Por Caridad Vela

A punto estamos de terminar un año que ha sido conflictivo desde distintas aristas que van desde lo económico hasta lo político y social. Sin una ruta de salvataje claramente establecida, será muy difícil solucionar aspectos relacionados con la activación del aparato productivo, la generación de empleo o la atracción de nuevas inversiones locales y extranjeras.

Hará falta una gran reestructuración en el modelo de negocio de empresas grandes, pequeñas y medianas, para enfrentar un período de adaptación al nuevo tamaño de nuestra economía, solo así podremos salir ilesos de este tramo. Para lograr un mejor entendimiento de la situación y analizar perspectivas hacia el futuro, conversamos con el Eco. Abelardo Pachano, ampliamente reconocido por sus acertados criterios en la materia, quien compartió con nosotros reflexiones muy interesantes.

PERSPECTIVAS POLÍTICAS Y ECONÓMICAS

¿Su evaluación del año que termina?

La novedad no está en el campo económico, está en el campo puramente político. Los levantamientos del mes de octubre, la violencia y agresividad, el afán de destrucción que hemos visto son nuevas variables con las que tenemos que trabajar en el futuro. No las vimos venir a pesar de que estuvieron incubándose en Ecuador y otros países en América Latina, incluso en Europa. Parecería ser esta la derivación de un proceso de incorporación de estructuras sociales que antes estaban marginadas, que no veían el mundo moderno y ahora lo están viendo, y encuentran que es uno de altos retos y enormes frustraciones.

¿Qué hacer al respecto?

Es evidente que tenemos democracia, pero está enferma. Debemos trabajar para perfeccionarla porque tal como se aplica no ha resuelto los problemas fundamentales de la colectividad. Esto implica un cambio en la cultura de confrontación, entendiéndola como el resultado de estas inequidades que hemos apreciado, pero también debemos abonar esfuerzos para encontrar fórmulas que acorten las distancias entre ricos y pobres, para que esas relaciones sean más cercanas y amigables. Así termina 2019. El 2020 arranca con esta nueva realidad política, y hay que mirarlo desde esa perspectiva.

¿Cuál es su perspectiva en términos económicos?

Hay que reconocer que Ecuador pasará por un muy largo proceso de transición hacia el retorno a la normalidad. El nivel de destrucción de las estructuras políticas y económicas es muy grande como para recuperar en el corto plazo el ambiente que se requiere para un desarrollo sostenido, incluso de las actividades no económicas, como las culturales o sociales. Hay que preparar el ánimo, el proceso seguramente ocupará varios períodos presidenciales hasta que volvamos a tener un país más previsible.

Abelardo Pachano - Revista CLAVE 93

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¿El daño es así de grande?

No es solo por el tamaño del daño, sino por la característica particular de la política económica. Si queremos preservar el sistema monetario actual, el trabajo para volver a alinear la productividad y la competitividad, y tener una sociedad que pueda exponerse a las relaciones internacionales, nos va a tomar muchísimo tiempo.

¿Hay un camino más corto?

Claro que podríamos hacerlo más rápido, pero pondríamos en riesgo el sistema monetario, y eso no lo quiere nadie. El dólar tiene un 90% de aceptación en la población, inclusive aquellos que la combatieron y la criticaron duramente, hoy son sus defensores. Hay otros países que han pasado por las mismas dificultades y abandonaron el sistema. El caso de Argentina es evidente, y hoy están repensando la necesidad de embarcarse en una moneda internacional que pueda ser manejada con mayor confianza y seguridad.

Después de la bonanza pasada y la incertidumbre actual, ¿cómo prepararnos para este proceso de ordenamiento económico?

Los procesos de crecimiento que son exageradamente generosos acumulan estas distorsiones en el país, en las empresas y en las familias, y ahora nos toca ajustar los cinturones. Las grandes empresas recortan personal, cierran oficinas, cambian modelos de negocio, trabajan metodológicamente buscando mayores niveles de eficiencia. Esto es producto del re-direccionamiento empresarial hacia una realidad de escasez de recursos, y esos recursos van a ingresar a Ecuador solo cuando tengamos certeza de que la política ha logrado conciliar sus diferencias con la política económica.

¿Se refiere a lo sucedido con el proyecto de ley de eliminación de subsidios?

Ese es un claro ejemplo de la disfuncionalidad entre la política y la política económica. Es rarísimo encontrar alguien que opine que se deben mantener los subsidios tal como están, la mayoría sostiene la tesis de que el subsidio debe ser un mecanismo de apoyo focalizado, por monto y tiempo determinado, para no seguir derrochando recursos. Dependiendo de cómo se hagan los cálculos, con la eliminación de subsidios tendríamos la posibilidad de financiar nuestro déficit y pre pagar casi toda la deuda externa. Podríamos no deberle a nadie, pero tenemos una estructura política que cultiva el engaño, porque en base a eso mantiene algún grado de hegemonía sobre la población. El gran trabajo que debemos hacer en Ecuador es acercar la política a la política económica, para que logremos reconstruir el sistema sobre cuatro o cinco paradigmas fundamentales de política económica, que sean respetados por los políticos.

¿Por ejemplo?

Un paradigma fundamental es que no podemos tener un Estado desfinanciado, es como tener un hogar que gasta siempre más de lo que tiene. Ningún país en el mundo tiene una economía sana con un Estado derrochador. Hay que ser honestos, no se puede jugar con los conceptos, no se trata de decir qué se entiende por gasto corriente o por gasto de capital, ese malabarismo conceptual que vivimos los últimos diez años es un engaño.

Abelardo Pachano - Revista CLAVE 93

Abelardo Pachano

¿Segundo paradigma?

El financiamiento de la política monetaria requiere un tratamiento especial. No podemos usar los recursos de las reservas internacionales para propósitos de financiamiento interno. Son temas que hay que mantener como principios básicos de respeto entre todos los partidos y gobiernos en el futuro. Teniendo esto claro, las cosas van a ser mucho más sencillas, pero las soluciones no se darán de la noche a la mañana.

¿Tercero?

Recuperar los principios fundamentales de manejo fiscal responsable, con normas que aseguren que los gobiernos de turno y quienes estén en funciones de representatividad económica no puedan abusar del presupuesto. Se requiere una reforma monetaria para recuperar algún grado de independencia y focalizar el papel del Banco Central, entendiendo que no es un banco comercial, y debe ser el tercero creíble de la sociedad, asumiendo su responsabilidad de advertir lo que ve bien, o mal, en el campo fiscal, productivo, balanza de pagos, etc. Las famosas reglas macro fiscales que fueron presentadas en el proyecto anterior, hoy están guardadas en el cajón de algún escritorio.

¿Algo más?

La política laboral tiene que defender la movilidad del trabajador, no puede ser una carga para el empresario. Podemos tener buenos salarios, pero con normas que sin desproteger al trabajador, hagan que la productividad sea el resultado favorable. Debemos entrar en una relación laboral moderna en la que el Estado es un regulador objetivo, en la que el trabajador y el empresario son socios, no antagonistas. Tenemos 12 millones de personas en edad de trabajar, de las cuales 8 millones buscan trabajo, y menos de 4 millones están trabajando formalmente. Es una realidad terrible. Otro tema pendiente es encontrar una solución para la reconstrucción financiera del sistema de pensiones, porque no hay de dónde pagar a los futuros pensionistas.

Todas son discusiones que ya hemos tenido…

Las vimos este año, y seguramente las volveremos a ver en 2020, porque la política va en sentido contrario a la política económica. Son dos mundos que deberían entenderse perfectamente, pero el momento que hay que tomar decisiones que se sabe son dolorosas, la política se aleja de la política económica y no da una vía de solución. Desde mi perspectiva, esto ha destruido a los políticos, porque los ciudadanos son más inteligentes de lo que los políticos creen, han abandonado a aquellos que les dieron la espalda, y han enfrentado directamente sus obligaciones.

¿Los nuevos impuestos son la solución?

No podemos bloquear opciones de solución, hay que ver el panorama completo y tratar de encontrar la fórmula más equilibrada. Toda medida económica tiene un costo, no hay medida que sea solo beneficiosa. Inclusive en épocas de abundancia hay daños, porque normalmente los precios suben, se destruyen equilibrios importantes y cambia la configuración de la economía. En todo proceso de desarrollo hay ganadores y perdedores, pero hay que cuidar que la balanza neta sea positiva. Tal como están las cosas, decir que no se votará por un proyecto que incluya la creación de impuestos es como cortarse un brazo. Si algún día les toca ejercer el poder a quienes sostienen eso, les sucederá lo mismo que a Bush padre que, antes de posesionarse dijo: “lean mis labios, no más impuestos”, y cuando estuvo en el gobierno tuvo que subir los impuestos.

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Caridad Vela y Abelardo Pachano

¿Cuál sería el primer paso para salir de esta situación?

La solución del problema económico pasa por la búsqueda equilibrada en la reducción de gastos improductivos, por dar más transparencia al Estado, hacerlo más eficiente. Es una tarea enorme y de una complejidad realmente importante, por eso llevará tiempo. No se trata de despedir una gran cantidad de empleados públicos, el Estado ni siquiera tiene recursos para pagar las indemnizaciones, se trata de hacer un programa de reducción de gastos y de racionalización del Estado, un programa de mejora de ingresos donde juegan subsidios e impuestos, y hay que escoger las mejores opciones.

¿Las contribuciones temporales son una buena opción?

Todo impuesto molesta, nadie los paga con alegría. Las contribuciones que se están pidiendo a los estratos superiores, a las grandes empresas que tienden a ser monopolios y tienen un margen importante de cobertura, tienen una lógica indiscutible. Esos estratos recibieron beneficios durante los diez años de derroche del anterior gobierno y ahora les toca contribuir. Eso es parte de su obligación ciudadana para con la colectividad, pero la contraparte es exigir al Estado su compromiso formal en la reducción del gasto, y hacer el debido seguimiento para verificar que es así. Sin embargo, la carga no puede ser uniforme, tiene que ser distribuida de manera equitativa en función de la capacidad que para contribuir tienen las empresas medianas y pequeñas. Hay que tratarles de manera adecuada porque son empresas más frágiles, están en un mercado más competitivo.

¿Confía en que sean contribuciones temporales?

El mensaje que la sociedad recibe es de ayuda al Estado por un tiempo definido, hasta que pueda hacer las cosas por sí mismo, pero de ninguna manera esa ayuda puede ser indefinida. Debe funcionar hasta que se encuentre solución a los subsidios, a la focalización, porque de no eliminarlos caeríamos en la gratuidad permanente, y esa es otra deformación que tiene la colectividad ecuatoriana que cree que todo viene sin esfuerzo.

¿La explotación minera es una puerta de salida?

Veo a la minería como una gran oportunidad, con un potencial sustantivamente mayor a lo que pensamos. Los reservorios mineros en Ecuador son más grandes de lo que imaginamos, pero tenemos que ser cuidadosos en la condicionalidad ecológica y ambiental para que los daños que se hagan en la naturaleza puedan ser remediados. Hoy las técnicas de producción son sustantivamente mejores que antes, de tal manera que los proyectos de explotación minera tienen que ser muy controlados por parte del Estado, pero igualmente deben ser promovidos, porque nos van a dar recursos que generan una externalidad enorme. Será una puerta de salida siempre y cuando los recursos que se obtengan se mantengan en un fondo que sirva para cubrir los vaivenes de la economía.

PERSPECTIVAS SECTOR CONSTRUCCIÓN

¿Por qué no han bajado los precios en la construcción?

Los bienes no transables tienen poca flexibilidad hacia la baja porque no tienen competencia, y la construcción es uno de esos. Es decir, no se puede coger la casa y llevarla a vender en Florida. Sin embargo, los precios varían también en función del apalancamiento que tenga la actividad. En los mercados internacionales la construcción está muy apalancada, pero hay que realizar esos bienes con rapidez porque el costo financiero es muy alto. En el caso de Ecuador, el apalancamiento de la construcción es menor, y el financiamiento que tienen algunos grupos es privado, es decir, se juega con el riesgo que temporalmente pueden aguantar, y por eso no bajan los precios como deberían bajar.

Pero se vende menos…

Lo que no se mueve en precios se mueve en cantidad. Es un ejemplo de lo que ocurre en la economía de la dolarización, donde no hay inflación, es decir que si suben un poco los precios se achica el mercado. Se podría decir que los precios tenderán a bajar para que se sostengan las cantidades, pero las empresas tienen que ser más eficientes porque sus márgenes se van a reducir. Una de las consecuencias de vender menos es la reducción en fuentes de empleo. El sector de la construcción era la cuarta industria generadora de plazas de trabajo, pero ha despedido a más de cien mil personas en el país, y hoy está en sexto lugar. Es un modelo de negocio en micro economía, un modelo tan flexible que requiere que constantemente revaloremos lo que hacemos para seguir construyendo.

¿El problema en la reducción de ventas en inmuebles podría estar atado a los montos de concesión de créditos hipotecarios? Se presta mucho más para consumo que para compra de vivienda…

Esa es una distorsión del sistema financiero que refleja una realidad. La banca ha estado sometida a un aumento de tasas pasivas que no ha podido ser compensado en las tasas activas. Hoy en día el 80% del crédito de la banca está en el área de consumo, y una parte se explica por ese fenómeno, pero otra parte se debe al debilitamiento de la demanda de bienes y de crédito productivo. Muchísimas empresas están mejorando su manejo de capital de trabajo y demandando menos recursos, en ese sentido pensaría que para el sector construcción la disponibilidad también va a estar limitada. Hay que buscar fuentes de financiamiento internacionales para titularizar operaciones hipotecarias. En los últimos dos años, la banca privada nos ha traído mil millones de dólares, no de depósitos, sino de créditos que ha conseguido para actividades productivas. Ese ejemplo hay que multiplicarlo, porque ayuda mucho en varios frentes: generación de empleo, producción, balanza de pagos, etc.

Si se titulariza cartera hipotecaria, ¿esos recursos deben colocarse nuevamente en el mismo segmento?

No necesariamente. Pueden colocarse en cualquier segmento, pero la ventaja es que cuando sabemos que se puede titularizar cartera se dan dos factores: uno, se busca que el riesgo esté bien calculado para que se califique la titularización; y dos, el banco encuentra que tiene un margen muy interesante sin tocar sus recursos, porque recupera todo el capital prestado para volverlo a prestar, y mantiene un margen solo por haber intermediado.

Abelardo Pachano - Revista CLAVE 93

Abelardo Pachano

¿Invertiría usted en bienes raíces en este momento, aprovechando que el mercado está lento y eso abre puertas a negociaciones de oportunidad?

Lo he pensado, pero no lo veo tan claro todavía. Los constructores que tienen algún grado de apalancamiento o trabajan con recursos propios son reacios a hacer negociaciones de oportunidad, y por eso no bajan los precios. Si bajarían un poco, esa posibilidad sí podría activarse en el mercado.

El gobierno podría aplicar estrategias, como la eliminación de impuestos a insumos importados para la construcción, para que se dé una baja de precios. ¿Sería una buena opción para que el mercado inmobiliario se recupere?

Creo que la política económica no debe interferir en el manejo de los precios en la economía. Lo que se busca es que los aranceles sean uniformes, de tal manera que la relación de precios de los bienes no se mueva, porque eso genera distorsiones. Por arreglar un problema se crea otro, y el Estado no tiene la capacidad de mirar absolutamente todo los efectos. Es mucho más lógico, y lo hemos recomendado a este y al anterior gobierno, abrir las puertas a negociaciones comerciales internacionales, porque eso implica racionalizar aranceles y bajar protecciones a actividades productivas a niveles razonables. Lo que se ha hecho es poner al productor por encima del consumidor, y por eso el consumidor ha tenido que pagar esas fallas de protección.

Se pronuncian voces a favor de que se incluya al sector de la construcción como sector prioritario, por las consecuencias positivas que tendría en la reactivación de la economía. ¿Cuál es su opinión?

En 1982, cuando fui Gerente del Banco Central, declaramos a la construcción como industria. Ese cambio conceptual modificó las reglas del juego y se le dio a este sector un tratamiento paralelo al de las demás industrias. No creo que deba ser considerado prioritario, ni privilegiado en ningún sentido, porque pienso que todas las industrias pueden pararse en sus propios pies. Lo que tiene que haber es una política económica razonable, porque si una industria necesita tratamiento preferencial es porque algo no anda bien. Hay oportunidades para todos, pero hay que arremangarse y trabajar en lugar de buscar protecciones. He visto muchos constructores empezar de la nada y haber llegado muy alto en base a esfuerzo.

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