Por: María Fernanda Ampuero

I

No nacemos en un país, nacemos en una ciudad. La ciudad nos da y nos quita, nos condiciona. Nos moldea y nos estropea. Somos de ella, tanto como ella es nuestra. Sí, nuestro país común puede ser Ecuador, pero somos de Manta, de Cuenca, de Guayaquil, de Quito, de Vinces. Las ciudades son pequeños países. No hace falta decir las abismales diferencias que tenemos sus ciudadanos. Pregúntenle a cualquiera. Tantas como las que hay en cada familia: la ciudad es nuestra familia ampliada, nuestra casa grande. Con todo lo terrible, con todo lo atroz, con todo lo censurable y con todo lo maravilloso, lo único, lo extraordinario. No elegimos la familia como no elegimos la ciudad, pero somos eso, del nacimiento a la muerte, aunque nos vayamos a la otra punta del mundo: somos esto, en todos lados, somos esto:

No hallarás otra tierra ni otro mar.

La ciudad irá en ti siempre.

Volverás a las mismas calles.

Y en los mismos suburbios llegará tu vejez;

en la misma casa encanecerás.

Pues la ciudad es siempre la misma. Otra no busques -no la hay-.

(La ciudad. Constantino Cavafis)

Carne de su carne, habitantes de sus calles. Para odiarla o para amarla. Para extrañarla hasta las lágrimas. Para volver en la memoria. Para besar la tierra como se besan las manos de una madre.

La ciudad soy yo. Yo soy la ciudad.

Para siempre.

María Fernanda Ampuero

María Fernanda Ampuero

II

Este octubre, del 17 al 20, se celebrará en Quito uno de los eventos más importantes que se hayan llevado a cabo en nuestro país. Se trata de la III edición de la Conferencia Hábitat, un encuentro de las Naciones Unidas que se celebra cada veinte años –1976: Vancouver, 1996: Estambul– para hablar sobre urbanismo, vivienda, desarrollo sostenible y establecer una nueva agenda política que promueva la equidad, bienestar y prosperidad en un mundo en el que el 54,5% de la población es urbana.

El desafío es tremendo. Partiendo de las sencillas preguntas ¿Dónde vivo? ¿Dónde quiero vivir? Hay que repensar los espacios públicos, la movilidad, la inclusión, el acceso a los servicios básicos, la desigualdad, la vivienda, la sostenibilidad y, en fin, todo lo que comprende un espacio tan imposiblemente humano –y, por lo tanto, caótico, violento, desmesurado– como la ciudad.

Somos como es la ciudad. La ciudad es como somos nosotros. Vaya: la hemos hecho a nuestra imagen y semejanza. Entonces, mirémonos primero a nosotros. Es decir, ¿es posible pensar la ciudad sin pensar a sus habitantes? ¿Es posible trasladar, por ejemplo, un modelo nórdico a una ciudad latinoamericana? ¿Es posible hacer de la ciudad latinoamericana un lugar más seguro, inclusivo, sostenible, sano?

Esa y otras miles de preguntas se harán en Hábitat buscando respuestas que beneficien a las millones de personas que conforman esa megalópolis que es La Ciudad Latinoamericana, un ente, un fantasma, un sueño, que no existe, pero que comparte misterios gozosos, misterios luminosos y misterios dolorosos. Comparte muertes y resurrecciones. Y fiestas y desgracias. Y capacidad de reinventarse. Y a Celia Cruz.

Todo aquel que piense que la vida siempre es cruel,

tiene que saber que no es así,

que tan solo hay momentos malos, y todo pasa.

Todo aquel que piense que esto nunca va a cambiar,

tiene que saber que no es así,

que al mal tiempo buena cara, y todo pasa.

Ay, no hay que llorar, que la vida es un carnaval,

y es más bello vivir cantando.

Oh, oh, oh, ay, no hay que llorar,

que la vida es un carnaval

y las penas se van cantando.

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III

Una ciudad es un organismo vivo. En esta edición de Hábitat se dará mucha importancia a la capacidad de resiliencia, es decir la capacidad de afrontar las adversidades y salir adelante con perseverancia, tenacidad y acciones que permitan avanzar contra la corriente. La resiliencia latinoamericana será muy importante como tema de análisis porque este continente, sabemos, ha enfrentado y enfrenta a diario desde México a Argentina, todo lo nombrable e innombrable –guerrillas, guerras, dictaduras, guerras civiles, narcotráfico, feminicidios, contaminación, violencia callejera, pandillas, delincuencia, corrupción, desastres naturales, golpes de estado, crisis financieras y un larguísimo etcétera–. ¿Cómo se puede vivir así? ¿Cómo se puede sobrevivir así? Quito será la sede de un apasionante debate sobre qué hace que Latinoamérica se mantenga en pie y qué proponen sus dirigentes para que todos esos errores y horrores se reparen para los niños y niñas latinoamericanos, ciudadanos de estas ciudades el día de mañana.

IV

Ese organismo que es la ciudad, la suma de todos sus habitantes, demuestra su capacidad de resiliencia, por ejemplo, ante un desastre natural. El terremoto del pasado abril en la costa ecuatoriana, concretamente en Manabí, será uno de los temas a tratarse. La reconstrucción, lo que se ha perdido y lo que se ha ganado. El ponerse en pie. Manabí, su energía y su voluntad de reconstruir lo que destruyó el terremoto, tanto el externo como el interno, como ejemplo para el mundo.

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V

Y luego está Venezuela, intentar contar lo que está pasando en Caracas. No se puede. Tal vez la poesía pueda. Ojalá.

A veces cuesta levantarse en esta ciudad. Salir por cualquier puerta o resquicio puede significar el camino a la muerte, bajo el brazo inclemente de la miseria o simplemente del aburrimiento. 
Pero también la ciudad puede ser amable y tierna, puede ser la diferencia porque sé, con certeza, que estarás allí, ese espacio que ocupas me devuelve la calma y me prepara el camino para otros días de ausencia.
 Así es esta ciudad, vive su vida, tuerce voluntades, nos atornilla a su destino. La contemplo y me doy cuenta de que no tengo a dónde ir, Caracas nunca pierde, no deja de latir (aún cuando tenga el pecho abierto y se esté desangrando). 
En ocasiones cuando te vas siento que caigo, pero la ciudad me recuerda que estamos hechos a su imagen y semejanza.

Claudia Noguera. De Caracas Mortal.

Caracas, estoy detrás de tus rodillas, con la joroba llena de dolor.
 Yo era para ti. Acércate y calma mi dolor, acaricia mi pelo. 
Este es nuestro tiempo, pero te haces vieja, 
lo dicen todos mis amigos, mis amigos derramados, 
descuartizados por todo el planeta. Mis amigos lejos de ti y de mi corazón.

De mi supremo ojo saltan monedas, de mi supremo amor 
cae el peso de tus ruidos industriales. Eres 
una autopista dorada, el mármol negro de la aceleración.
 Yo soy tu órgano rojo.

Odio los amaneceres, odio la brisa y la luz de la mañana,
 su nitidez intacta que pretende burlarse de mí. 
Esta es mi lanza, esta es mi bicha —digo como Arquíloco, 
apoyado en ella bebo y con mis músculos desafío a los barcos.

Así espero (esperamos) durante siglos 
la llegada del fantasma de Dios,
 el más evolucionado de todos los simios,
 oh Cristo verde, mutante resucitado que vendrá a incendiar nuestra ciudad 
pero yo le partiré la cara.

¿Qué cosa es la ciudad?, ¿nos interesa a los poetas?
¿Habrá ciudades después de la muerte?

Santiago Acosta. Caracas

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VI

Una de las actividades de Hábitat III es la edición de un libro de crónicas sobre ciudades latinoamericanas que será publicado gracias a una alianza entre la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano –FNPI–, la Secretaría de Cultura del Distrito Metropolitano de Quito y la CAF – Banco de Desarrollo de América Latina.

El proyecto tiene tres componentes: un seminario que se llevó a cabo en Quito a principios del pasado junio, el libro de crónicas y una exposición que se tomará todas las paredes del Centro Cultural Metropolitano, uno de los sitios culturales más grandes de Quito. Los textos tendrán el apoyo de los trabajos fotográficos que seleccione el curador español Claudí Carreras y el trabajo que desarrolle otro de los invitados, el infógrafo catalán Jaime Serra.

Los cronistas elegidos para escribir el libro son Carlos Martínez (San Salvador), Marcela Ribadeneira (Quito), Patricia Nieto (Medellín), Cristian Alarcón (Coyhaique), Alejandra Sánchez Insunza (Ciudad de México), Leo Felipe Campos (Caracas), Joseph Zárate (Iquitos), Mario Magalhaes (Río de Janeiro), Carlos Manuel Álvarez (La Habana) y María Fernanda Ampuero (Guayaquil). El editor del libro será el periodista venezolano Boris Muñoz, autor de varios libros, becario de la fundación Nieman para el periodismo de la Universidad de Harvard y colaborador de Gatopardo, Newsweek y The New Yorker.

Los ejes de las crónicas serán género, violencia, seguridad, medioambiente e inclusión social.

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