UNA MUJER QUE VIVE LA MODA

Por Lorena Ballesteros –

Mujer extrovertida, frontal, auténtica. Le gusta viajar e inspirarse en la moda de otros países, conocer estilos de vida. Carolina es independiente, relajada, libre, y tras 13 años de arduo trabajo, se ha convertido en referente de calzado en Ecuador. Su nombre es su marca, y la ha consolidado con fuerza. 

Estudió Diseño de Modas en San Francisco, California. Luego se trasladó a Italia para especializarse en marroquinería y calzado. Desde entonces supo que lo suyo era trabajar con cuero, un material que tiene alto potencial en el país.  

Previo a su emprendimiento colaboró con Manolo MYL, una marca de calzado clásico a la que ella llegó para “darle la vuelta” con una línea denominada Volta. Allí estuvo algunos años, hasta que comenzó a diseñar a medida. Paso a paso fue forjando su camino y pronto presentó sus primeras colecciones en Diseño y Co., una tienda que montó con otras diseñadoras ecuatorianas.  

Lo cierto es que más allá de la imagen de emprendedora exitosa que proyecta, hay otra mirada, una más tierna e íntima. Y que es imprescindible para contar su historia. Carolina es madre de tres hermosas pequeñas: Zoe, Lia y Ella Moreno. Tienen 9, 6 y 2 años respectivamente. Son una tribu liderada por una mujer guerrera que, sin molestarse o exasperarse, resuelve las necesidades de cada una de ellas.  

Para ella, el confinamiento y las circunstancias actuales han sido de profunda reflexión. Reconoce que ha aprendido a fluir. Le encanta pasar tiempo en su casa y disfrutarla. Además, es oriunda de Cumbayá. Vive allí desde niña y disfruta esa relación con la naturaleza.  

Háblame de tu casa. ¿Quién fue el arquitecto?  

Trabajamos con Felipe Londoño y Mario Mantilla. Fue una experiencia extraordinaria porque me encanta la luminosidad y ellos manejan ese concepto con mucho acierto. Aquí casi que no hay que prender luces, lograron aprovechar toda la luz natural posible.  

¿Es un reflejo de la familia?  

Sí. Construimos esta casa sin la certeza de vivir aquí. En un principio la alquilamos. Pero mi esposo y yo estuvimos muy involucrados en la arquitectura interior. En cada detalle. Por ejemplo, nos recomendaron a un artesano en Atuntaqui y viajamos a buscarlo. Él nos hizo el piso exterior a mano, baldosa por baldosa. También labró a mano algunas de las paredes. Ese apego con nuestra casa hizo que finalmente la conviertiéramos en nuestro hogar. Nos mudamos cuando nació Ella, hace dos años. Necesitábamos un lugar más grande y aquí había espacio para todos. Habla mucho de lo que somos como familia. 

¿Qué elementos priman en la arquitectura interior y decoración? 

Mi paleta de colores es neutra. La ventaja de estos tonos es que permiten destacar otros detalles, por ejemplo en la sala, el sofá azul rey y la alfombra animal print. Me encanta el yeso y por eso tenemos una cantidad de molduras hechas por artesanos que han trabajado en las iglesias del centro de Quito. Fuimos minuciosos con los detalles para tener piezas únicas, con identidad, como la mesa roja hecha a mano que hay en el exterior, que además hace un hermoso contraste con el verde de nuestro jardín. Los espacios luminosos, la conexión entre áreas sociales internas y externas son parte de nuestro estilo de vida 

¿Eres versátil en la decoración?  

Tengo mi estilo, pero me encanta jugar. Siempre estoy moviendo muebles, cambiando cosas. En la pérgola teníamos muebles de mi mamá, se los llevó a hace poco y he ido experimentado sobre qué poner o quitar. Mi esposo se vuelve loco con todos estos cambios. 

Durante la pandemia todos hemos disfrutado más de nuestras casas. ¿Cuál es tu espacio favorito? 

La sala en la pérgola exterior. Es mi lugar preferido para trabajar, y cuando necesito descansar, voy a sentarme en uno de los sofás a tomar un poco de sol o con una cobija en días de lluvia. Es el lugar ideal para que mis hijas desfoguen sus energías, y para mí ha sido, en esta época de pandemia, un espacio de inspiración. Ahí nació la colección nature, inspirada en la naturaleza. Lo hice pensando en el momento que estábamos viviendo, en esa necesidad de reconectarnos con nuestro entorno.  

¿El confinamiento revolucionó la rutina que tenías establecida? 

Creo que me ayudó, ahora estamos todas en casa y aquí está mi centro de operaciones. He aprendido que se puede ser muy productivo con teletrabajo y además estar más presente en el día a día de mis hijas. Eso es invaluable. Mi prioridad son ellas, pero debo reconocer que me realizo trabajando. Lo que he logrado lo he conseguido porque me apasiona. Soy una persona a mil, nunca estoy quieta. Todavía no puedo creer que tengo tres mujeres, que además están involucradas con mi marca, con lo que hago. ¡Imagínate la dicha de que mis hijas se pongan mis zapatos!  

¿Cómo ha cambiado el mercado en esta época? 

Siempre hay nuevas tendencias. En muchos países se debe a las estaciones o al clima, pero también influye el estado de ánimo. Bajaron las ventas de zapatos con tacones, ahora todo el mundo está en flats, calzado deportivo o magnolias. Hemos tenido éxito con la colección de pantuflas de madre e hija para usarlas dentro de casa. Tienen suela antideslizante, son abrigadas y cómodas. En la época de confinamiento hubo mucha tristeza y angustia en el mundo, había que ponerle amarillo para dar alegría.  

En términos de ventas y exhibición, ¿qué reemplaza a las ferias que han sido suspendidas? 

Las ferias son una vitrina buenísima para emprendimientos, para darte a conocer cuando estás empezando. En mi caso, en los últimos años, aprovechaba estos espacios para hacer descuentos o promover colecciones que se habían quedado en el inventario. Las ventas ahora las manejo en redes sociales y venta directa por WhatsApp, porque cuando el mercado ya conoce tu marca, puedes vender de esta manera. Todos nos hemos reinventado con la pandemia, es evidente que no se necesitan cinco locales para llegar a tu mercado objetivo. 

¿Eres seguidora de tendencias? 

La moda es una expresión. No sigo la moda, la vivo. No voy detrás de todo lo que imponen el mercado o las tendencias, porque no a todas las personas les queda bien lo que está de moda. Lo fundamental es sentirse cómoda, disfrutar, sentir la identidad de cada uno a través de la moda. Personalmente mi estilo es clásico, amo los básicos, el saco negro, la blusa o camiseta blanca, me encantan los neutros, soy mujer de chaquetas y me encanta que el calzado resalte mi estilo. Juego muchísimo con los accesorios, ahí me arriesgo, pero a la par soy súper romántica, eso puedes ver en mis colecciones de niñas. Todo tiene lazos, cintas…  

¿Tus colecciones se hacen a mano? 

Mi relación con lo artesanal es súper estrecha. Mis colecciones se hacen 100% a mano. Me encargo del diseño, de escoger los materiales, definir colores y todos los detalles como cintas o lazos. Antes de la pandemia estaba por crear una colección con bambú, con tejidos artesanales. Siempre tengo esa necesidad de reconectarme con lo nuestro, de potenciar nuestras raíces, de utilizar materiales sustentables. En todo lo que hago está muy marcado mi estilo, lo que me gusta, lo que soy, todo está conectado.  

Iniciaste tu negocio hace más de una década. ¿Qué ha cambiado en todos esos años? 

Cuando comencé no había muchas diseñadoras de zapatos en Quito, de hecho, no había muchas diseñadoras de moda. Nos juntamos entre colegas y realizamos colaboraciones, unimos esfuerzos y logramos resaltar el potencial que tenía la moda en Ecuador. Quizá lo que cambió es que cada una encontró su espacio para volar por su cuenta, pero hemos regresado a eso. Estoy trabajando en un proyecto para nuevamente compartir vitrina con otras diseñadoras.  

¿En qué momento diste el salto para diseñar calzado infantil? 

Eso llegó con la maternidad. Cuando Zoe, mi hija mayor, necesitaba zapatos para sus vestidos de fiesta, se me hacía muy difícil encontrar algo que le gustara, que le quedara… Nació a partir de esa necesidad. Ahora la línea madre e hija es la más exitosa.  

¿Cómo te organizas? 

Soy de las personas que lleva listas de todos los pendientes. Necesito anotar absolutamente todo. Desde la noche anterior planifico cada día porque mi trabajo tiene muchos frentes y no puedo descuidar ningunopero también he aprendido a aceptar las cosas, a comprender que si algo no se alcanza a hacer en un día se puede aplazar para el siguiente.