Por: Caridad Vela Febrero - marzo, 2012 |
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Dentro de su apretada agenda, el flamante ministro de desarrollo urbano y vivienda, Arq. Pedro Jaramillo, nos recibe en la oficina que ocupa desde hace dos meses. Por nuestro interés en las políticas gubernamentales relacionadas con el sector, CLAVE!, ha visitado estas instalaciones en repetidas ocasiones.
El Arq. Jaramillo inició su actividad profesional en el cargo de Coordinador Regional en Guayaquil de la Junta Nacional de la Vivienda, en la época del Presidente Febres Cordero. Desde ese cargo desarrolló programas masivos de vivienda como las varias etapas de Sauces y El Recreo.
A partir de ahí, su actividad la realizó en el ámbito privado, hasta que el destino nuevamente lo lleva tomar un giro hacia el sector público. “Ocupar este cargo me ha llevado a repensar la actitud crítica que mantiene el sector privado frente a la imagen del Gobierno”, nos dice.
Hombre de firmes convicciones, conceptos claros y profesional de intachable trayectoria es el nuevo Ministro. Su amable y abierta personalidad nos dan paso a una agradable conversación de conceptos y planes que pretende llevar a cabo desde esta privilegiada y merecida posición.
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¿A qué se refiere?
El trabajo es muy ejecutivo. Todas las estrategias que se aplican son de resultados. Existe una tecnología de punta que está permanentemente monitoreando a todos los ministerios y tenemos un sistema de conectividad entre todos los ministros para que la comunicación sea coordinada. La estructura de los gabinetes itinerantes es pensada con el objetivo de que, todos quienes estamos al mando de algún ministerio, podamos llegar directamente a la comunidad, sin intermediarios. Es el primer gobierno en la historia del Ecuador que ha logrado palpar en carne propia la realidad del país. Es una dinámica de comunicación interesantísima.
¿Cómo funciona el sistema de monitoreo de las actividades?
A través de un sistema que se llama el SIGOV, liderado por Sandra Naranjo, a quien conocemos como nuestro verdugo. Ella es la encargada de supervisar la ejecución de proyectos. Utiliza una especie de semáforos que representan niveles de cumplimiento de cada proyecto y permiten una calificación de cada ministerio para medir sus niveles de eficiencia.
¿Qué problemas se han detectado en su Ministerio?
Hay funcionarios de carrera que no tienen la dinámica de quienes estamos liderando estos modernos procesos. La consecuencia de esto es que a veces los ministros corremos el riesgo de trabajar con la información equivocada, porque no está actualizada o no ha sido prolijamente elaborada.
¿Algunas sorpresas positivas?
He tenido la grata sorpresa de encontrarme con muy buenos empresarios privados que están trabajando proyectos con este ministerio. Por ejemplo, Esteban Sevilla de Semaica y también Mutualista Pichincha que está construyendo vivienda para el Ministerio. Ellos han sabido entender la misión del gobierno y, desde su espacio en la empresa privada, han presentado propuestas importantes para el sector público.
¿Qué planes tiene en mente para este año?
Mi gran reto, cuyo compromiso asumí ante el Presidente de la República y ante el país, es el de cambiar la visión del Ministerio de Vivienda.
¿En qué sentido?
Desde hace mucho tiempo este Ministerio se ha dedicado a construir vivienda en el sentido de bajar los déficits cuantitativos y cualitativos que existen. Sin afán de ser despectivo, esta es una política viviendista de entregar casas a la gente para bajar la demanda insatisfecha y yo he sido crítico de este sistema masivo. Mi preocupación va más allá de eso, se enfoca a priorizar ciertos principios de desarrollo urbano.
¿Como cuáles?
Me preocupa la herencia que estamos dejando a las ciudades. Si bien el déficit se ha reducido sustancialmente, definitivamente no hemos logrado incidir en una política que ordene la ciudades y ese es el gran reto. No se está construyendo programas de vivienda, sino ciudades enteras con miles y miles de unidades habitacionales que generan requerimientos de servicios como agua, alcantarillado, recolección de basura, etc., que en muchos casos no se han desarrollado paralelamente. Esto hay que considerar seriamente en los planes del ministerio. |
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¿Hacía falta un arquitecto en este ministerio para pensar en esta política?
Esta vez nació en la mente del Arquitecto Presidente Correa. Él tiene una gran preocupación justamente por el tema del desarrollo urbano y ve la necesidad de una política de crecimiento de las ciudades, que parte de una lógica de desarrollo del país. Si usted mira, nuestros más grandes proyectos están en las urbes más grandes del Ecuador, lo cual contradice una política de equilibrio en el crecimiento de las ciudades.
¿Qué hacer al respecto?
A la luz de una política de desarrollo urbano debemos fortalecer el crecimiento de las ciudades pequeñas y medianas, construyendo ahí más vivienda, en lugar de hacerlo en las ciudades grandes. Construir en las ciudades grandes solamente genera mayor migración hacia ellas y eso provoca problemas que crecen como una bola de nieve. Hay problemas graves de invasiones, incluso en terrenos del Estado. Monte Sinaí es uno de ellos. Ahí hay gente viviendo más de 10 años. Un traficante invadió el terreno, lo lotizó y lo vendió. Diez años después, sigue cobrando por la seguridad. Esto no puede suceder. Es un tema a largo plazo pero hay que tomar acción y trabajar con aliados estratégicos. Entre ellos, principalmente con los municipios porque, además, ellos son en parte responsables del crecimiento desordenado de las ciudades.
¿Cómo lograr ese crecimiento con equilibrio a nivel nacional?
Justamente para eso estamos trabajando con el Presidente en lo que llamamos la Ley de Suelo y Hábitat. Contamos con asesoría internacional, de España, Italia y Colombia, para proponer lo que será esta ley. A través de este instrumento, los municipios podrán implementar una fuerte política de suelo. Evidentemente es imposible controlar una ciudad sino se tiene control sobre su suelo.
¿Hoy no existe ese control?
Nuestras ciudades han estado determinadas por regulaciones y normativas que parten de un análisis individual de cada municipio y abarcan exclusivamente temas elementales: cuántos metros de retiro en el frente, cuántos hacia atrás, cuántos a los lados y arranque su proyecto! Además, mientras más rentable sea, mejor. |
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¿Qué es lo que hace falta?
Hay ciudades cuyos códigos urbanísticos establecen zonas con metraje mínimo para áreas verdes y, entre otras cosas, especifican cuál es la relación entre espacios cerrados y espacios abiertos. En Quito, por ejemplo, nos estamos comiendo las posibilidades de espacios verdes. En la nueva Ley de Suelo y Hábitat daremos a los municipios la posibilidad de tener una política para determinar zonas, porque hasta ahora sólo hemos tenido una política de usos que diferencia lo que es vivienda de lo que es comercio, y determina cuántos pisos hacia arriba se puede construir. Los municipios han perdido toda su capacidad de generar reservas verdes y pulmones en la ciudad. Sucede en Guayaquil, en Quito, en menor grado también en Cuenca, y corremos el riesgo de que suceda en todo el país.
Como concepto, ¿esta nueva ley será el manual sobre el cual cada municipio estructure sus ordenanzas?
Exactamente. Y deberá acompañarse de una política de hábitat. Uno de los grandes cuellos de botella, por ejemplo para los programas de vivienda social, es que no hay suelo barato, porque el precio del metro cuadrado está determinado por el mercado. En todas las ciudades del mundo, los municipios tienen la prioridad de ejecución sobre el suelo. En Francia, por ejemplo, si un propietario va a vender un suelo importante, la primera opción de compra la tiene el municipio y es él quien establece un precio racional. |
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Así, cada municipio puede orientar las tendencias de desarrollo que quiere para su ciudad, y evita la subutilización de los suelos.
¿Algún ejemplo de suelo subutilizado?
En nuestras dos ciudades más grandes, Guayaquil y Quito, los municipios no tienen un banco de tierras que se pueda utilizar para proyectos específicos y tienen zonas consolidadas con suelo subutilizado. Un claro ejemplo es la zona de la Av. 10 de Agosto o la de la Av. La Prensa en Quito, donde hay terrenos de mucho valor que están copados de mecánicas pequeñas o puestos de comida informal. Hay que trabajar en lo que yo llamo la reconquista de la ciudad subutilizada.
¿Este específico ejemplo puede deberse a la ubicación actual del Aeropuerto?
No, porque la 10 de Agosto no afecta al cono de aproximación. La razón de esto es que no hay una política de orientación de usos o de control de costos. Esta es la consecuencia.
¿Cuál es el presupuesto que el Estado le asigna este año al Ministerio para el desarrollo de las obras?
No es un presupuesto fijo. De hecho, el presupuesto está siendo reformado. Hace pocos días tuve una reunión con el Ministro de Finanzas justamente para revisarlo y puedo anticipar que muy probablemente va a ser ampliado.
¿Continúa en vigencia el bono de la vivienda?
Justamente es uno de los temas que estamos trabajando. Al posesionarme me encontré con un ministerio que carga con una demanda insatisfecha represada de muchos proyectos que se calificaron para el bono, pero que no arrancaron por un tema de recursos. El Señor Presidente está en conocimiento de esto y pronto se tomará una decisión al respecto.
¿A cuánto asciende esa demanda represada?
La demanda no atendida a la fecha asciende a 30.000 viviendas que se inscribieron para el bono de hasta $20.000.
¿Hay solución?
Estamos haciendo los esfuerzos para encontrar los recursos necesarios que significarían una asignación de $150 millones adicionales al presupuesto del MIDUVI. Hay la apertura del Presidente. Financieramente hay que ver de dónde surgen esos recursos en el tema de partidas. Probablemente se solicite un crédito al BID.
¿Y con la atención a esta demanda represada terminaría la vigencia del bono de la vivienda?
No necesariamente. Tenemos que hacer un nuevo planteamiento y una reformulación del bono. Otro tema importante es generar un sistema de control para hacer un seguimiento a la entrega de los bonos. Hemos detectado que gran parte del presupuesto se destinó al área rural y tenemos los primeros indicadores de que entre el 10 y el 15% de esas viviendas están vacías. Si estos resultados se confirman, estamos frente a un evidente desperdicio de recursos.
¿Cuál sería la estrategia?
Implementar un sistema post venta, a través de trabajadores sociales que monitoreen los proyectos en áreas rurales para entender la razón por la que esas viviendas están desocupadas. Si es porque no las necesitaban, hay que crear un proceso para proceder a recuperar esas viviendas. Es muy difícil poner un policía al pie de cada casa para verificar su ocupación, pero a través de las direcciones provinciales se puede ejercer este control.
¿En su calidad de Ministro, usted es Presidente del Directorio del Banco Ecuatoriano de la Vivienda, BEV?
Así es.
¿Va a continuar el crédito del BEV para el constructor de vivienda de hasta $20.000?
En este momento estamos ocupados en definir el retorno que deberíamos tener, producto de los créditos otorgados para este tipo de vivienda. A través del MIDUVI hemos canalizado $40 millones para bonos de vivienda que se han entregado directamente a los constructores de los proyectos, pero estos desembolsos no han sido plenamente justificados todavía. Estamos solicitando la información, con nombre y apellido, de los beneficiarios del bono. Si bien es cierto que el crédito al constructor ha sido un mecanismo buenísimo de apoyo para la construcción de este tipo de proyectos, el objetivo final es entregar vivienda a las personas, a los ecuatorianos de bajos recursos.
¿Habrá continuidad a los proyectos que estaban en carpeta?
Obviamente habrá continuidad con los proyectos que están en marcha. Son proyectos grandes, por ejemplo, en Guayaquil tenemos Ciudad Victoria que proyecta generar 8.000 viviendas y Socio Vivienda 2 que son 14.000 viviendas. En Manta tenemos un convenio para otro programa nuevo de 10.000 viviendas que lo estamos revisando. La inversión realizada en vivienda es histórica, bordea los $1.000 millones en los cuatro años de Gobierno. Los resultados están a la vista y continuaremos en ese camino.
¿Cómo ve el año 2012 para el sector de la construcción?
Creo que el sector de la construcción nunca ha estado mejor. Los indicadores económicos lo dicen todo. El país está creciendo, hay gasto público, la capacidad adquisitiva de la gente ha crecido y no hay mejor inversión que la inversión del sector inmobiliario. |
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