Por Caridad Vela
1Skin Quito nació mucho antes de que existiera un local, un diseño o una idea arquitectónica. La fidelidad y energía humana de los cientos de pacientes que viajábamos a Guayaquil para atendernos con un equipo médico en el que confiamos plenamente, fue la verdadera semilla de este centro de bienestar y medicina estética en la capital, que cuenta con la tecnología más avanzada del continente.
Estuve el día de la inauguración, y volví al día siguiente para escribir este reportaje. Conversé con los protagonistas de 1Skin, pero también con muchos pacientes que habían creado un pequeño universo propio en la sala de espera. Todos coincidieron en que estaban ahí no solo por mejorar su apariencia, sino por sentirse asesorados, vistos, escuchados y acompañados, mientras experimentan una propuesta sensorial y emocional única en Ecuador.

Fue una misión de agilidad periodística secuestrar a los doctores entre paciente y paciente. La agenda estaba repleta. Rafael Guerrero, Raúl Tapia y María Liñero, en medio de la vorágine entre tratamientos, consultas y decisiones clínicas, hicieron un espacio para atenderme. Alexis Guerrero, socia y encargada de 1Skin, y Cristina Coo, arquitecta responsable de la transformación de la nueva sede, me regalaron su tiempo con esa acostumbrada calidez que agradecí cada minuto.
Todos hablaron desde su esencia, sin poses. Compartieron una visión y un propósito comunes que me atrevo a resumir al haber vivido la experiencia. 1Skin es un ecosistema humano-tecnológico que cambia la manera en la que nos relacionamos con nuestra apariencia física y nuestro bienestar.

Cristina Coo, Alexis Guerrero, Rafael Guerrero, Raúl Tapia y María Liñero
El ritmo no paró nunca. Seguía entrando y saliendo gente linda que simplemente quería lucir y sentirse mejor. Jóvenes ansiosos por un glow inmediato, señoras que querían recuperar frescura y hombres un poco cohibidos por haber tomado la decisión de sentirse mejor. Conversar con ellos fue entretenido, impredecible y profundamente humano. Cada uno tenía su historia.
Pero vamos hacia atrás en el tiempo en lo que nos compete. En Quito, y en toda la Sierra, había el anhelo tácito de atenderse con Rafael Guerrero y Raúl Tapia sin tener que viajar o esperar meses para coincidir con las agendas. Rafael admite que “llegó un punto en el que ni siquiera podía anunciar que estaría en Quito, porque se llenaba la agenda con un solo mensaje”. Raúl recuerda que “cada vez que venía a la capital, pacientes de ciudades como Loja, Ambato y Cuenca ajustaban sus vidas para trasladarse”.

Era evidente que hacía falta un lugar permanente, diseñado específicamente para replicar la esencia del concepto que gira alrededor de resultados naturales, criterio médico impecable y una experiencia que acaricie todos los sentidos. Y es ahí cuando entra en escena Alexis Guerrero.
Alexis es el puente emocional del proyecto, la mente creativa que logró juntar lo médico, estético y humano en un solo concepto. “Quería mantener todo lo bueno que ofrece 1Skin Guayaquil, pero en una reinterpretación más íntima y sensorial, donde cada persona que entrara se sintiera inmediatamente más tranquila, acogida y en calma; que no solo viniera por un tratamiento, sino por un momento para sí misma. La atmósfera debía invitar a bajar revoluciones, a respirar, a sentir un alivio inmediato. Y eso exigía un espacio que no se pareciera a una clínica tradicional”.

Su amistad con la Arq. Cristina Coo, que es socia de su hermana María José en Studio Add, se convirtió en relación laboral. Cuando Cristina vio por primera vez que el lugar era un galpón oscuro, con columnas atravesadas y dos locales inconexos, entendió que el desafío era enorme, pero más grande era la oportunidad para transformar ese cascarón industrial en una casa contemporánea, cálida, con luz suave, tonos terracota, cielos rasos texturizados y materiales naturales que transmitieran serenidad desde la entrada. “No quería brillo, ni superficies frías, ni sensación de clínica. Quería un refugio. Quería diseñar un espacio donde cada paciente se sintiera protegido, nunca expuesto, siempre bienvenido”.
Y lo logró con su excelencia en arquitectura e interiorismo, encontrando el mobiliario adecuado en Treze Furniture, adornos en Studio Konanz, la grifería especial en Lo Bianco, elementos que completaron los ambientes con degustación de chocolate de República del Cacao como detalle de bienvenida.

Hoy, quienes entran a 1Skin Quito encuentran un universo distinto al de cualquier centro estético en el país, un espacio para vivir una experiencia sensorial completa, donde la arquitectura acompaña a la medicina.
Pero lo que realmente hace a 1Skin diferente no está solo en su calidez, sino en la integración entre criterio médico y tecnología de élite. Rafael lo explica con una frase que se volvió pilar del proyecto. “No es la flecha, es quien la dispara. La tecnología importa, y mucho, pero solo funciona cuando está guiada por un criterio que sabe qué hacer, cuándo hacerlo, por qué hacerlo y hasta dónde hacerlo”.

1Skin Quito tiene tecnología que no existe en otros centros del país, y en algunos casos ni siquiera en Latinoamérica. Equipos como Lumecca que borra manchas, rojeces y daño solar para revelar una piel limpia y pareja, a través de pulsos de luz de alta potencia que iluminan y unifican el tono desde la primera sesión; Alma Hybrid para suavizar arrugas, cerrar poros, mejorar la textura y renovar por completo la piel; Morpheus 8, la máquina que supera el estándar mundial en tensado de piel, redefinición de contornos y mejora flacidez, líneas y textura. A estos equipos se suma la nueva Liftera 2, para un lifting no quirúrgico recién lanzado a nivel mundial, y Exomind, tecnología de estimulación cerebral no invasiva para regular estrés, ansiedad y patrones de sueño. Además cuentan con un analizador de piel avanzado que permite construir planes totalmente personalizados para cada paciente.
Raúl complementa este equipamiento tecnológico con un principio transversal en todo el equipo médico. “La naturalidad ante todo. El arte del filler no está en la ampolla, sino en el gusto de quien la aplica, para lograr ese efecto de que se note sin que se note”. No existe la nariz a la carta ni la boca a la carta. Cada rostro tiene una esencia genética que merece ser respetada, opina. “Mi trabajo no es transformar, sino acompañar el proceso natural del envejecimiento, reponiendo lo que se ha ido perdiendo y refrescando la expresión sin alterar lo que hace único a cada individuo”.

La doctora María Liñero se suma desde una perspectiva profundamente científica y ética. Nacida en México y formada en España, especializada en bioestimuladores y en calidad de piel, explica que la medicina estética no es seguir modas de redes sociales, sino entender la biología de cada persona. “Los bioestimuladores, por ejemplo, no reemplazan un relleno si lo que falta es estructura, así como los rellenos no resuelven problemas de textura o firmeza. Cada rostro necesita una estrategia propia”. Expresa, con una sensibilidad que conmueve, que su misión es “devolver a la piel lo que alguna vez fue, para que la persona se vea más luminosa, más sana, más viva”.
A 1Skin Quito llegan pacientes distintos y con motivaciones muy personales. Mujeres que quieren recuperar frescura, hombres que buscan verse descansados y fuertes, personas que han atravesado momentos emocionales intensos y necesitan que su exterior vuelva a reflejar cómo se sienten. María lo resume afirmando que “a veces lo que cambia no es la cara, es la manera en que la persona vuelve a mostrarse al mundo, y esa transformación es visible cuando la vida retoma su equilibrio natural, pero se potencia cuando el tratamiento hace efecto”.

Rafael reconoce que muchas personas llegan con miedo, porque el mercado está saturado de procedimientos mal hechos gracias a la improvisación, de la cual es rotundo enemigo. “Aquí vienen a buscar criterio, y criterio significa saber decir no, saber evitar exageraciones, elegir procedimientos seguros, que incluso son reversibles como el ácido hialurónico. Lo primero no es el resultado, sino la seguridad del paciente. Esa prudencia guía cada decisión”.
Este centro dermatológico con profesionales de primera categoría cuenta con un equipo de planta en Quito. Su metodología clínica es minuciosa. Antes de pensar en un tratamiento analizan a fondo la estructura del rostro, simetrías, fuerza muscular, volumen perdido, textura, manchas, flacidez, hábitos y estado emocional. Cada paciente recibe un plan integral que combina técnicas cuando corresponde, por ejemplo láser, radiofrecuencia, inyectables, bioestimuladores, bienestar emocional e incluso cirugía plástica cuando es necesaria, pero siempre desde un enfoque de equilibrio, seguridad y respeto por la esencia individual de cada paciente que entrega sus anhelos a estas manos.

1Skin Quito no es una clínica, ni un spa, ni un centro estético. Es un ecosistema donde convergen ciencia de vanguardia, criterios médicos impecables, sensibilidad humana y un diseño arquitectónico que abraza. Es un espacio para quienes buscan resultados reales sin perder naturalidad; para quienes quieren sentirse mejor por dentro y verse mejor por fuera; para quienes valoran el acompañamiento, la honestidad y la excelencia.
Cada uno de sus protagonistas lo resume a su manera, pero todos coinciden en lo mismo, y ese es el mensaje que, apenas salir de 1Skin, me rondaba por la mente. Aquí no se hacen transformaciones artificiales, se acompaña a las personas en el camino hacia su mejor versión, y ese camino, cuando está guiado por criterio, humanidad y tecnología verdadera, no solo cambia rostros, cambia vidas.

