Por Caridad Vela

Hablar de sostenibilidad con Jorge Rosero, presidente de Rosero Construye, no es un ejercicio teórico. Él se ha convertido en una de las voces más consistentes y apasionadas en torno a la sostenibilidad, no solo como un atributo técnico de la construcción, sino como una forma de asumir la vida y entender el impacto que generamos como sociedad.

A pesar de que la sostenibilidad no es un discurso ajeno a la rentabilidad, sí es una respuesta lógica a un consumidor cada vez más informado y exigente. Las propuestas que no superen las buenas intenciones para traducirse en decisiones concretas e inversiones reales, dejarán de cumplir las expectativas de quienes buscan vivir con coherencia y, poco a poco estarán fuera del mercado.

He entrevistado a Jorge en múltiples ocasiones y he visto la evolución en sus conceptos constructivos. “Construir bien hoy implica hacerse cargo del mañana”, me dice. Esta conversación es una invitación a mirar la sostenibilidad sin miedo, a dejar los mitos de lado y lograr que el mensaje deje de ser marketing para convertirse en acción.

Construcción Sustentable - Jorge Rosero - Revista CLAVE Bienes Raíces Ecuador

Jorge Rosero

¿Cuándo nace su compromiso con la sostenibilidad?
Hace unos ocho o nueve años, cuando visitamos el Chocó ecuatoriano. Ahí entendimos, de forma muy cruda, el nivel de depredación que sufre nuestro país. Entre 2016 y 2020 se deforestaron cerca de 90.000 hectáreas, y hoy seguimos perdiendo alrededor de 16.000 hectáreas al año. Eso debería avergonzarnos como sociedad. En ese momento decidimos comprar alrededor de 50 hectáreas y entregarlas para su conservación. Fue una experiencia profundamente gratificante y, al mismo tiempo, reveladora, porque ahí entendimos qué es el cambio climático, qué es la huella de carbono y qué significa realmente cuidar la biodiversidad.

El sector de la construcción es uno de los más señalados por su impacto ambiental. ¿Cómo asume esa responsabilidad?
La construcción es responsable de cerca del 37% de las emisiones de gases de efecto invernadero y consume alrededor del 40% de la energía global. Frente a eso hay dos caminos, podemos seguir en la inconsciencia o actuar. El primer beneficio de construir proyectos sostenibles es precisamente despertar conciencia. Hoy el ser humano consume 1,6 veces más de lo que el planeta puede regenerar. A este ritmo, para 2050 necesitaríamos 2,5 planetas. Eso es imposible. La consecuencia es un mundo cada vez más polarizado y más frágil.

¿De ahí la importancia de que las empresas de la construcción cuenten con certificaciones como Edge o Leed en sus proyectos?
Cumplir con esos estándares debería ser lo mínimo. En nuestra empresa ya no concebimos construir sin esos parámetros, pero la sostenibilidad real va mucho más allá de una certificación. Medir la huella de carbono debería ser obligatorio para todas las empresas, así como aplicar serias estrategias para su mitigación y compensación. Un edificio contamina aproximadamente una tonelada de CO2 por cada metro cuadrado construido. En uno de nuestros proyectos logramos mitigar parte de esa huella y compensar el resto mediante la compra de bonos de carbono certificados, apoyando además la generación de energía a partir de residuos. No se trata solo de cumplir, sino de entender el impacto real de cada decisión.

Construcción Sustentable - Jorge Rosero - Revista CLAVE Bienes Raíces Ecuador

En la práctica, ¿cómo se compensa la huella de carbono?
En Ecuador no existían mecanismos claros, nos tocaba comprar bonos a nivel internacional, muchas veces en mercados poco transparentes. Hoy ya hay iniciativas locales certificadas ante Naciones Unidas, como plantas que capturan metano en rellenos sanitarios y lo transforman en energía. Comprar bonos ahí no solo compensa emisiones, también fortalece la matriz energética del país. Esa es la lógica correcta.

¿Cómo se traduce la sostenibilidad en beneficios concretos para quienes viven en sus edificios?
El principal beneficio es la salud. Todo empieza en el diseño arquitectónico con buena iluminación natural, ventilación cruzada, confort térmico. A eso se suman sistemas de control de agua y energía, monitoreo en tiempo real y campañas de consumo responsable. Informamos, a través de pantallas en los ascensores, cuánta agua se consume en el edificio para generar conciencia. También trabajamos en reducción de residuos, separación en origen y reciclaje. Son pequeñas y grandes acciones que generan ahorro económico, bienestar y tranquilidad.

Existe la percepción de que lo sostenible es más caro. ¿Qué tan cierto es?
No es que el metro cuadrado sostenible sea más caro, es que vivir mejor cuesta menos a largo plazo. Sí, puede haber una inversión inicial mayor, pero no es un sobrecosto, es una decisión inteligente, porque a lo largo del tiempo, el ahorro en agua, energía y mantenimiento compensa con creces la inversión inicial.

Construcción Sustentable - Jorge Rosero - Revista CLAVE Bienes Raíces Ecuador

¿Cómo enfrentan el problema del greenwashing?
Greenwashing es aprovechar la enfermedad para hacer dinero. La crítica situación que vive el planeta no se combate con discursos, se combate con hechos, por ejemplo reforestación, edificios carbono neutro, laboratorios de reciclaje y otras acciones medibles. Todo el sector debe avanzar hacia ese propósito, porque la sostenibilidad no sirve si es un acto individual.

¿Qué rol debería jugar el Estado en este proceso?
Debería incentivar. Propusimos al Municipio de Quito descuentos en el impuesto predial para edificaciones que midan, mitiguen y compensen su huella de carbono, no para beneficiar al constructor, sino al comprador. Incluso pequeños incentivos generan grandes cambios de comportamiento. Lamentablemente, todavía falta conciencia institucional, pero hay que insistir.

¿Qué papel juega la educación en todo este proceso?
La sostenibilidad empieza cuando dejamos la inconsciencia. La educación es fundamental. Si la gente no entiende qué es la huella de carbono, la huella hídrica o la huella plástica, difícilmente cambiará sus hábitos. En nuestros proyectos trabajamos mucho en educación en varios ángulos que van desde campañas internas hasta laboratorios de reciclaje por donde han pasado miles de niños, quienes han aprendido que la basura no existe, que son residuos, y que esos residuos son recursos. Educar a los niños es sembrar un estilo de vida natural, los adultos debemos reaprender y mejorar nuestros hábitos de vida.

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Jorge Rosero

¿El siguiente paso?
Todo está por hacerse. No se trata de hacerlo perfecto, sino de empezar con pequeñas y grandes acciones, pero con conciencia y coherencia. Nosotros estamos apostando por sistemas centralizados de climatización más eficientes, utilizamos disipadores sísmicos que aumentan la seguridad estructural y estamos intentando crear distritos térmicos en cuadras y manzanas. Nuestro siguiente paso es convertirnos en una empresa carbono negativo, no solo neutro. Son inversiones altas al inicio, pero representan ahorro energético, seguridad y visión de ciudad.