Por Narcisa Rendón

Es, sin duda, la ciudad puerto de Ecuador. A diario en su terminal terrestre se pasean los recién llegados inmigrantes rurales en busca de nuevas oportunidades y experiencias que no hallaron en sus zonas remotas. También es el territorio que se expande imparablemente hacia vía a la Costa y hacia sectores aledaños como Samborondón, Daule o Salitre, lo que hace que miles de guayaquileños jurídicamente habiten en estos cantones.

Así es Guayaquil actual, la ciudad que en 2020 conmemorará su Bicentenario independentista y lo aprovechará para conformar, por primera vez en su historia, un organismo dedicado a estudios de futuro. Esta organización tendrá a la mano una agenda de temas para una mejor calidad de vida en treinta años más.

“Se trata de una prospectiva. Es decir que se creen soluciones para el efecto que generarán los nuevos fenómenos urbanos”, explica el guayaquileño y ex alcalde de esta ciudad, Francisco Huerta Montalvo, de quien nació la propuesta y la desarrolla junto a otros profesionales.

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Julieta Herrería y Francisco Huerta Montalvo

Desde la sala de un medio escrito local, donde se desempeña como columnista, Francisco conversa con Julieta Herrería, una docente investigadora comprometida en llevar adelante esta gran iniciativa. Ambos reconocen que la propuesta sería inviable a futuro sin la cooperación de las facultades de arquitectura e ingeniería de las universidades e institutos locales. A ellos se sumarían las asociaciones y colegios de profesionales relacionados al urbanismo y la planificación territorial.

El objetivo es compensar el tiempo perdido de una ciudad que “no planea su futuro”, más que el de “corto plazo”, considera Huerta. Él, pese a que su progenitor era el historiador Francisco Huerta Rendón, tiene un esquema futurista respaldado con algunos datos que revelan los fenómenos a los que Guayaquil deberá enfrentar años después. “Vamos a tener 200 años de independencia, entonces es hora de que tengamos un centro donde se estudie años del futuro, y no sólo del pasado”, enfatiza.

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Sin embargo, advierte que la organización no será un asunto partidista ni burocrático, sino de voluntariado. Cuentan con las referencias de instituciones como la Sociedad de Lucha Contra el Cáncer (Solca), o la Junta de Beneficencia de Guayaquil, que en sus inicios comenzaron como un voluntariado hasta conseguir financiamiento, y son imprescindibles para el Guayaquil de ahora.

Eso sí, el centro de estudios deberá contar con el apoyo del municipio local y éste deberá otorgar a la organización un espacio donde desarrollar los planteamientos y análisis técnicos que los justifiquen. Lo ideal es que el Cabildo entregue información recabada del presente, y los planes inmediatos, para sobre esa base trabajar. “Queremos movilizar a la ciudad alrededor de las inquietudes que surjan, y que además las universidades cumplan un rol fundamental en el futuro de la ciudad”, comenta.

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Lo que se busca es que la sociedad conozca qué beneficios puedan sucederle a Guayaquil, y por lo tanto, a sus habitantes. Por ejemplo sobre el tema vivienda, en el que las constructoras inmobiliarias que desarrollan proyectos de urbanizaciones cerradas deberían considerar también la planificación de las vías. Francisco enfatiza que “cada vez las casas se van más lejos y los trabajadores que viven en los suburbios tienen que llegar allá con dificultad. Entonces hay que pensar en un modelo de transporte para quienes deban viajar diariamente a esas ciudadelas del norte, o cada vez más cerca a la playa”.

En octubre pasado, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC) publicó que en Guayaquil viven 2`644.891 habitantes, y que para el 2020 la cifra llegaría a 2`723.665. Si continúa esa tendencia, obligatoriamente la planificación pública debe dar un giro inmediato e involucrar a nuevas generaciones de profesionales en ella.

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Una de las razones es que con mayor número de población, también se incrementa la contaminación de las fuentes de agua, mientras que la cobertura actual del líquido vital no abastecerá a Guayaquil en 10 años más, asegura Julieta. Lo que ella propone para contrarrestar el panorama negativo es buscar nuevas alternativas de distribución, pero también de conservación. ¿Por qué no destinar el agua del lavamanos al tanque del inodoro a través de un sistema de abastecimiento? O, ¿por qué no reutilizar el agua del aseo personal en el riego del jardín? Son preguntas que ella se plantea.

Entre otras aristas, la prospectiva para el sector del trasporte también cabría en los proyectos a futuro.

Guayaquil es beneficiada al tener el Río Guayas, que serviría como espacio fluvial para trasladarse en sentido norte-sur, o viceversa, así como en dirección este-oeste con el cantón Durán que, en la actualidad, es el séptimo más poblado del país. Sin embargo, de momento a la ría no se le da este uso.

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Por otra parte, según Francisco, el centro de la ciudad es la zona más caótica para transitar, sobre todo si se conduce un vehículo: “En estos momentos se hace impensable que los carros no ingresen al centro, pero a través de un estudio y posterior entrega de una propuesta, se puede designar espacios exclusivos para caminar (peatonalizar las calles)”.

“Hay que pensar en un mayor uso del transporte público y para ello hacerlo eficiente: ajustar las frecuencias para que no se acumule la gente en cada estación. Y en el caso de la metrovía, ya que vemos a la ciudad como un círculo, debería también existir un sistema radial de transporte que pueda ofrecer el servicio en todos los puntos a través de un círculo mayor. Es decir, que se expandan las conexiones”, añade Julieta.

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Justamente la experta en planificación territorial se basa en la realidad urbana de la ciudad de Barcelona, España, donde hizo una maestría. “La mayoría de las personas que circulan en los centros urbanos utilizan el transporte público, y eso descongestiona mucho la ciudad. Tener buses eficientes y buen servicio son la clave para que el consumo de vehículos privados disminuya”, enfatiza.

Sin embargo, la mirada prospectiva del organismo que se dedique a estudios de futuro no solo sería dirigida al foco urbano del Puerto Principal. Por ser una ciudad a la que llegan pobladores de otros puntos, la planificación deberá incluir a autoridades de los municipios cercanos, pues son habitantes de comunidades y cantones vecinos quienes llegan a vivir a las zonas populares de la ciudad, y algunas veces en terrenos no habitables como las periferias. La consecuencia es que estos sectores son parte del 40% de la población en esta ciudad, y será mayor si no se actúa a tiempo.

Ante ello, el ex alcalde considera que los gobiernos de cantones pequeños deben generar mecanismos que incidan en la permanencia de sus pobladores, para así contrarrestar la migración.

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Al hablar del futuro es imprescindible incluir también al medioambiente. Guayaquil deberá sembrar más árboles para contrarrestar la oleada de cemento y hierro que se utilizará en los próximos proyectos industriales y de vivienda. La solución no llegará de la noche a la mañana, opina Francisco, y para los guayaquileños “10 años parecen mucho”. Por eso se recomienda mantener los árboles que existen en los patios y jardines, los cuales, a más de purificar el ambiente también dan sombra, y sería un esfuerzo individual pensando colectivamente.

Las temperaturas que han superado los 35 grados centígrados en las últimas semanas, llaman a la sociedad a expandir los pulmones que aún quedan en Guayaquil, los mismos que están ligados a otras aristas que contempla la visión del organismo como salud, turismo y educación.

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