Cuenca, envidiable estilo de vida

Por: María Gracia Banderas

La tranquilidad de una ciudad en la que la vida transcurre a pasos menos agitados que los acostumbrados en las grandes ciudades, es evidente al momento de sumergirse en ella. El tráfico es menos tupido y las distancias son más cortas. Es el lugar perfecto para quienes buscan tener un ritmo de vida con grandes satisfacciones.

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La arquitectura e historia que se aprecia en Santa Ana de los Cuatro Ríos de Cuenca, nombrada como Patrimonio Cultural de la Humanidad, maravilla a todos los afortunados que viven en ella. En su casco colonial, cuyo estado de conservación se encuentra en excelentes condiciones, coexisten diversos estilos arquitectónicos. Desde el prehispánico y colonial, hasta el republicano y el moderno. Mientras tanto, el Río Tomebamba con su pasar brinda un sonido habitual al oído de todo cuencano. Vecindarios enteros al despertar en la mañana admiran su cauce y arrullan su noche con su peculiar canción.

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A las afueras de la ciudad, resguardada por extensos muros pintados de color amarillo, se encuentra la maravillosa casa de Lucía Palacios. Su claridad a la hora de definir sus prioridades es remarcable. Desde siempre supo que el tiempo con su familia era sagrado, estar presente para sus hijos y marido, y ser el centro y apoyo del núcleo más importante de la sociedad: la familia, era su prioridad. Apenas ingresamos a su casa sentimos calor de hogar, de familia, de tradición.

Cada casa que visitamos cuenta con sus particularidades y nos evoca distintas sensaciones. Como era de esperar, esta cálida casa es el vivo reflejo de la familia que en ella habita. Se caracteriza por la imperancia de un concepto arquitectónico contemporáneo, pero cuyos muebles y detalles en la decoración responden a un legado familiar que ha sido traspasado a través de varias generaciones.
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Es evidente la importancia que la religión tuvo en la vida de los ancestros de Lucía, entre los que incluso se cuentan algunos sacerdotes y monjas. Es así que cuadros, figuras y adornos rinden homenaje al catolicismo presente en la familia. Un crucifijo toma protagonismo en el hall de entrada, y una imagen de la Virgen María sobresale en la consola ubicada unos cuantos metros más allá. “Nos encantan las antigüedades, y de hecho tengo mucho arte religioso. También me encantan las fotos, guardar recuerdos…”, manifiesta la dueña de casa. La lámpara argentina colocada sobre el comedor, es un gran exponente del gusto que sus dueños tienen por exquisitos pero imponentes detalles.

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La casa cuenta con aproximadamente dos décadas de construcción y ha sido transformada a lo largo de los años, cada pieza se incorporó poco a poco. Los espacios fueron pensados para acoger a una numerosa familia conformada por Juan Pablo y Lucía; sus hijos Juan Pablo, Pedro Luis, Juan David y Cuni, el hijo mayor, quien ha traído la alegría de la primera nieta, Ana Gabriela, y una nuera adorable, Isabel. Actualmente prima el color blanco en las paredes de la casa, mientras que años atrás los detalles dorados y rojos sobresalían entre los elementos decorativos.

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Lucía señala que al momento de construir la casa notaron que era bastante grande, así que aprovecharon el espacio dando realce a una sala de estar en la que la familia pasa gran parte de tiempo. Otro de los lugares en el que más comparten es en la cocina. “Hubo una época en la que era cocinerísima, hacía tortas para matrimonios, dulces, de todo un poco”.
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Su esposo, Juan Pablo, fue quien la introdujo en el mundo de la hospitalidad. Lucía mostró mucho interés en esta área por lo que su marido, quien notó las habilidades innatas de su esposa, no dudó en motivarla para que aprendiera más y más de esta industria, una de las más importantes del momento en Cuenca.

Villa Rosa, un restaurante que se ha convertido en uno de los tradicionales de Cuenca, cuenta actualmente con casi 25 años de trayectoria. El hotel Santa Lucía, que fue nombrado en honor a su dueña, tiene más de una década de vida; mientras que la cafetería Melatte y el restaurante La Placita son las nuevas apuestas de Lucía, su Gerente General, su hijo mayor, Cuni el Gerente Operativo y “brazo derecho”, y su esposo Juan Pablo. Cabe mencionar que todos los miembros de la familia tienen participación activa en los negocios, así que no se puede esperar menos que servicios de excelentísima calidad cuando toda una familia trabaja por un objetivo en común.

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“Siempre fue mi sueño tener un hotel… la idea era tener un hotel boutique que esté muy bien montado, le pusimos todas las ganas, está ubicado en una casa antigua”, señala Lucía, quien además agrega que la hotelería es para ella la actividad perfecta porque le ha permitido desarrollarse como profesional, y paralelamente dedicar tiempo a sus hijos.

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Lucía es sin duda un ejemplo de tenacidad. Los resultados que ha conseguido a nivel profesional: un hotel con una reputación intachable, un restaurante reconocido por su gastronomía y excelente servicio, y sus nuevas propuestas que en su poco tiempo de vida han sido todo un éxito, demuestran su habilidad y minuciosidad en la industria. Por su parte, el mantener a una familia unida y con una excelente relación entre sus miembros, son la prueba de que esta mujer, con la dulzura que la caracteriza, ha conseguido lo que muchos, durante horas de definiciones filosóficas, llamarían éxito.

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