La sostenibilidad empieza en casa

Por: María Gracia Banderas

En artículos anteriores ha sido muy fácil describir exactamente cuál es la ruta de llegada a las casas en las que hemos sido partícipes de los más distinguidos estilos de vida. Pero, como todo en la vida, siempre a la regla se pondera una excepción. Y este es el caso.

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Con la ilusión de conocer el hogar de José Valdivieso, nos dirigimos hacia el valle de Tumbaco. Circunvalamos varias veces las distintas manzanas de la zona, el camino parecía largo, y sus calles sin duda alguna nos susurraban que estábamos perdidos, pero no darnos por vencidos hasta dar con la propiedad era nuestra misión. Finalmente llegamos.

Fuimos recibidos por la familia Valdivieso Laniado. El color verde del jardín, sus árboles y hermosas flores dan vida a los exteriores de esta casa en la que las prácticas sustentables son parte del día a día. Mientras nos disponíamos a conocer la vivienda, el aroma del café recién preparado se colaba a través de nuestros sentidos.

Una puerta elaborada en India con madera de teca da acceso al interior de la casa, cuyo candado, hecho en los años 1800, no pasa desapercibido. El color rosa de las paredes es el elemento que brinda particularidad a esta casa, decorada con reliquias familiares y elementos poco convencionales, como las bases de las columnas que se encuentran en el hall de entrada, un baúl de los años 1500 que originalmente sirvió para guardar granos, o una pintura cubana hecha en papel periódico de la época con pintura para automóviles.

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Sin embargo, lo que define a esta casa es que ha sido pensada y construida para que sus funciones puedan ser cumplidas a cabalidad respetando el medio ambiente y salvaguardando los recursos naturales. Desde el momento en el que se hicieron los planos, se tuvo en cuenta la separación de aguas. Es así que las aguas secundarias (lavabos, cocina, lavadora y duchas) sirven para el riego del jardín que se mantiene verde durante las épocas más secas del año.

Otro ejemplo es que en lugar de utilizar secadora de ropa, se ha dispuesto una zona de la casa que cumple las veces de solárium en el que las prendas de vestir son secadas por el viento. La casa es lo suficientemente luminosa como para prescindir del excesivo uso de luz eléctrica, y las ventanas cuentan con mallas que impiden la entrada de insectos al mantenerse abiertas, para así enfriar los espacios de manera natural sin necesidad de aire acondicionado. También utilizan ventiladores durante las actividades al aire libre, un BBQ por ejemplo, para generar turbulencia y alejar de esta manera a los moscos y sancudos, haciendo innecesario el uso de insecticidas y repelentes.

En el hogar de José y Denise toda la basura es separada, no compran fertilizantes para su jardín y utilizan abono realizado en casa. Estas prácticas pueden ser replicadas, como utilizar la cáscara de cacao en las macetas de los hogares. “Tenemos que reusar todo lo que se pueda”.

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José Valdivieso es Director Ejecutivo de la Fundación Conservación y Desarrollo, que promueve valores y prácticas de responsabilidad ambiental y social, además de buscar una producción sustentable en materia agrícola. Desde hace 20 años trabaja en procesos de sostenibilidad con metodología y tecnología inédita principalmente en lo que se refiere a cacao. “Hemos sacado cientos de genotipos nuevos, ADN totalmente ecuatoriano. Desde este punto podríamos demostrar que el cacao viene de Ecuador. Genéticamente todo el cacao del mundo vino del Yasuní y del Cuyabeno”.

El cacao sin duda es un eje productivo, y por ello el desarrollo de tecnologías es fundamental. “El cacao nacional vive en bosques prácticamente primarios y tiene comunidades que están alrededor, que son las que lo trabajan”. José señala que las fundaciones Conservación y Desarrollo, junto con Maquita Cushunchic, han conseguido elevar la producción nacional de cacao en los últimos 6 años, de 160.000 toneladas a 260.000, y el objetivo es llegar a 400.000 toneladas en los próximos 6 años, posicionando así a Ecuador como uno de los tres mayores productores mundiales de cacao, lo que implica que el país también aumentará su capacidad de bosques.

Los árboles de cacao, al ser un patrimonio de los ecuatorianos, han sido codificados y estudiados a cabalidad. “Hemos contribuido a que Ecuador tenga ADN suficiente para poder sostenernos por los próximos siglos sin tener que comprar a nadie, como sucede con otros productos que tenemos que adquirir en el extranjero para producir, como el café”. Además, a través del uso de un mapa organoeléptico se han detectado hasta la fecha alrededor de 260 sabores; “los perfiles del cacao se dan porque se tiene un perfil de bosque, quitas el bosque y se acabó el perfil, entonces hay que proteger los bosques”.

De hecho, se recomienda tener granos de cacao como parte de la decoración de los hogares porque, según manifiesta José, absorberán todos los olores de la habitación.

En cuanto a café se refiere, las fundaciones Conservación y Desarrollo junto con Maquita Cushunchic están donando 25.000 kilos de café, que permitirán el sembrío de 25.000 hectáreas en las que trabajarán el mismo número de familias en todo Ecuador. “Hemos traído los mejores genes del mundo, además de comprar la mejor semilla nacional, para que el país deje de importar café y pase a ser productor”. Se estima que en tres años la cosecha estará lista, representando entre $280 a $400 millones anuales.

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José considera que si los recursos son manejados de manera adecuada, si se realiza inversión en la base de la pirámide, si se hace conciencia del potencial que el país tiene y se aplican prácticas amigables con el medio ambiente, el aumento de producción sería significativo, y la salud de las ciudades también evidenciaría un cambio positivo.

“Las certificaciones estimulan la innovación. Si no innovamos no estamos vivos”. Es así que también trabaja con certificaciones que procuran minimizar los impactos ambientales que puede causar la operación turística como es el caso de Smart Voyager.

El reciclaje juega un papel fundamental en los procesos de aprovechamiento de recursos. “Perdemos tremenda energía, plásticos que se contaminan. Los desechos agrícolas se botan y no están siendo reingresados a la naturaleza. Cuánta energía perdemos…Tenemos la capacidad de ser las personas más sostenibles del mundo y no lo somos”, agrega que Cuenca y Loja son ejemplos cercanos de conciencia ambiental en esta materia.

Sus hijos Emilio y José Javier han aprendido esta forma de vida que procura la prolongación de recursos en beneficio de todos quienes forman parte de las escalas de producción, pero partiendo por sí mismos. “Emilio es un espectacular diseñador de juegos y dibujos animados en 3D, y en sus creaciones incluye como algo natural estas prácticas sostenibles”. Y es que con el ejemplo desde su hogar hasta la gran labor que realiza a nivel nacional, ha incorporado prácticas que permiten la optimización y cuidado de la naturaleza y sus bondades, partiendo de la premisa: “Ecuador es un país millonario, uno de los más ricos del mundo por todo lo que tiene, pero hemos perdido en estos procesos. Mientras más sostenibles seamos, mientras más innovadores seamos, nuestro futuro es enorme”.

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