Quito

Desde La Av. González Suárez
Su vida, su arte
Por: Lorena Ballesteros

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El universo de Elger Aragundi es azul. El artista plástico ha reinventado este color y con su obra lo ha conceptualizado en un marco minimalista pero muy expresivo. Su dinamismo también lo define, ha explorado campos como la pintura, el diseño, la fotografía e incluso la joyería.

Su primera exhibición se remonta a 1998 en Nueva York, con un tema sobre los Andes, muestra que también fue presentada en California un año más tarde. Es así que Elger forjó carrera artística en Estados Unidos, donde ha tenido gran acogida. Reside desde hace varios años en Miami, y desde allí, su nombre y su marca han despegado por todo lo alto.

Elger no desconoce sus raíces ecuatorianas. Y aunque considera que el arte tiene otra valorización en su país, y su evolución camina a pasos más lentos, todavía apuesta por seguir consolidando su trabajo en el mercado nacional. Todos los años se instala al menos tres meses en su hermoso departamento en la Av. González Suárez, que es el punto de partida ideal para quienes aún no conocen su maravilloso trabajo.

 

Entrar en este mundo es respirar arte en todas sus expresiones. Las paredes y los muebles son blancos, lo cual transgrede con las normas habituales de un espacio de residencia, pues de alguna manera da la sensación de estar en una galería de arte contemporánea o en el departamento de playa de alguna celebridad.

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La iluminación es alucinante. La claridad inunda y se mezcla con todas las expresiones culturales de Elger. Hay libros de narrativa, de decoración, de literatura mundial, cuadros de artistas como Guayasamín, Kingman, Enrique Tábara, y por supuesto, toda una colección de su autoría que se combina con piezas decorativas contemporáneas y muy llamativas. Todos los detalles, al igual que su obra, son de color azul, generando un contraste impactante con la pureza del blanco. Según nos cuenta, su departamento en Quito es blanco con azul, y el que tiene en Miami es azul con blanco.

Elger es un hombre culto, expresivo y muy extrovertido. Tiene el don de cautivar con su palabra, con los relatos. Su búsqueda por el sentido del arte ha sido muy profunda. Ha visitado 93 países, en muchos de ellos ha expuesto, en otros se ha presentado como artista, y en todos ha disfrutado de la expresividad de cada ciudad. Es de los que goza de perderse durante ocho horas en el Louvre, o recorrer el Museo de Arte Contemporáneo de Londres sin mirar el reloj. Disfruta de la astronomía, de la lectura y de la música. Tal es así que también prepara un libro de cocina para hombres, con una particularidad muy a su estilo: recetas de restaurantes emblemáticos de todo el mundo y una gráfica de mujeres desnudas con ingredientes o artículos que evocan la buena cocina. También ha dedicado tiempo y esfuerzo a la conceptualización de la figura femenina en su libro Whites, y en el próximo a presentarse, Blacks. En ambos rinde un homenaje muy especial a la mujer.

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¿Por qué escogiste expresar a través de color?

Cada artista escoge su manera de expresar. Yo escogí el color y la gestualidad. No hago bocetos de mi obra, entro directo al trazo y voy creando en ese momento. Así como Botero escogió el volumen, y otros artistas escogieron la figura, yo fui por el color. Mi arte es figurativo, abstracto, y a través del color se me identifica y reconoce.

Desde tu perspectiva, ¿qué es arte?

Arte es dejar algo de ti. Aunque suene vanidoso, es dejar tu legado. Es expresar. Es la expresión del ser humano. Desde que inicié tenía mucha dificultad para dos colores: el rojo y el azul. Pero el artista Jesús Cobo me habló de Yves Klein que pintaba todo en azul y fui estudiando un poco de esto.

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¿Y tu arte decantó por el azul?

Lo estudié durante años. Finalmente comprendí el sentido del color y hallé mi concepto. El blanco es la presencia de todos los colores; el negro es la ausencia de colores; y si mezclas los dos, es gris; pero universalmente es azul. Cuando descubrí eso encontré el camino de mi obra. Para conceptualizarlo comencé pintando al ser humano en el reflejo de luz, porque finalmente somos un haz de luz entre tanta oscuridad. Luego tenemos el camino del blanco hacia el azul, y del negro hacia el azul.

¿Es cierto que un artista debe tener una musa, una inspiración?

Mi inspiración es la vida. Trabajo entre cuatro y cinco horas diarias haciendo obra, y puedo tener claro la temática de lo que voy a trazar, pero finalmente la influencia es el estado de ánimo, la alegría, la tristeza. Hay motivaciones internas y externas. Lo que conoces, lo que amas, lo que percibes; todo eso es inspiración.

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Dejaste Ecuador hace muchos años, ¿qué te hace volver constantemente?

Por internacionalizar mi trabajo decidí viajar a Estados Unidos y te puedo decir que allá soy más reconocido que acá. Sin embargo, nací aquí y pienso que lo que se hace aquí también es válido. Iba a El Ejido a mirar obra y descubrí cosas sobresalientes, a pesar de que hay poca evolución y estancamiento por la existencia de referencias muy marcadas que no evolucionan. Todos quieren ser Guayasamín o Kingman, o pintar como Endara. Los talleristas de estos artistas se enfocan y se encasillan en ese costumbrismo.

Además de éxito, ¿qué te ha dado internacionalizarte?

Yo lo llamo cosmovisión. He recorrido 93 países y me he adentrado en culturas distintas, en problemáticas sociales tan diversas que puedo comprender el mundo desde otra perspectiva. También leo muchísimo. Siempre tengo un libro de poemas de Neruda o Benedetti en mi velador. Leo dos o tres cosas a la vez. El último libro que terminé ‘Grandes pechos amplias caderas’, trata sobre China y sus conflictos, y el sufrimiento de la mujer en ese período.

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Con tus libros hiciste un homenaje a la mujer…

Sí. El primero fue Whites, que es la mujer en la claridad. Estoy por lanzar Blacks, que es la mujer en la oscuridad. Luego vendrá 100% Blue, que muestra las contradicciones de la mujer. Por ejemplo, fotografías de mujeres que recolectan diamantes en África con fotografías de mujeres de Occidente que reciben un anillo de compromiso de Tiffanys. Mujeres que trabajan en una florícola, y otras a las que sus novios les envían flores.

Tu departamento es como una galería de arte, ¿tú lo diseñaste?

Concebí cada detalle. Diseñé los muebles, pinté algunos libros de color azul para que contrasten con el blanco, he pintado cuadros específicamente para ciertos espacios como el del baño social. Aquí entras y comprendes mi obra.

¿Todos podemos ser artistas?

Todos, pero no todos podemos firmar nuestra locura. Es un proceso. El día que firmas una obra, la mira alguien que te valora, compra tu cuadro, y si luego lo cuelga en su pared, trasciendes. El éxito es que ahora grandes coleccionistas tienen mi obra como parte de su pinacoteca, entre ellos, Don Jorge El Juri, quien ya falleció, me compró 236 cuadros. Su hijo también es un gran comprador de mi obra.

¿En qué países has expuesto tu arte?

En varios, pero por nombrar algunos: Ecuador, China, Colombia, Japón, Rusia, Ucrania, Estados Unidos, Venezuela… Aquí estaré hasta que pueda, y espero no dejar este mundo hasta haber recorrido la mayor cantidad de países posibles.

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