Por Sergio R. Torassa

En marzo del próximo año los ecuatorianos estamos convocados nuevamente a las urnas, esta vez para elegir a más de 5.000 autoridades de los gobiernos seccionales y a los siete vocales del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS) de transición. Si bien todas estas dignidades tienen su trascendencia, los comicios municipales son, por su naturaleza y lógica, las más cercanas a la decisión mayoritaria del pueblo. En esta ocasión, 47 alcaldes –entre ellos algunos de las ciudades más importantes del país- no podrán renovar su mandato.

Sergio R. Torassa - Revista CLAVE! edición 83

Guayaquil, Ecuador

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Al decantarnos por uno u otro de los candidatos en lista estaremos haciendo uso de nuestro poder político, porque al fin y al cabo lo que vamos a decidir es nuestro propio futuro y el de la sociedad a la que pertenecemos. En el caso de los nuevos alcaldes, además del liderazgo y la formación adecuada para el cargo, han de ser gerentes experimentados, honestos y eficaces. De ello dependerá el verdadero desarrollo de sus núcleos urbanos, el mejoramiento de las condiciones de vida y el futuro de la descentralización.

Con ocho de cada diez personas viviendo en ciudades, América Latina es la región del mundo más urbanizada. Esta tendencia, además, persistirá en las próximas décadas, estimándose que, para el 2050, el 90% de los latinoamericanos -cerca de 700 millones de personas- habitaremos en centros urbanos. Este panorama abre, sin duda, un enorme abanico de oportunidades en términos de aumento de la productividad y competitividad, pero también “pone sobre la mesa” retos y riesgos sustanciales, especialmente si consideramos que ciudades como Guayaquil y Quito –al igual que México DC, Bogotá, Sao Paulo o Lima- registran altas tasas de informalidad laboral, déficit de vivienda y problemas de transporte público, condiciones todas que limitan el crecimiento económico local y lastran las aspiraciones de alcanzar los niveles de desarrollo de economías más avanzadas.

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Quito, Ecuador

¿POR QUÉ PREFERIMOS VIVIR EN CIUDADES?

En general, las personas vivimos en las ciudades para estar más cerca de nuestro trabajo, para que nuestros hijos puedan optar a buenos colegios, para ver más a menudo a nuestra familia y amigos, o para ir más cómodamente a tiendas, cines y teatros. Sin embargo, para los responsables de las políticas públicas y las decisiones macroeconómicas, el papel de las ciudades ha de ir mucho más allá de proporcionar una buena calidad de vida a sus habitantes, ya que son una pieza clave del engranaje del proceso de producción que determina su eficiencia y, por tanto, el potencial de crecimiento de un país.

Académicamente, este fenómeno se explica arguyendo que la localización de personas y actividades en grandes aglomeraciones se produce porque los beneficios de hacerlo superan a los costes. Por ejemplo, estudios realizados en Estados Unidos, demuestran que el doblar la densidad de la población incrementa la productividad del trabajo un 6%, ceteris paribus1. La evidencia para el caso de las empresas francesas también es contundente: las que se sitúan en áreas más densamente pobladas consiguen una productividad de 9,7% superior a aquellas localizadas en áreas menos densamente pobladas, gracias a las economías de aglomeración2.

Estas mejoras de eficiencia son conseguidas a través de tres mecanismos principales: la reducción de los costes de transporte de los bienes, la creación de un mercado de trabajo más profundo, y el logro de un entorno más propicio para generación y difusión de ideas innovadoras3.

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Bogotá, Colombia
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Abaratar los costes de transporte fue uno de los principales objetivos perseguidos por las empresas durante la industrialización. Las fábricas se construían en las ciudades para estar cerca de sus proveedores y clientes, lo que disminuía los costes de transporte, tanto de los bienes intermedios como de los bienes finales4.

Por ejemplo, la proliferación de barrios industriales en muchas ciudades europeas en el siglo XIX, caso del Poblenou barcelonés o el East End londinense, trajo asociada una reducción de los costes de transporte de aproximadamente el 90% en términos reales.

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Lima, Perú
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La reunión de un gran número de trabajadores en un área localizada incrementa la eficiencia del mercado laboral, lo que beneficia a empleados y empresarios. Para los primeros, se reduce el coste de caer desempleado, ya que cuando alguien pierde su puesto de trabajo, le resultará más fácil encontrar otro si hay un gran número de empresas en la ciudad6. Asimismo, y por la rapidez con la que se efectúa la transición de un empleo a otro, se reduce la descapitalización que sufren los trabajadores cuando están en situación de paro. Finalmente, el hecho de que en las ciudades se concentre un gran número de empresas y de trabajadores facilita un buen emparejamiento laboral entre ambos7. Las empresas pueden contratar a los mejores trabajadores y estos escoger los puestos que más se adecúan a sus habilidades e intereses reales.

SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO, INNOVACIÓN Y ESTÉTICA URBANA

Si bien los dos mecanismos descritos anteriormente fueron muy relevantes en el pasado, hoy por hoy las mayores economías de aglomeración provienen del rol que juegan las ciudades en la creación y difusión del conocimiento. Por un lado, se constata que los principales centros de I+D (investigación y desarrollo) de empresas y universidades se localizan en las grandes urbes. Por otro, las industrias maduras se suelen trasladar fuera de los núcleos urbanos, mientras que las firmas nacientes, más innovadoras y dinámicas, se concentran en las áreas urbanas8.

Algunos teóricos de las tecnologías de la información (las llamadas TIC), han argumentado hasta no hace mucho que éstas facilitan la comunicación entre las personas y el intercambio de ideas con independencia de donde las gentes estén localizadas. Es decir que era previsible, por ende, una reducción sustancial de las ventajas de la proximidad física que proveen las ciudades. En la práctica esta condición no se ha dado, ya que el mayor número de patentes sigue originándose en áreas urbanas (gráfico No. 1). Si acaso, las TIC lo que han provocado es una multiplicación de los beneficios que producen las nuevas ideas, y estas, como hemos visto, se generan con más facilidad en las urbes9.

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Siendo que las ciudades son tan importantes para el progreso humano, llama la atención la fealdad y el descuido que caracteriza a muchísimos entornos urbanos. Un elevado número de ciudades a lo largo y ancho del globo son simplemente horribles, luciendo como un conjunto despatarrado de construcciones, sin armonía ni belleza alguna. Justo lo contrario de lo que es esperable de un entorno que propicie la creatividad y el eficiente uso del tiempo.

Lamentablemente, en este ámbito queda mucho trabajo por hacer también en bastantes ciudades ecuatorianas. La planificación urbanística y una arquitectura de calidad han de hacerse presentes, si deseamos seguir avanzando en este modelo de civilización citadina que tantas ventajas aporta.

Un caso de estudio para nuestros responsables municipales podría ser el de Barcelona. La capital catalana es una de las ciudades que mejor ha identificado las líneas maestras de estas tendencias, habiendo sabido combinar una buena planificación urbanística con calidad de vida para sus habitantes, estética de primera, y dinamismo creativo.

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Barcelona, España
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Sao Pablo, Brasil
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Además de constituir una de las referencias de arquitectura de Europa, Barcelona y su área metropolitana se han convertido en una de las capitales de la innovación en el viejo continente, según el último informe de la consultora Science/Business, de Bruselas. (gráfico No. 2)

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Tras este logro subyacen media docena de razones. En primer lugar, Barcelona cuenta con establecimientos educativos, universidades y centros de investigación de alto nivel. Segundo, reúne una alta concentración de talento humano, con unos salarios y unos precios por metro cuadrado de oficina y vivienda relativamente bajos. Tercero, la ciudad ofrece un entorno propicio para la interacción entre profesionales, emprendedores y creativos con formaciones distintas y de procedencias geográficas muy diversas. Cuarto, ha sabido construir un posicionamiento (la marca Barcelona) muy positivo, con una imagen asociada a calidad de vida, que atrae a profesionales imaginativos y bien preparados. En quinto lugar, su infraestructura es moderna y de alta calidad, bien conectada con el resto de Europa. Finalmente, tanto las autoridades municipales como las regionales (la Generalitat de Catalunya), más allá de su distinto color político, están haciendo una apuesta común por la economía del conocimiento y por la investigación de excelencia, facilitando todos los procesos asociados.

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Sergio R. Torassa, Profesor de Real Estate IDE Business School

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