Por Caridad Vela

Mientras voy camino a Semaica se activa mi memoria, los recuerdos toman vida. Conversar hoy con Fernando tiene algo de reencuentro y de continuidad. A su abuelo, Don Gonzalo Sevilla, tuve el privilegio de entrevistar hace muchos años, cuando Semaica ya era una referencia indiscutible en la construcción ecuatoriana.

Este año marca un hito importante, llega el aniversario 70 de su fundación y Semaica sigue construyendo país. Lo hace desde una conciencia distinta, acorde a los tiempos que vivimos, que Fernando la resume en una frase. “La sostenibilidad es una forma de vida que debe generar equilibrio entre el ser humano, la economía y el medio ambiente. Cuando esos tres elementos se alinean, el modelo funciona”.

Fernando representa la tercera generación al frente de esta firma que ha sido testigo y protagonista de la transformación urbana de Ecuador. Su liderazgo honra el pasado pero entiende que la trayectoria no basta si no se acompaña de responsabilidad con el futuro. Bajo su gestión, Semaica ha incorporado una mirada profunda a la sostenibilidad, al bienestar y eficiencia, como un proceso de evolución natural de una empresa que piensa en el largo plazo.

Semaica es una empresa de larga trayectoria. ¿Cuándo empezaron a tomar en serio la sostenibilidad?

Ha sido un camino largo. Diría que empezamos alrededor del año 2018, cuando el mercado, las tendencias internacionales y, sobre todo, la problemática ambiental global comenzaron a evidenciar un giro importante, pero todo tuvo una experiencia personal como detonante.

SEMAICA - Fernando Correa - Revista CLAVE Bienes Raíces Ecuador

Colegio Americano de Quito

¿Cuál fue?

Fue una mezcla de herencia familiar y experiencias personales. Mi abuelo y mi madre siempre valoraron el orden, la limpieza y el contacto con la naturaleza, pero el verdadero click ocurrió cuando, hace años, decidí observar una de nuestras obras durante todo el día. Sentado en mi carro vi salir camiones y más camiones de desperdicios y entendí la magnitud del impacto. Eso decantó en imponer la meta de residuo cero en nuestros proyectos. Desde entonces han pasado unos ocho años en los que hemos ido fortaleciendo y expandiendo esta visión de manera constante.

¿Cómo iniciaron la política de cero residuos?

Empezamos con dos proyectos piloto. En uno logramos desviar el 92% de los residuos, en otro alrededor del 78%. Para esto hay que hacer una fuerte campaña de educación entre todos los colaboradores en las obras, porque la separación de residuos se hace in situ, de lo contrario es imposible reciclar. Todo empieza con educación. El obrero es clave, es quien separa, quien ejecuta. La idea es que todas nuestras obras alcancen al menos un 70% de residuos que no lleguen al botadero. Hoy en día, el residuo deja de ser basura y se convierte en recurso.

¿Cuál fue el primer paso para la transformación?

Complementar nuestra propuesta con un departamento de diseño y desarrollo. No solo incorporamos tecnología BIM y diseño integrativo, sino que añadimos la sostenibilidad como un eje transversal en nuestros procesos. Hoy, todos los proyectos que diseña o ejecuta Semaica se conciben con una estrategia de sostenibilidad desde el inicio.

¿Qué implica esa estrategia?

Hay cuatro pilares claros. El primero es la eficiencia energética que empieza con el diseño arquitectónico. Analizamos el asoleamiento, la orientación del edificio, los mapas de calor, la ventilación cruzada, la iluminación natural y el confort térmico. La idea es trabajar primero con estrategias pasivas, es decir, aprovechar estas virtudes naturales, antes de recurrir a tecnología activa. Luego vienen las ingenierías, los sistemas de ventilación, aire acondicionado, calefacción eficiente, energías renovables cuando es posible y, por supuesto, la iluminación artificial eficiente. Si el edificio está bien diseñado desde el inicio, la necesidad de usar estos sistemas activos se reduce considerablemente.

SEMAICA - Fernando Correa - Revista CLAVE Bienes Raíces Ecuador

Edificio T6

¿El segundo pilar?

El uso eficiente de agua, no solo en consumo, sino también en cómo se la devuelve al entorno. No todos los edificios pueden tener plantas de tratamiento o separación completa de aguas lluvias, grises y negras; sin embargo, en todos los proyectos debe existir una reflexión consciente sobre el ciclo del agua. En este sentido, todos nuestros proyectos incorporan aparatos sanitarios eficientes como estándar de diseño. El paisajismo también cumple un rol clave, porque usar plantas autóctonas reduce significativamente la demanda hídrica y el mantenimiento a largo plazo.

¿El tercero?

La materialidad es fundamental. Analizamos si los materiales son locales, si tienen contenido reciclado, si las pinturas y lacas están libres de compuestos orgánicos volátiles que pueden ser dañinos incluso para la salud, si la madera es certificada, etc. Todo esto incide tanto en la huella ambiental como en la salud y calidad de vida de quienes habitan los espacios. No basta con que un edificio consuma menos recursos, debe ser saludable, tener buena ventilación, calidad de aire interior, ausencia de materiales tóxicos, control  de iluminación, ventilación y temperatura. Todo esto influye en la productividad, el confort y la felicidad de quienes usan el edificio, tanto a corto como a largo plazo.

¿El cuarto pilar?

La ubicación del proyecto también es parte de la ecuación por la interconectividad. Debe tener acceso a transporte público, dar la posibilidad de caminar o usar bicicleta para acceder a lugares de trabajo, educación, salud y otros servicios diarios. Un edificio bien ubicado reduce desplazamientos de los usuarios y, por lo tanto, reduce emisiones y contaminación.

¿Algún proyecto de Semaica que represente mejor esta visión integral?

El Colegio Americano. No se trataba solo de construir un edificio funcional, sino de crear un espacio donde niños y jóvenes pasarán gran parte de su vida. Eso nos obligó a pensar el proyecto desde una mirada integral, incorporando criterios de eficiencia energética, iluminación natural, ventilación, calidad del aire interior y confort térmico desde las primeras etapas de diseño.

El proyecto se desarrolla con el objetivo de certificarse este año como el primer colegio en Ecuador bajo LEED BD+C Schools, apuntando a alcanzar un nivel de certificación LEED Silver alineando desempeño ambiental, bienestar y viabilidad constructiva.

Adicionalmente, el equipo se encuentra analizando la viabilidad de alcanzar la versión LEED v5, lo que convertiría a este proyecto en el primer colegio en Latinoamérica en certificarse bajo esta nueva versión, reforzando su carácter pionero y su compromiso con una educación alineada a los desafíos ambientales actuales.

Estoy convencido de que un proyecto educativo bien hecho también educa, porque transmite, sin discursos, valores como el cuidado del entorno, el uso responsable de los recursos y el respeto por quienes lo habitan.

SEMAICA - Fernando Correa - Revista CLAVE Bienes Raíces Ecuador

Six Senses

¿El Hotel Six Senses en Galápagos es otro ejemplo?

Estando en un contexto completamente distinto, tiene el mismo nivel de exigencia. Construir en uno de los ecosistemas más frágiles y protegidos del planeta es uno de los mayores desafíos que hemos enfrentado.

El proyecto se desarrolla con el objetivo de alcanzar la certificación LEED Platinum bajo la tipología BD+C: Hospitality, lo que eleva aún más el estándar de desempeño requerido.

Cada decisión, desde la logística hasta la selección de materiales y la gestión de residuos, debía justificarse por su impacto. La sostenibilidad no era un valor agregado, era la condición básica para poder construir. Fue un ejercicio de respeto absoluto por el territorio, donde entendimos que construir bien también implica saber dónde no intervenir.

¿Algún proyecto propio que refleje esta decisión corporativa en Semaica?

Sí. El edificio T6, donde están nuestras oficinas corporativas, es nuestro mejor ejemplo. Fuimos promotores y desde el inicio decidimos que debía tener certificación LEED. El edificio se certificó en el año 2014 bajo LEED Core & Shell v2009, nivel Silver, consolidándose como un referente temprano de construcción sostenible dentro de la empresa.

La ubicación es estratégica, el edificio está integrado al transporte público y muchas personas pueden caminar desde su casa al trabajo. Fue un caso donde arquitectos, socios y todo el equipo estuvimos alineados desde el primer día.

¿La empresa tiene un estándar mínimo de sostenibilidad en los proyectos que construye para terceros?

Nuestro estándar mínimo de construcción son los parámetros de las certificaciones internacionales, como Edge o Leed. Edge está creada para países en vías de desarrollo, como Ecuador, y evalúa tres aspectos: eficiencia energética, eficiencia de agua y energía embebida en los materiales. Para obtenerlo se debe lograr al menos un 20 % de mejora en cada uno. Leed es una certificación más amplia, analiza ubicación, energía, agua, calidad del aire, materiales, innovación y otorga otros créditos adicionales. En materiales, por ejemplo, exige analizar el ciclo de vida, bajo contenido de VOC (compuestos orgánicos volátiles) en acabados interiores, se valoran materiales que sean reciclados o con contenido reciclado, que sean regionales y que se usen productos que tengan Declaraciones Ambientales de Producto (EPD por sus siglas en inglés), lo que la hace más compleja.

SEMAICA - Fernando Correa - Revista CLAVE Bienes Raíces Ecuador

Fernando Correa Sevilla, Gerente General SEMAICA

¿Qué falta a nivel país para acelerar este cambio?

Incentivos. Idealmente desde el sector público, porque hoy el impulso viene del sector privado como la banca, fondos de inversión y proveedores. En el Consejo Ecuatoriano de Edificación Sustentable (CEES) estamos trabajando en crear un ecosistema de incentivos privados que luego pueda permear al sector público, y también la certificación CASA que servirá para que los proyectos de vivienda social se construyan con parámetros sostenibles.

¿Es posible construir vivienda social sostenible si, tal como se piensa, es más caro?

No es más caro. Ese mito que nace cuando un proyecto se diseña de manera convencional y luego se intenta transformarlo en sostenible. Ahí sí hay sobrecostos porque hay que rehacer las cosas, pero cuando se diseña desde el inicio con criterios de sostenibilidad, no es más caro. Además, el beneficio está en la operación del proyecto, en el día a día de quienes lo habitan, porque habrá menos consumo de energía y agua, tendrá materiales más durables y usuarios más productivos.

SEMAICA - Fernando Correa - Revista CLAVE Bienes Raíces Ecuador