Por: Gabriela Burbano A.

 

Escondido en _MG_7497las faldas del tradicional cerro de San Juan, en las calles Montevideo y Luis Dávila, se encuentra el Centro de Arte Contemporáneo de Quito, inmueble de valor histórico que fue concebido como un sanatorio para enfermos de tuberculosis, sirvió como cuartel, fue usado como Hospital Militar durante 60 años, abandonado y posteriormente ocupado por 61 familias y, finalmente, recuperado y restaurado por el antiguo FONSAL para ser aprovechado como un espacio dedicado a las artes.

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Fue en el año 1899 cuando la Junta de Beneficencia Olmedo, de la ciudad de Guayaquil, aprobó el financiamiento del proyecto para la construcción del Sanatorio Vicente Rocafuerte en las afueras de la ciudad de Quito. En 1900 se dio inicio a la construcción de este lugar de acogida de enfermos de tuberculosis bajo la dirección, en un principio, del arquitecto de origen alemán Francisco Schmidt.

 

Para 1903 se culminaron los dos primeros pabellones del sanatorio y la entrada principal, con lo cual se empezó a usar el espacio. La construcción de esta esplendorosa edificación no estuvo exenta de dificultades: el planteamiento de reformas en sus planos originales, _MG_7433así como el uso de una estructura de hierro con vigas traídas desde el puerto de Guayaquil en mula, y otros materiales que llegaban desde Europa, entorpecieron el avance de la obra.

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La inestabilidad política y la repentina desaparición del arquitecto encargado de la obra, fueron otros de los obstáculos que demoraron la culminación de su levantamiento. Sin embargo, los impulsores no se rindieron fácilmente y encargaron su continuación a los arquitectos italianos Lorenzo Durini (padre) y Francisco Durini (hijo). Fue éste último quien a la muerte de su padre se ocupó de culminar la edificación en 1919.

 

_MG_7460De estilo neoclásico prevalente en la época, su parte frontal toma como punto de partida un corredor principal en forma de media luna, desde el que se distribuye en diez pabellones de dos plantas separados con patios intermedios. Esta zona fue usada para el funcionamiento de las áreas de atención a los enfermos. La concepción de su distribución se apoyó en los criterios técnicos de los sanatorios europeos, que ponían especial atención al aprovechamiento de la luz natural y a la fluidez de la ventilación.

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Su parte posterior se conforma por una planta rectangular con dos alas laterales; zona en la que funcionaban las cocinas, áreas de empleados y los cuartos de máquinas. Los extremos de estas dos alas coinciden con los del corredor en forma de media luna y forman dos patios interiores regulares, simétricos, con corredores semi abovedados con columnas dobles de hierro soportadas en bases de piedra.

 

Es, sin duda, una edificación que aún en nuestros días quita el aliento por ser uno de los conjuntos arquitectónicos civiles de mayor dimensión en el área antigua de la Quito.

 

Los primeros años de la década de los 20 marcaron el inicio de tiempos difíciles para nuestro país. La inestabilidad política y la convulsión general que se vivía llevó a los militares, dueños del edificio del sanatorio, a convertirlo en cuartel para el grupo de artillería Bolívar.

 

_MG_7392Para 1931, el país no lograba deshacerse de los desacuerdos y las dificultades económicas. El 29 de agosto de 1932 estalló la Guerra de los Cuatro Días por la descalificación del Congreso a Neptalí Bonifaz como Presidente de Ecuador. Este hecho estremeció a la ciudad de Quito que se convirtió en un campo de batalla. El edificio del antiguo Sanatorio, convertido a esas alturas en cuartel, fue el lugar desde donde se bombardeaba la ciudad y donde se cree que se depositaron los cuerpos de varios de los caídos en combate. El enfrentamiento dejó graves secuelas en la edificación tal como en el ánimo de los ecuatorianos.

 

El trágico recuerdo de este episodio y su concepción arquitectónica original, llevaron a los responsables del edificio a repararlo para convertirlo en el Hospital Militar de Quito, función que mantuvo por varias décadas.

 

La parte frontal del edificio –los diez pabellones anteriormente mencionados- fue destinada a la atención y acogida de los pacientes. El hospital contaba con áreas destinadas a laboratorios, sala de emergencias, una morgue, un quirófano, una capilla, dormitorios de las monjas que se dedicaban al cuidado de los enfermos, área de neonatología y pediatría, maternidad, cuartos para los enfermos de condición económica alta, patios de descanso y talleres para los médicos._MG_7484 (1)

 

Para los años 70, el edificio que ya había superado el medio siglo de vida, empezó a mostrar signos de fuerte deterioro. Ante ello, el Ejército Ecuatoriano planificó la construcción de nuevas instalaciones para dar atención a sus pacientes.

 

En 1979, este bello inmueble queda desocupado y empieza a ser cedido verbalmente por algunos políticos para ser utilizado como vivienda. Durante casi 30 años el edificio es ocupado por 61 familias que se dedicaban a actividades artesanales y oficios como carpintería, panadería, jardinería y mecánica.

Aunque el destino del uso de este edificio tuvo varios intentos fallidos y entregas no concretadas, en 1992 el ala derecha del antiguo sanatorio-cuartel-hospital fue entregada a la Escuela Taller San Andrés. Esta institución continúa, desde entonces, funcionando en este espacio.

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En 1996 las instituciones públicas volvieron su vista a este tesoro patrimonial. En enero de 2006 el Gobierno Nacional entregó en un comodato de 50 años el edificio al Municipio de Quito, y con ello se iniciaron censos y procesos de diálogo que lograran la desocupación del inmueble, con el propósito de recuperarlo y restaurarlo.

 

El proceso para el desalojo total del inmueble fue largo, pero finalmente se consiguió el objetivo. Una vez que el antiguo Hospital Militar fue desalojado totalmente, el Municipio Metropolitano de Quito, a través del ex Fondo de Salvamento del Patrimonio Cultural (FONSAL), tomó a cargo su recuperación, restauración y readecuación.

 

La intervención inició en junio de 2006 con la consolidación de muros y cubiertas, para luego definir la ocupación de cada una de las áreas y la implementación de la recuperación. Fue reabierto al público en agosto de 2008, en el marco de la celebración del Bicentenario del Primer Grito de la Independencia con la exhibición interactiva “La Revolución Quiteña”, un acercamiento histórico al movimiento independentista de Quito y al contexto en el que se desarrollaron los hechos del 10 de Agosto de 1809.

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Durante dos años los trabajos se encaminaron a convertir al antiguo Hospital Militar de Quito, monumento histórico y arquitectónico, en un referente del quehacer cultural en la ciudad y en el país. Actualmente, el edificio acoge al Centro de Arte Contemporáneo de Quito (CACQ), espacio que según explica Daniela Falconí, funcionaria del Departamento de Comunicación, “se dedica especialmente a la exhibición de muestras temporales de artistas contemporáneos que vienen de todas partes del mundo, y también de artistas contemporáneos ecuatorianos.” Además, tal como señala Daniela, las instalaciones del CACQ también se utilizan para la realización de eventos institucionales, ferias, conciertos y eventos lúdicos con fines educativos.

 

El CACQ ofrece a los usuarios no solo hermosos espacios arquitectónicos para la contemplación y la gestión de las artes, sino que presenta una imagen integral en la que es digno de admirar la belleza propia de la edificación, su perfecta armonía con el barrio en el que se emplaza, y una de las vistas panorámicas más cautivadoras y de más fácil acceso de Quito.

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