Por Lorena Ballesteros
A sus 31 años, Nicole Cartwright ha construido una mirada profesional que combina técnica, sensibilidad y una comprensión profunda del comportamiento humano. Su formación empezó temprano, a los 12 o 13 años decidió que quería dedicarse a la arquitectura, influenciada quizás por el entorno creativo que generó su madre, una diseñadora de interiores autodidacta.

Nicole reconoce que su inclinación por la psicología también fue clave en su construcción profesional. De hecho, sus tests vocacionales ordenaron esas dos pasiones: primero psicología, luego arquitectura. Desde entonces, ha buscado una manera de fusionarlas.
Su camino académico la llevó inicialmente a Milán, donde estudió Diseño de Interiores en el IED mientras esperaba una plaza en el Politécnico. Aunque finalmente no ingresó, esa experiencia marcó su disciplina y su visión del diseño. A los 19 años regresó a Ecuador, donde encontró una oportunidad que Italia no le daba: estudiar y trabajar al mismo tiempo. Se formó en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil y, paralelamente, aprendió la profesión desde la práctica, dibujando planos a mano, trabajando en AutoCAD y acompañando proyectos los fines de semana, bajo la guía cercana del arquitecto Humberto “Coro” Plaza, un referente de la arquitectura guayaquileña, ex Gobernador del Guayas y amigo de su familia.

Hoy, su ejercicio profesional se sostiene en una premisa clara: la arquitectura no debe imponer un sello rígido, sino surgir de una lectura profunda del cliente. Estudia a cada persona no solo para capturar su esencia en el espacio, sino para entender cómo se mueve, cómo siente y cómo habita. Su proceso creativo es, como ella lo describe, un viaje interior que mezcla estética, introspección y psicología. El resultado es una arquitectura contemporánea que no busca protagonismo, sino coherencia con la identidad y el bienestar de quienes la viven.

Actualmente, Nicole ofrece servicios tanto de arquitectura como de diseño interior. Para quienes buscan diseñar sus espacios, organiza una reunión inicial de mood board en la que presenta distintas ideas y conceptos. Más que una aprobación formal, lo que le interesa es observar la reacción emocional de cada cliente ante las propuestas. Ese primer gesto revela afinidades, intuiciones y el estilo que realmente buscan.
¿Cómo describes tu esencia o tu estilo de trabajo al momento de crear diseño de interior y arquitectónico?
Mi esencia está muy ligada a lo que yo llamo una psicología del diseño. Aunque trabajo con elementos fundamentales como iluminación, descubrimiento del espacio, manejo de sombras, efectos de luz y perspectivas, siempre pongo en el centro la experiencia del usuario. Mi proceso inicia estudiando a la persona para entender cómo siente y cómo se desenvuelve en el espacio, y a partir de eso crear algo que realmente se adapte a ella.

¿Cómo dialogas entre corrientes clásicas, modernas, contemporáneas?
Puedo encontrar belleza en distintos estilos siempre que estén aplicados de forma coherente. No me gusta cuando un proyecto mezcla de todo y no comunica nada. Mi forma de trabajar implica descubrir cuál es el estilo adecuado para ese cliente y ese espacio, trazar una ruta clara y mantenerme fiel a la propuesta planteada.
¿Integras elementos de distintas tendencias en tus diseños?
Todo depende del cliente. A mí me emociona crear propuestas que puedan ser un statement del minimalismo o una mezcla de estilos, pero siempre con un mensaje claro. Si una familia tiene un pasado europeo y muebles heredados que no quiere perder, entonces esos elementos se convierten en el núcleo del diseño. En cambio, si otro cliente busca cero ruido visual y prioriza lo limpio y el paisaje exterior, esa será la guía. Integro los estilos en función del lenguaje que habla cada cliente.

Cuando inicias un proyecto residencial desde cero, ¿cuál es tu elemento conductor?
Para mí es como armar un rompecabezas. Reúno toda la información: las necesidades del cliente, las características del terreno, los retiros, el tipo de suelo, las pendientes, las normas de la ciudadela, y a partir de todo ese análisis construyo el concepto que guiará el proyecto.
¿Qué materiales son esenciales en tus proyectos?
Me inclino por crear espacios atemporales, y para eso recurro a materiales que favorecen esa cualidad. La madera, la piedra natural y la integración de la vegetación son esenciales. Son elementos que no pasan de moda y que permiten que los espacios mantengan calidez, carácter y permanencia. Me caracteriza el aprovechamiento de la luz natural y la búsqueda de contrastes bien pensados. Me gusta trabajar con detalles y perfilerías metálicas, con tonos grafito, y marcar la volumetría porque eso le da al espectador un orden visual claro. La volumetría permite que la arquitectura se lea de manera sencilla, limpia y coherente.

¿Cuál es el rol de la iluminación?
La iluminación natural es mágica. Cambia a lo largo del día y eso se puede aprovechar muchísimo. Por ejemplo, si una casa tiene quiebrasoles, la luz va generando diferentes ángulos y sombras conforme pasan las horas. Bien manejada, la luz natural hace que la casa cobre vida. La iluminación artificial, en cambio, es necesaria para la noche, y me gusta que provenga de distintas fuentes y sea complementaria, por ejemplo, acentuar una pared con textura, sumar lámparas de piso, de mesa o de mesón, o destacar un detalle en el tumbado.

¿Cómo contribuye la arquitectura para determinar los espacios públicos y privados de una residencia?
Todo parte de entender la dinámica de cada familia. Algunas prefieren vivir integradas y unidas; otras, cuando reciben visitas o tienen eventos sociales, buscan mantener cierta distancia entre lo familiar y lo social. La forma en que cada familia maneja sus relaciones influye directamente en cómo se define lo público y lo privado dentro de la casa. Por ejemplo, hay familias que quieren que todo gire alrededor de la cocina y disfrutan que las personas se involucren en la preparación de alimentos. Ese tipo de dinámicas marca por completo la distribución.
¿Qué diferencia a los proyectos de diseño interior de los de arquitectura?
La principal diferencia es el nivel de profundidad. En el diseño interior llegas al detalle mínimo, al matiz más específico. Los proyectos que más disfruto son aquellos en los que puedo participar desde la arquitectura hasta el diseño interior, porque me permiten construir una experiencia completa y coherente.

Las nuevas generaciones van marcando nuevas tendencias en arquitectura y diseño. ¿Cómo ves esa proyección en los próximos años?
La tendencia va hacia la practicidad. Las personas buscan soluciones más simples, con menos complicaciones y menos mantenimiento. Se han derribado tabúes, como la idea de que la cocina es solo territorio femenino. También hay una mayor conciencia del valor de la unión familiar, por eso las casas son cada vez menos sectorizadas y más integradas.
¿Qué arquitectos te han influenciado?
Admiro profundamente a Zaha Hadid porque se atrevió a mirar fuera de lo convencional y a replantear la forma de entender el espacio. Su obra, como el museo MAXXI de Roma, demuestra cómo una arquitectura puede girar en torno a la experiencia del usuario desde el primer paso. También me inspira Mies van der Rohe por su minimalismo, su manejo de la geometría y la manera en que trabaja las aperturas y la luz. Ellos son mis dos grandes referentes.

¿Consejos para quien está pensando en construirse una casa?
Que no permitan que nadie les imponga un estilo que no los representa como usuarios. Si el diseño no refleja quiénes son, en dos o cinco años pueden sentirse poco identificados con su propia casa y terminar necesitando una remodelación. Lo más importante es que el espacio responda a su esencia y a su manera real de vivir.
