Intercultural

Por: Ana María Buitrón

Proyectos turísticos y sociales surgen en un oasis a 30 minutos de Quito. Nono es una parroquia de la provincia de Pichincha y en su geografía habitan 1.000 personas. Es tan bella que su ruralidad impresiona con paisajes de montañas verdes, turismo ecológico, casas patrimoniales coloridas, caballos para cabalgatas, comida típica y un clima muy particular con días de sol y de nubes.

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El grupo Nono Unido inició sus actividades en 2013, a partir del entusiasmo y gran iniciativa de Daniel Álvarez y Juan Francisco Donoso, dos amigos que se conocieron en esta región y se propusieron activar el sector turístico con un enfoque social e inclusivo.

Después de un minucioso análisis de las necesidades y oportunidades que presenta Nono, sumado al trabajo voluntario de cuatro familias del sector y de algunos miembros de la comunidad, decidieron enfocarse en dos proyectos: Nono Colorido y Maná.

Daniel ÁLvarez, representante grupo Nono Unido

Daniel Álvarez, representante grupo Nono Unido

NONO COLORIDO

Se creó a partir de la voluntad de atraer a más visitantes e invitarles a recorrer este poblado en las laderas del Volcán Pichincha. La primera iniciativa de este proyecto se ha concentrado en pintar y decorar las casas para crear una atmósfera más pintoresca y alegre, así como colocar basureros para un correcto manejo de los desperdicios.

La infraestructura de las casas de Nono se caracteriza por su historia y acabados sencillos, de materiales mixtos como adobe y madera. Por ello, algunas viviendas son consideradas patrimoniales y se encuentran en proceso de restauración.

A simple vista la imaginación vuela al pensar cómo se sentirá vivir dentro de estas pequeñas viviendas, de colores cálidos y flores multicolor. Algunas casas ofrecen servicio de restaurante o son pequeñas tiendas que invitan a degustar recetas tradicionales.

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Sin embargo, la magia que actualmente despliega Nono se debe al trabajo de los fundadores de este proyecto y al liderazgo de dos personas y especiales seres humanos: Marcolfa Castillo y Mariana Palacio. Iniciaron hace tres años, con un programa piloto que abarcaba la pintura y decoración externa de cuatro casas y gracias al apoyo de amigos y lugareños cumplieron este primer esfuerzo. Hasta la fecha se han intervenido 47 casas, durante cinco jornadas. Se han realizado convocatorias abiertas donde las manos de los voluntarios han sido decidoras e inclusive se contó con el poyo de la Universidad de las Américas.

Para decorar y adecentar las viviendas se requiere la aprobación de sus dueños y del trabajo mancomunado para mantener estas implementaciones a largo plazo.

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MANÁ

Este proyecto que significa “más amor para noneños con años” se inauguró en 2014 y se organizó para ayudar a los adultos mayores que representan la población mayoritaria. Se analizó de manera particular cada caso para asistir a quienes más lo necesitan, ya sea por falta de recursos o discapacidad física. Consiste en brindar todos los días un almuerzo saludable y balanceado en la puerta de cada hogar.

La iniciativa la coordina Daniel Álvarez y se sustenta por el patrocinio de un servicio de catering y por la cuota mensual recaudada a través del aporte de los miembros de Nono Unido. De la mano de este proyecto se creó un sistema de gestión de residuos, para evitar la acumulación de plásticos y para apoyar al reciclaje de las tarrinas que proveen la alimentación.

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La visión a mediano y largo plazo es que estos programas sean sustentables y sostenibles ya que se han levantado de manera privada y con esfuerzos diarios. Estas iniciativas proponen y evidencian cambios sociales, pues al basarse en esfuerzos colaborativos, la comunidad ha sembrado una mejor comunicación y acciones de solidaridad entre los habitantes.

Complementario a estos dos programas se creó Nono Seguro, un sistema de prevención para mantener la tranquilidad de la población que ofrece un servicio de cámaras de seguridad que vigilan las propiedades y espacios comunales.

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Otro de los objetivos fundamentales de este colectivo es mejorar la calidad de vida puertas adentro, ya que esta población presenta problemas sociales y un alto índice de migración a ciudades mayores. Daniel Álvarez y sus amigos sueñan con un pueblo donde los jóvenes valoren la ruralidad en la que crecieron y se cultiven para trabajar por este territorio, su cultura y bienestar.

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Nono Unido se fundó con seis colaboradores y ahora son doce. Daniel nos cuenta con alegría que empiezan a cosechar los frutos de su labor al recibir más turistas y al apreciar cómo aprovechan de los encantos de esta tierra, abrigada con el silencio y la paz, a través de los recorridos a caballo por los bosques empinados, las caminatas por la reserva Yanacocha, la cascada de Guagrapamba, y los paseos familiares donde los más pequeños pueden disfrutar de los animales y los espacios lúdicos.

Para que la experiencia del visitante sea aún más completa existe la opción de hospedarse en algunas de las casas de hacienda y disfrutar de este ambiente campestre, tan sorprendente, tan tranquilo, tan amigable que provoca quedarse para siempre.

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