Por: Lorena Ballesteros

El vínculo de la ciudad con sus espacios verdes debe ser sumamente estrecho. Si bien las modernas infraestructuras son símbolo de desarrollo, la concepción urbana actual está enfocada también en la sostenibilidad y la facilidad que el entorno público brinda al ciudadano.

Daniela Dávalos, quiteña y arquitecta paisajista, trabaja en la Gerencia de Administración de Parques y Espacios Verdes de la EPMMOP. Ella, con su experiencia, además en medio ambiente y espacios sostenibles, ha llegado para nutrir un área de suma importancia para el Municipio: la que protege, potencia y consolida espacios públicos que satisfagan necesidades específicas de la comunidad, y que conviertan a Quito en una ciudad que propicie calidad de vida para todos los estratos socioeconómicos.

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¿Cuál es la función del paisajista en el modelo de gestión urbana?

Tiene la responsabilidad de estudiar las dinámicas de la ciudad, entender qué tipos de espacios públicos y espacios verdes necesita; diseñar lugares de recreación, entretenimiento, enrolamiento social, y que a su vez tengan relación con la naturaleza y sirvan para grandes congregaciones.

¿Qué pasa con Quito en el ámbito de espacios verdes y diseño paisajista?

Es interesante porque hay una alta participación ciudadana. Todavía vivimos en un modelo de barrios unidos, hay comités pro mejoras o comités barriales, en los cuales los vecinos se mantienen activos y detectan sus propias necesidades. Aquí es donde se puede propiciar esa preocupación por desarrollar y conservar espacios verdes, pero todavía hay resistencia al enrolamiento.

Daniela Dávalos

Daniela Dávalos

¿A qué te refieres?

Lo menciono en términos generales, porque siempre hay excepciones, pero existen tabús y estigmas con respecto a los árboles. Por ejemplo, hay barrios que quieren menos árboles porque piensan que son el escondite ideal para los ladrones, para que duerman vagabundos, o porque que dañan las aceras. También ocurre que como no hay apropiación, causa malestar. Se debe entender el precepto de que el espacio público es de todos, y romper con esa idea de que no pertenece a nadie.

¿Cómo definirías al espacio público?

Es en donde sucede la vida, y es importante definir sus funciones y beneficios. Es un espacio de todos que mejora la calidad de vida, que es fundamental para la dinámica de la ciudad, porque hay personas que no tienen acceso a un jardín, a espacios de recreación para sus hijos, o para ejercitarse, y por ello son fundamentales los espacios públicos. Existen ciudades en las que la calidad de vida está determinada por los espacios que brinda la ciudad.

¿Con qué ciudad te identificas?

Desde mi experiencia personal puedo referirme a Sydney y a Melbourne en Australia. La vida gira alrededor de los espacios públicos: playas, parques, senderos, la Opera House, etc. Esto mejora la experiencia en la ciudad.

Quito será anfitrión de Habitat III, ¿esto ha influido en tu gestión?

Desde hace meses trabajamos con esa idea. Es un espacio interesante porque abre la discusión sobre qué define a las ciudades sostenibles, y la verdad es que son varios temas. Entre ellos, movilidad, ecología, comunidad…

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¿Cómo ves a Quito desde tu perspectiva de ecología urbana?

A Quito todavía le hacen falta espacios de congregación de alta calidad. Con esto me refiero a lugares a los que puedas acceder en bicicleta y que puedas caminar tranquilamente, que sean seguros y que exista un vínculo con la naturaleza a través de la vegetación y el arbolado. Esta administración da mucho apoyo a este tipo de proyectos que buscan sostenibilidad. Se están desarrollando parques de alta calidad para beneficiar a la población.

¿Cuáles son esos parques?

Por ejemplo, el parque Navarro que también se le conoce como el parque de las tripas, en el barrio La Vicentina. El parque estaba en pésimas condiciones y completamente abandonado. La recuperación del parque contempla desde infraestructura, el manejo paisajista y el arbolado. En este renovado espacio se va a incorporar a las señoras de las tripas, quienes además representan un símbolo de tradición quiteña.

¿La nueva Carolina también forma parte de este plan de espacios de alta calidad?

Sí, es un proyecto muy bien concebido. Ha sido un impulso del Municipio por cambiar la mentalidad del ciudadano. Antes se tenía esa idea de que al quiteño no le puedes dar infraestructura de alta calidad porque no la cuida, porque hay vandalismo, etc. Se ha demostrado que La Carolina puede contar con una pista atlética que cumple con los mayores estándares mundiales para aportar a la calidad de vida del deportista quiteño, al igual que las canchas de fútbol y básquet.

¿Qué va a pasar con el parque Bicentenario?

Está en un proceso de desarrollo y existe un diseño para que se consolide como un parque urbano de suma importancia para la urbe. Sin embargo, su ejecución está un poco en stand by porque depende del Metro de Quito. Una vez que se termine la construcción de las estaciones se podrá tener una mejor idea del futuro del parque y de su diseño definitivo.

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¿Qué debe tener un espacio público para que sea atractivo para el ciudadano?

Para crear un espacio público es importante estudiar las características del área de influencia, densidad demográfica, actividades de los ciudadanos, necesidades del sector, la afluencia de gente. Debe pensárselo como un lugar para convivir entre estratos socioeconómicos, para conocer e identificarse con la ciudad.

¿Otros espacios verdes importantes en Quito?

Hay que comprender que además de los parques y del arbolado urbano, Quito es una ciudad muy bendecida por sus quebradas. Por ejemplo, la del Ilaló o la del Pichincha. Aunque su recuperación y mantenimiento le conciernen más a la Secretaría de Ambiente, es deber de todos los quiteños preservar estos espacios y sentirnos orgullosos. Hay una biodiversidad increíble y allí se encuentran muchísimas especies nativas.

¿Cómo está la ciudad en términos de arbolado urbano?

Es apasionante, es súper importante por los servicios ecosistémicos que brindan a Quito. Esta es una de mis áreas de acción y puedo decir que se han dado pasos muy importantes. Hemos hecho análisis de especies, se ha diferenciado entre especies nativas e introducidas. La gestión de arbolado urbano permite saber qué tipo de árboles dan mejor sombra, a qué espacios se adaptan, cómo introducir vegetación en los parques, etc.

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¿Qué tipo de vegetación se encuentra en Quito?

Trabajamos mucho con especies nativas: gaubos, cholanes, gingines, arupos, acacias motilones, nogales, comocumbis.

¿Se están preservando las especies?

Tenemos un proyecto de semilleros y viveros maravilloso. Con el banco de semillas identificamos las fuentes semilleras de nativos de Ecuador y que se dan en Quito. Nos desplazamos a los lugares en donde crecen y cosechamos semillas, luego hacemos todo un proceso para entender cómo es la germinación de cada semilla y qué hace que una especie sea distinta de la otra. En el caso de los viveros ya hay muchos árboles que han sido tratados para la urbe, así se incorporan ya listos para sobrevivir en el entorno.

¿Qué hace falta o cuál es el camino por recorrer?

Existe un plan maravilloso de hacer un censo de todo el arbolado, que es un trabajo extremo en términos de complejidad. En Bogotá se tiene contabilizado árbol por árbol, especie por especie, su estado de salud, y así se logran estadísticas que ayudan a mejorar la gestión. Realizar un censo puede tardar años, pero permite trabajar en la buena salud de los árboles, establecer cronogramas para las podas y fumigaciones, y aportar al embellecimiento del entorno de manera estructurada.

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¿Es costoso?

Sí, y requiere de un equipo de trabajo técnico muy profesional, pero en ese aspecto de profesionalismo técnico, esta administración ha dado pasos muy importantes. Se ha consolidado un equipo de trabajo especializado para manejar el arbolado urbano, y estrategias como estas se seguirán aplicando en beneficio de la comunidad en general.

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