinas y Treze Furniture. ¿Cómo se genera la sinergia entre ellas?
Nace de una visión compartida: ofrecer soluciones completas que integren diseño, funcionalidad y fabricación, sin perder la esencia de cada marca.

Multioficinas se enfoca en entender las necesidades del cliente y desarrollar propuestas de espacios de trabajo eficientes y bien pensados. Amoblare aporta el diseño interior, cuidando la estética, la experiencia y la coherencia del proyecto. Además, Amoblare es quien fabrica el mobiliario a medida, asegurando que cada pieza responda exactamente a las necesidades del espacio. Treze es el estudio de diseño, se encarga de la importación de mobiliario, complementando la propuesta con productos seleccionados que elevan el resultado final.
Cada empresa mantiene su identidad y especialidad, pero trabajan de manera coordinada desde el inicio del proyecto. Esto permite que las decisiones de diseño, funcionalidad y producción estén alineadas, evitando improvisaciones y logrando resultados más sólidos. No compiten entre sí, se complementan.

¿Es decir que diseñas muebles sabiendo que puedes producirlo exactamente como fue concebido?
Tener fabricación propia cambia completamente el proceso creativo. Eso abre un abanico de posibilidades mucho más amplio: permite explorar formas, materiales y soluciones sin las limitaciones habituales del mercado, ajustar cada detalle a las necesidades reales del espacio y garantizar que la idea original no se diluya en el proceso. Esta capacidad transforma la manera de diseñar, porque ya no se trata de adaptar el proyecto a lo que existe, sino de crear piezas únicas que responden con precisión a cada requerimiento. Además, facilita una mayor coherencia entre concepto y resultado final, optimiza tiempos y permite un control más riguroso de la calidad.
De cara al próximo año, esta capacidad se verá aún más reforzada, ya que estamos en proceso de construcción de una nueva planta industrial con mayor tecnología, lo que nos permitirá seguir creciendo, mejorar nuestros procesos y ampliar nuestras posibilidades de producción.

¿Cambiará esto con la inteligencia artificial?
La inteligencia artificial ya está transformando el proceso de diseño, pero no sustituye el criterio, la sensibilidad ni la capacidad de interpretar a las personas que tiene un interiorista. En los próximos cinco años, veremos cómo estas herramientas se integran cada vez más en las fases iniciales del proyecto, permitiendo generar propuestas, visualizar ideas y explorar múltiples opciones en cuestión de segundos. La inteligencia artificial no reemplazará al interiorista, elevará su papel. Permitirá trabajar con mayor agilidad y amplitud de opciones, pero el verdadero valor seguirá estando en la visión, el criterio y la capacidad de crear espacios que conecten con las personas.



