
EL SECRETO DETRÁS DE UN DISEÑO QUE PERMANECE
Por Caridad Vela
El diseño para espacios como el baño o cocina estuvo dominado por la lógica de lo práctico, lo neutro y lo correcto. Hoy ese lenguaje ha cambiado. Ya no se trata únicamente de crear productos que cumplan una función o resuelvan necesidades, se trata de provocar sensaciones, construir experiencias y crear vínculos.
Desde su rol como manager del estudio Artist Editions y CMF (color, material y acabados) de Kohler, Dana Morales enfoca su trabajo en ese punto de inflexión que equilibra función y sensación. Su trabajo consiste en entender cómo las personas viven, sienten y se relacionan con los espacios más íntimos de su vida cotidiana para diseñar productos en base a eso.

Dana Morales, Manager Industrial Design Artist Editions Kohler
“El verdadero diseño no se limita a lo que se ve sino a lo que permanece, y para que permanezca hay que instalarlo en la memoria”, afirma al iniciar la entrevista.

¿Cómo defines tu trabajo en Kohler?
Mi trabajo está en ese punto donde se cruzan la estética y la funcionalidad, donde entendemos que no es una cosa o la otra, sino las dos en equilibrio. Diseñamos productos que funcionan perfectamente, pero también son hermosos, relevantes y contemporáneos. Trabajamos con equipos multidisciplinarios que incluyen ingenieros que resuelven la parte técnica, diseñadores que trabajan la forma y especialistas en marketing que nos ayudan a entender qué está buscando el consumidor. Todo tiene que estar alineado.

¿De cuál de esas aristas nace la inspiración para cada nuevo diseño?
La inspiración puede venir de cualquier lugar. A veces parte de un producto existente que necesita evolucionar. Otras veces viene de tendencias que hemos estado observando durante años. En Kohler monitoreamos constantemente los cambios sociales, culturales y tecnológicos, porque el consumidor cambia, y sus necesidades cambian con él. La tecnología, por ejemplo, abre nuevas posibilidades todo el tiempo, y eso influye directamente en lo que diseñamos. Hay productos que son versiones mejoradas, pero también hay otros completamente nuevos, que no tienen precedente, y esos son los más interesantes.

¿Qué rol juegan los sentidos en el diseño actual?
La vista es el primer impacto, pero mientras más sentidos involucras, más fuerte es la memoria. El olfato, por ejemplo, es poderosísimo. Puede llevarte directamente a un recuerdo de infancia. Por eso trabajamos con aromaterapia, con capas de fragancias, con experiencias sensoriales completas. Hoy las marcas entienden que lo importante no es solo mostrar, sino conectar.

Otro lenguaje común es la sostenibilidad. ¿Cómo la aplican ustedes?
Es un tema complejo. Se ha hablado tanto de sostenibilidad que el consumidor espera que la empresa que fabrica el producto se encargue de eso, y da por hecho que hubo esa responsabilidad detrás del proceso. En el mundo comercial la sostenibilidad es obligatoria; en el residencial todavía hay mucho por hacer. La sostenibilidad tiene muchos matices, pero hay un concepto que para mí es fundamental, y es la sostenibilidad emocional.

¿Elaboremos?
Si lo analizas conscientemente te das cuenta que el producto más sostenible es el que no quieres reemplazar, el que cuidas, valoras, el que permanece contigo. Si logras crear esa conexión entre diseño y sensación estás creando algo que puede durar generaciones. En Artist Editions de Kohler buscamos inspiración en culturas de todo el mundo y la llevamos a productos contemporáneos, trabajamos con materiales como piedra, vidrio, bronce, y buscamos que cada pieza cuente algo, que no sea solo un objeto, sino una experiencia. Si bien todo empieza por la función, porque un lavamanos tiene que cumplir perfectamente su propósito, también debe ser un objeto que te reciba cada mañana con color, textura y sensación.

¿Esa es la verdadera transformación en el diseño?
Totalmente. Antes el diseño era funcional y limitado en opciones, hoy se trata de crear experiencias. El baño es el mejor ejemplo, pues dejó de ser un espacio utilitario para convertirse en un lugar de bienestar, de pausa, casi en un refugio personal. La pandemia aceleró ese cambio porque la casa se volvió oficina, colegio, espacio de descanso, todo al mismo tiempo, y el baño pasó a ser uno de los pocos lugares de intimidad real.

¿Qué papel juega el posicionamiento de marca en este nuevo escenario?
Un papel muy importante. Cuando el consumidor no entiende la parte técnica, se apoya y confía en la marca. Pero además, una marca como Kohler le simplifica la vida, le ofrece coherencia, colecciones completas, soluciones integradas, y en un mundo saturado de opciones, esto es determinante. Artist Editions es una categoría de productos decorativos de Kohler, enfocada principalmente en lavamanos. Cuando digo “decorativos”, me refiero a que van mucho más allá de la función. Por ejemplo, diseños inspirados en bordados de kimonos japoneses. Esa referencia cultural se traduce en patrones que convierten el objeto en una pieza narrativa. Cada producto cuenta una historia, y esa historia es la que genera la conexión.

Kohler estuvo presente en Milán. ¿Qué representa ese escenario para el diseño?
Milán es el reflejo de todo esto. Pasó de ser una feria de muebles a convertirse en la Milan Design Week, una experiencia que involucra a toda la ciudad. Más de mil eventos, medio millón de visitantes, pero lo más interesante es cómo ha cambiado la lógica detrás de este inmenso movimiento humano. Ya no vas a ver productos, vas a vivir experiencias. En una de nuestras exhibiciones presentamos un solo producto, una bañera, pero alrededor de ella creamos un jardín, un recorrido, un espacio de pausa con flores, aromas, luz filtrada. Creamos un lugar donde la gente quería quedarse, porque al final del día no es el producto en sí, sino lo que te hizo sentir, eso es lo que recuerdas.



