
Juan Fernando Abad y Ana Gabriela Vergara trabajan juntos como si hubieran nacido para hacerlo. Hablan el mismo idioma, se interrumpen para completar ideas, se ríen de sus propias obsesiones, porque sí, son obsesivos y lo celebran, y transmiten una certeza que explica por qué tantas familias confían en ellos.

Ana Gabriela Vergara y Juan Fernando Abad
Su estudio, Abad Vergara Arquitectos, no construye casas, construye identidades habitables. Ni una sola de sus más de 200 viviendas se parece a otra. Incluso cuando trabajan en la misma urbanización, en el mismo conjunto, e incluso en terrenos vecinos, cada casa es distinta porque cada familia lo es. “No podríamos repetir una casa aunque quisiéramos”, dice Juan Fernando, “porque cada cliente llega con su historia, su manera de vivir, sus sueños, Y nuestro trabajo es traducir eso en arquitectura”. Ana Gabriela lo resume con claridad, “una casa es un traje a la medida, no existe modelo único que le quede bien a todos”.

Ese principio, el de la personalización absoluta, es lo que los ha convertido en referentes en la zona de Nayón, Cumbayá, Tumbaco y Puembo. Son dos jóvenes talentosos y con una energía que contagia. Ellos han logrado ocupar el espacio de la arquitectura honesta, contemporánea, emocional y profundamente funcional. No construyen para lucirse, construyen para vivir bien. Y esa filosofía ha marcado su trayectoria.

“Nos dicen que tenemos un estilo reconocible pero no sé cómo explicarlo”, comenta Ana Gabriela, “es como una firma invisible. Tú ves una casa nuestra y dices ‘esto es Abad Vergara’, pero las casas nunca son iguales entre sí. Tal vez ese hilo conductor se percibe en las volumetrías, en la proporción de los ventanales, la calidez de los materiales, la forma en que la luz recorre los espacios, la fluidez entre interior y exterior, y el equilibrio entre estética y vida real”.

Una de sus grandes fortalezas es el acompañamiento integral. Su servicio no empieza con un plano ni termina con la entrega de la obra. Acompañan a sus clientes desde la compra del terreno, y aquí entra un diferencial importante, pues tienen terrenos de distintos tamaños y topografías en Nayón, Cumbayá, Tumbaco y Puembo. Su portafolio de oferta incluye espacios moderados para quienes sueñan con un jardín manejable, hasta terrenos amplísimos para quienes quieren su propio oasis verde. “Hay familias que quieren 150m2 de patio y otras que sueñan con 1.000m2 de jardín. Lo importante es que siempre encontramos el lugar adecuado para cada estilo de vida”.

Imaginar el diseño arquitectónico es el primer paso. El cliente llega con referencias, fotos, capturas de Pinterest, y ellos las entienden, las decodifican y las convierten en arquitectura real. “Pinterest te muestra resultados perfectos”, explica Ana Gabriela, “pero hay que saber aterrizarlos, por ejemplo dónde va la luz, cómo se comporta el material, qué proporción funciona, qué se puede construir y qué no. Esa es nuestra labor”. Por eso trabajan con modelación BIM, renders hiperrealistas y un proceso participativo donde cada decisión se toma junto al cliente.

Su manejo de obra es otro sello distintivo. “La construcción no puede ser una lotería”, dice Juan Fernando. “Tiene que ser predecible, limpia y eficiente”. Por eso han tecnificado procesos, reduciendo desperdicios, incorporando materiales contemporáneos, y elevando sus estándares. Su enfoque de sostenibilidad es práctico y no enunciativo. Aplican ventilación cruzada, iluminación natural bien calibrada, materiales durables, paneles solares cuando el cliente lo desea, sistemas de reutilización de agua y morteros premezclados que reducen tiempos y transporte. “No queremos que la sostenibilidad sea una etiqueta, queremos que se sienta en el día a día”, dice Ana Gabriela.

El servicio posventa es tan riguroso como todo el proceso de obra porque no dejan de transitar por los lugares donde construyeron. “Somos los primeros en darnos cuenta si una puerta necesita una mano de laca o si una ventana requiere un retoque de silicona, y tomamos acción”, dice Juan Fernando. “Pasamos por las casas, conversamos con los clientes, afinamos detalles. La posventa es parte del orgullo por nuestro trabajo”. Y se nota. Su cartera de clientes está llena de familias que los recomiendan, que los llaman para ampliar, para remodelar o para diseñar nuevas etapas de su vida.

Funcionan como dupla porque confían 100% en el otro. “Juan Fernando es más técnico”, dice Ana Gabriela. “Piensa en estructura, proporciones, procesos, optimización. Yo soy más sensible, miro la luz, los colores, siento los espacios”. Juan Fernando completa la frase afirmando que “por eso funcionamos. Si fuera solo yo las casas serían muy serias, y si fuera solo ella serían demasiado perfectas para vivirlas. Juntos encontramos equilibrio”.

Para este 2026 tienen varios proyectos nuevos por entregar. Conjuntos exclusivos en Nayón, Tumbaco, casas de gran formato en Puembo, y viviendas urbanas en La Primavera. Muchos de estos proyectos nacen porque un cliente compra un terreno a través de ellos y confía la arquitectura a la misma firma. Otros nacen de oportunidades que ellos detectan por su especial sensibilidad urbana. “El crecimiento no debe ser apresurado, debe ser coherente”, dicen.

Juan Fernando Abad y Ana Gabriela Vergara
Escuchar a Juan Fernando y Ana Gabriela transmite una sensación de claridad y seguridad. No hablan de arquitectura como una competencia de egos, ni de clientes como transacciones, hablan de personas, de familias, de historias, y de las casas que las reciben. Al terminar esta agradable conversación, que la mantuvimos en la intimidad de su hogar, les pregunto qué es lo más importante de su trabajo y responden casi al mismo tiempo: “Que el cliente sienta que su casa es exactamente lo que soñó, no construimos para nosotros sino para quien va a vivir allí.”


