Una obra de de titanes

Por: Maritza Carvajal
Febrero - marzo, 2012
Un centenar de urbanizaciones, además de centros comerciales, bancos y edificios de oficinas marcan el desarrollo urbanístico de La Vía a Samborondón. Los promotores inmobiliarios privados son los gestores de la transformación. En La Puntilla aún queda el 50% del terreno para urbanizar y ejecutar nuevos proyectos.

Los escenarios son diferentes. Una carretera de dos vías se transforma luego en una autopista de cuatro o cinco carriles de ida y vuelta, dependiendo del tramo. Plantaciones de arroz y hatos de vacunos dan paso a urbanizaciones cerradas, en cuyo interior se avistan casas unifamiliares de arquitectura moderna, con acceso a servicios básicos y sitios de esparcimiento. Las piladoras que procesan la gramínea ceden terreno, más adelante, a centros comerciales y bancarios…

Una persona puede variar de uno a otro ambiente en alrededor de media hora. Ese es el tiempo que toma trasladarse desde la cabecera cantonal de Samborondón, que tiene igual nombre, a la parroquia urbana La Puntilla de la misma jurisdicción, situada a unos diez minutos de Guayaquil.

En la zona se registra un desarrollo urbanístico singular y éste se refleja en las cifras. Durante los últimos 20 años, en el cantón Samborondón, el número de viviendas casi se triplicó. En 1990, el V Censo de Población y IV efectuado por el Instituto Nacional de Estadística y Censo, INEC, contabilizó 6.998 casas mientras que el Censo correspondiente a 2010 registró 20.940. Otras 934 estaban en construcción ese mismo año. Además, dos décadas atrás, el 25,93% de las casas estaba en el sector urbano y el resto en el rural. Hoy, el 64,91% de las viviendas está en la zona urbana.

Otro indicador del despunte urbanístico del sector está en el número de habitantes. Entre 2001 y 2010, mientras el número de habitantes de Guayaquil crecía 15,25%, los residentes de Samborondón aumentaban 48,62%.

Asimismo, mientras en Guayaquil los sectores para nuevas edificaciones escasean, La Puntilla tiene todavía el 50% de su territorio para urbanizar y construir nuevos proyectos, de acuerdo con los datos que maneja el Municipio de Samborondón. De allí que, el proceso de urbanización continúa al mismo ritmo en 2011. “Todavía hay demanda para un segmento de la población de ingresos medio-alto y alto”, afirma Andrés Ortega, de Terrabienes, promotora inmobiliaria que impulsa el proyecto de Puerto Mocolí en la Isla Mocolí en esa zona.

En La Puntilla, las familias tienden a vivir en casas o villas unifamiliares. En 2010, del total de 20.940 viviendas, el 72% eran casas o villas y 14% departamentos, porcentajes que resultan de comparar las cifras del INEC.

En la zona se registra un desarrollo urbanístico singular y éste se refleja en las cifras. Durante los últimos 20 años, en el cantón Samborondón, el número de viviendas casi se triplicó.

A Samborondón llega un promedio de 1.000 familias al año, y de ellas el 80% proviene de Guayaquil, de acuerdo con los cálculos del Alcalde de Samborondón, José Yúnez Parra. ¿Los motivos? La seguridad, la ausencia de contaminación, la cercanía con la naturaleza y por supuesto, la proximidad a Guayaquil, el centro urbano que es uno de los motores del crecimiento económico de Ecuador.

Así lo ratifican antiguos habitantes de Guayaquil, que ahora habitan en la parroquia urbana La Puntilla, comúnmente conocida como la vía a Samborondón.
Elizabeth Gutiérrez de Torres, su esposo e hijos se mudaron hace dos años desde la ciudadela La Alborada, en el norte de Guayaquil, a la urbanización Ciudad Celeste, en la vía a Samborondón. “La urbanización es cerrada, lo que nos ofrece mayor seguridad, vivimos sin ruido, ni la contaminación de la ciudad y además tenemos contacto con la naturaleza”. Por sus intereses ecológicos, ella está satisfecha con el cambio.

Un criterio similar tiene Mónica Maruri de Del Pozo, decana de la Facultad de Comunicación de la UEES. Ella y su familia vivían en El Barrio del Centenario, una urbanización tradicional al sur de Guayaquil. En el trayecto de su antigua casa a su trabajo y viceversa veía con frecuencia como delincuentes rompían los vidrios de los carros para robar las pertenencias de los conductores. Esas escenas la atemorizaban. “Ahora estamos más tranquilos y en mi casa las ventanas no tienen rejas”, precisa la académica y comunicadora.

Entre 2001 y 2010, mientras el número de habitantes de Guayaquil crecía 15,25%, los residentes de Samborondón aumentaban 48,62%.


En sus inicios, la vía a Samborondón creció de manera desordenada, según los expertos. Hoy avanza de forma más estructurada y organizada.

Un motivo adicional para el desarrollo urbanístico de la vía a Sambondondón es la proximidad a Guayaquil, cantón en que la construcción está limitada por la geografía. “En Guayaquil casi no existen lotes interesantes para hacer grandes desarrollos urbanísticos”, anota Juan Carlos Concha, gerente comercial de Urbanis, firma que tiene proyectos en otro filón de desarrollo, la vía a Daule.

Para urbanizar y construir en Guayaquil sólo queda la vía a la Costa. En aquella área, durante muchos años hubo problemas de tenencia de tierras, lo que impidió que los promotores urbanísticos privados invirtieran allí para satisfacer la demanda por vivienda, comenta el Director de Ingeniería Civil de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Especialidades Espíritu Santo, Urbano Caicedo. Ese aspecto incidió para que los constructores miraran hacia otro lado.

En aquella época, la alternativa natural fue La Puntilla, jurisdicción de Samborondón, a la que se llega en unos diez minutos, tras cruzar el Puente de la Unidad Nacional, construido en 1971.

Las primeras urbanizaciones en dicha parroquia fueron Entre Ríos y La Puntilla. En la actualidad existen alrededor de un centenar de urbanizaciones levantadas en ambos costados de la vía.

El desarrollo urbanístico que se observa ahora empezó en la nada, en “terrenos pelados”, recuerda Andrés Ortega de Terrabienes. En el sector, la promotora inmobiliaria construyó Laguna del Sol, a un costo de urbanización del terreno (relleno, infraestructura e la instalación de los servicios de agua, luz, alcantarillado) de 50 dólares por metro cuadrado, sin contar con el valor del terreno propiamente dicho. En la actualidad, los costos de urbanizar los lotes de terreno pueden variar entre 40 y 45 dólares para las promotoras inmobiliarias, también sin incluir el valor del predio. Además depende de las condiciones del sector.

Por ello, la actividad constructora en La Puntilla se asemeja a una obra de titanes. “Lo que ocurrió en la vía a Samborondón fue impulsado por las empresas inmobiliarias, fue una iniciativa privada”, anota el Director de Ingeniería Civil de la UEES, Urbano Caicedo. Y el Municipio de Samborondón contribuyó con la agilidad para aprobar los proyectos inmobiliarios, la reducción de los trámites y la aplicación de impuestos y tasas bajas, señala el Alcalde de ese cantón, José Yúnez.
La paulatina construcción de las urbanizaciones atrajo al comercio, los servicios y otras tantas actividades económicas, que surgieron como alternativa de la agricultura, ganadería y pesca, como sustento de los pobladores.

A los centros comerciales edificados hace más de una década en el sector se sumó la oferta más reciente de Plaza Lagos Town Center, Plaza Comercial DePrati, Plaza Navona y Almacenes Boyacá, entre otros, que acrecienta la oferta de trabajo en el sector.

En sus inicios, la vía a Samborondón creció de manera desordenada, según los expertos. Hoy avanza de forma más organizada y estructurada.

En agosto de 2004, la Universidad de Especialidades Espíritu Santo y el Georgia Institute of Technology, de Estados Unidos, elaboraron el Plan de Desarrollo de Samborondón para el Municipio de Samborondón. En el documento se prevé que el cantón triplique el número de sus habitantes a 180.000 personas. Ello presionará a la infraestructura, los servicios, a las plantaciones de arroz y a su tradicional cultura montubia, se indica en el informe. Para contrarrestar tales posibilidades, los autores dieron siete recomendaciones al Municipio. Entre ellas la estructuración de comunidades que incluyan un amplio rango de tipos de viviendas, edificadas en un centro de uso mixto con actividades comerciales, cívicas y servicios comunitarios. Además se propuso el desarrollo de lugares de trabajo para reducir la dependencia con Guayaquil, disminuir los tiempos y costos de transporte e incrementar los ingresos por impuestos. En esos sitios se debía incluir una zona de industria ligera asociada con la vía Perimetral y con el Puente Alterno Norte; y un desarrollo turístico asociado a los recursos naturales y escénicos como los cerros y los ríos, se agrega en el estudio.

Las primeras urbanizaciones fueron Entre Ríos y La Puntilla. En la actualidad existen alrededor de un centenar de urbanizaciones levantadas en ambos costados de la vía.

A la fecha, algunas sugerencias se cumplieron y otras tantas quedan pendientes.
El Decano de la Facultad de Arquitectura de la UEES, Rubén Muñoz, apunta el problema vial como uno de los principales retos de la zona. Él considera conveniente la construcción de 2 o 3 puentes para aliviar los atascos que se dan en las horas pico. Uno, a la altura del Km. 10 hacia la vía marginal a Daule para resolver el congestionamiento que se presenta desde el Km. 3 de la vía a Samborondón hacia Guayaquil.

Además, la construcción de vías paralelas para no sobrecargar la carretera de cinco carriles. Otra opción es el desarrollo de centros comerciales de abastecimiento y de transporte. “Así, quien viva en Samborondón no tendrá que trasladarse a Guayaquil para trabajar, como ocurre en la actualidad, lo que disminuiría el problema de movilización”, precisó.
Muñoz propone un mayor control a la densidad habitacional. En los últimos años el Municipio permitió la construcción de una mayor cantidad de viviendas por hectárea, lo que para el promotor de viviendas resulta rentable y comercial, pero que genera inconvenientes en los servicios básicos, indica. A La Puntilla también le falta un servicio de transporte público. “Hasta ahora todos los transportes públicos vienen de Guayaquil, no hay un transporte de la zona”, dice.

La falta de coordinación entre los municipios colindantes también inquieta a Muñoz. “Hasta ahora la planificación no se ha dado en función de la región para anticipar soluciones a los problemas que se puedan presentar a futuro”, advierte.

Andrés Ortega de Terrabienes también considera que a la vía a Samborondón le falta un mejor ordenamiento del tráfico. “Samborondón no tiene vías alternas de entrada o salida, lo que genera el congestionamiento vehicular”, anotó.

El Municipio de Samborondón está consciente de la situación. El Alcalde, Jorge Yúnez, anota que la regulación para continuar el desarrollo urbanístico en La Puntilla se dará en función de la capacidad de la infraestructura de los servicios básicos y de la limitada vialidad existente.

Además, el Plan de Desarrollo Cantonal que se aprobará en noviembre de este año, establecerá la zonificación de áreas de desarrollo para escuelas, para ciudadelas, zonas industriales no contaminantes. “Samborondón crecerá con orden”, dice el funcionario.

Yúnez agrega que el crecimiento será hacia adentro de los límites urbanos, para minimizar la posibilidad de crecimiento hacia las áreas vecinas en virtud de su uso agrícola, y en consecuencia, para preservar la seguridad alimentaria.

De ser así, las plantaciones de arroz, los hatos de vacuno y las piladoras que aparecen en buena parte del recorrido entre la cabecera cantonal y la parroquia urbana La Puntilla, sustento de los nativos de Samborondón, estarán protegidos del paulatino avance de la zona urbana. Solo el tiempo lo dirá.

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