INTERNACIONAL

Por: Pablo Vázquez Pita
Octubre-Noviembre, 2015

La palabra sostenibilidad es asociada con paneles solares, mediciones de energía, kilovatios, emisiones de CO2…. es decir, con la ciencia. Pero a menudo el tema se asemeja más bien a una cuestión de fe. Alguien te dice que la casa que va a construir, con sus captaciones solares y sus circulaciones de aire, es muy sostenible, tú te lo crees y se lo cuentas a otro. También está la visión negacionista: no lo aceptas porque nadie te demuestra que sea cierto. Por eso se agradecen las propuestas que van más allá de lo habitual y se esfuerzan por llegar a resultados concretos, medibles. Proyectos que intentan hacer un ejercicio continuo de autoevaluación para ir mejorando, con grandes dosis de paciencia, la siempre imperfecta idea inicial.

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El Cangrejo busca geometrías aerodinámicas. © ITER S.A. SOBREVIVIR EN MEDIO DEL MAR

Las Islas Canarias surgen en pleno Océano Atlántico, a 1.000kms de España y sólo a 100 de las orillas africanas. Al sur de la isla de Tenerife, en el municipio de Granadilla de Abona, se encuentra el Instituto Tecnológico y de Energías Renovables (ITER). Se trata de una sociedad creada en 1990 por el Cabildo (el gobierno de la isla) con la finalidad de desarrollar tecnologías que permitan generar energías alternativas, reduciendo de esta manera la dependencia energética exterior de una región cuya principal fuente de ingresos es el turismo.

Las instalaciones del ITER se extienden junto al mar, en un territorio árido y con unas condiciones climatológicas caracterizadas por el predominio de los vientos del noreste, una gran exposición al sol, y escasez de lluvias. En la distancia destaca la presencia de los aerogeneradores de los parques eólicos del instituto, además de unas enormes superficies de captación solar fotovoltaica. Es éste el contexto en el que se sitúan tres equipamientos de menor escala: el Paseo Tecnológico, el Centro de Visitantes y la Urbanización Bioclimática. Su razón de ser es la divulgación de la importancia que tienen los hábitos cotidianos, tanto de la población local como de los turistas, en relación al consumo de energía.

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Instalaciones del ITER con el Paseo Tecnológico en primer plano. © ITER S.A.

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Las Bóvedas, una cueva doméstica. © ITER S.A.



El Paseo Tecnológico se desarrolla en el interior de un barranco, junto al edificio sede del ITER. A lo largo del recorrido, en paralelo a un curso de agua y rodeado de zonas verdes, se exponen paneles solares, palas de molino y otros dispositivos de energías renovables.


Por su parte, el Centro de Visitantes fue diseñado por el arquitecto español César Ruiz-Larrea siguiendo criterios bioclimáticos. El encargo fue consecuencia del primer premio obtenido por su propuesta de vivienda en el concurso organizado para construir la vecina Urbanización Bioclimática. Este centro constituye el prólogo del recorrido por la urbanización y por el Paseo Tecnológico, y en él se desarrollan las actividades de divulgación del ITER, como exposiciones, reuniones, congresos o cursos.

 

 

 

 

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Detalle del Centro de Visitantes. © ITER S.A.

Uno de los proyectos en los que el instituto ha tenido que trabajar más duro es el Laboratorio Bioclimático. Se trataba de poder investigar a escala real el comportamiento de un grupo de prototipos de viviendas, incluyendo la posibilidad de autoabastecimiento energético. Un largo proceso comenzó en 1995, cuando se convocó el concurso internacional para la selección de los proyectos. María Delgado, arquitecta del ITER, nos explica las condiciones de partida: “En el concurso se pedía una vivienda unifamiliar aislada, con una superficie construida aproximada de 120m2 y para 4/5 personas. Tenía que diseñarse con principios bioclimáticos e implementar paneles solares y fotovoltaicos obligatoriamente, y pequeños aerogeneradores de manera opcional”. Finalmente se presentaron cerca de 400 proyectos, procedentes de 38 países, de los cuales cuatro fueron los premiados y 25 los finalmente construidos.

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Vivienda La Geria, ganadora del concurso. © ITER S.A.

Pero el desarrollo del Laboratorio Bioclimático ha sido un camino plagado de dificultades. La ejecución de cada una de las viviendas, todas diferentes entre sí, ha tenido un alto coste, entre €250.000 y €450.000, según las fuentes, para un total de la urbanización de €10 millones. En marzo de 2010 las viviendas fueron inauguradas.

 

PIEZAS DE UN LABORATORIO

La urbanización pretendía ofrecerse como un modelo a seguir en la fase de construcción de las casas, pero también en la de funcionamiento, tan importante o más que la anterior.

En general, para la calefacción se han empleado estrategias basadas en la absorción de energía solar, bien como ganancia directa a través de espacios orientados al sur; bien de manera indirecta, mediante su almacenamiento temporal en los muros de la edificación; o incluso empleando superficies de absorción externas a la vivienda.

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Interior de El Caminito. © ITER S.A.

En cuanto a la refrigeración, se utilizan en general fuentes y estanques para humidificar el aire, además de estrategias de diseño basadas en la orientación, la forma o el acabado exterior. Además, cada vivienda incluye sistemas de generación de electricidad, ya sea a través de paneles solares fotovoltaicos o mediante aerogeneradores que aprovechan la energía del viento. La gestión de las aguas, tan importante en las Islas Canarias, se lleva a cabo mediante una planta desaladora que potabiliza el agua del mar, y otra depuradora que recoge las aguas residuales originadas en las viviendas. Una tercera red proporciona agua para el regadío.

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La Estrella, tercer premio, tiene una estructura de muros radiales. © ITER S.A

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Vivienda El Muro, con su amplia superficie de captación solar. © ITER S.A.

Todas las viviendas de la urbanización tienen nombre propio. La propuesta que obtuvo el primer premio en el concurso fue “La Geria”, proyectada por el equipo encabezado por el arquitecto César Ruiz-Larrea. La geria es una forma tradicional de cultivo de la uva en la isla de Lanzarote: muros de piedra que forman un círculo para proteger la planta. La vivienda sigue el mismo esquema, creándose un espacio hundido respecto al terreno, en medio del cual se construye el volumen principal, generándose de este modo dos patios exteriores. El forjado inferior se independiza respecto al terreno para lograr un aislamiento del mismo, mientras que la disposición de los muros perpendiculares permite la renovación del aire. La cubierta ajardinada protege de la radiación solar gracias a la evaporación producida.

El segundo premio fue para la vivienda “El Caminito”, un proyecto del equipo liderado por Natasha Pulitzer, en el que destaca la relación con su contexto. Se busca la protección frente a las molestias del viento, pero sin dejar de aprovecharlo para refrescar el ambiente. La refrigeración se completa con la presencia de un pequeño estanque, la defensa frente al sol se consigue a través de pérgolas y toldos, mientras que los muros, de carácter masivo, permiten estabilizar térmicamente el edificio.

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El Cubo, tercer premio del concurso. © ITER S.A.

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En La Vela se han tenido en cuenta las vistas y los vientos dominantes. © ITER S.A.



“La estrella” obtuvo el tercer premio. El proyecto presentado por Marta Puig Adroer y Sergi Serra Casals dispone la vivienda en una posición semienterrada, con una estructura radial de muros de piedra. El resultado es una rueda de espacios que se relacionan entre sí y con un patio central, que canaliza las comunicaciones, la ventilación y la iluminación. El diseño de la cubierta favorece la dispersión del calor, y la energía procedente del sol resuelve las necesidades de agua caliente y electricidad.


“El Cubo”, que también obtuvo un tercer premio, es una obra de los arquitectos Luc E.G. Eeckhout y Jan Van Den Broeke. Se trata de un ejemplo de vivienda de diseño compacto. Se busca la reducción de la superficie del edificio para poder generar unas condiciones microclimáticas más favorables. La casa se distribuye en relación a un patio, auténtico elemento protagonista, que la refresca y que posibilita su apertura al exterior o bien una posición de cierre hermético.






MÁS DIFICULTADES

Lo importante viene a partir de ahora, una vez finalizadas las viviendas. Es en este punto donde el Laboratorio Bioclimático marca la diferencia con otras iniciativas. Se trata de comprobar la veracidad de las predicciones hechas en la fase de propuesta. María Delgado nos comenta que hubo que repensar algunas cuestiones: “En el proyecto se planteaba que el posible uso de las viviendas sería como residencia para personal del ITER. En realidad esta opción no nos permitía mantener las viviendas correctamente ni desde el punto de vista de los datos ni desde el coste de mantenimiento. Por eso se planteó el cambio de uso al turístico, pues nos permitía tener ciertos ingresos para el mantenimiento y una variedad de datos mucho mayor y con más aplicabilidad”. Así que las casas del ITER están finalmente abiertas a quien quiera ir allí a pasar unos días.

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Interior de la vivienda El Cubo. © ITER S.A.

MEDICIÓN DE LA VIDA

Un aspecto fundamental de las estancias es que los visitantes pueden consultar en tiempo real determinados datos relacionados con el uso de las viviendas gracias a la instalación de una serie de dispositivos: sensores de temperatura y de humedad, medidores de flujos de aire, detectores de presencia, así como medidores de CO2 y partículas en suspensión. Al llegar al ITER los usuarios reciben un programa de formación, que incluye una explicación del funcionamiento de su vivienda y una visita guiada al resto de edificios, durante la cual se puede poner en común con otros visitantes la experiencia en el uso de las casas.

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La Compacta: contraste entre el volumen piramidal y la construcción semienterrada. © ITER S.A.

María Delgado explica cómo se está llevando a cabo esta monitorización: “Ya tenemos resultados, lo que pasa es que es una base de datos y web de consulta interna, aún no está abierta al exterior, así que sólo se puede consultar desde nuestras instalaciones. Pero sí, hemos comprobado el funcionamiento de cada vivienda en condiciones reales de uso, porque una cosa son los parámetros físicos y otra el resto de parámetros, que cuesta más ir integrando en las soluciones para que se adapte al mayor número de personas posibles. Ya hemos hecho algunas reformas en base a los datos para ir mejorando la respuesta climática de las viviendas y la adaptabilidad a distintos públicos”.

Y como era de esperar, en ocasiones las mediciones reales se alejan considerablemente de las predicciones de proyecto: “En algunas viviendas sí hay mucha diferencia. A los arquitectos que participaron se les facilitaron los datos climáticos de la zona para que pudieran realizar el proyecto, pero en algunos casos la interpretación de estos datos no se adaptó a los requerimientos reales, seguramente como consecuencia de estos parámetros personales. Al ser los arquitectos de todo el mundo, las interpretaciones o adaptaciones de los datos difiere bastante. También es cierto que en el proyecto no se planteó el uso real que las casas tienen ahora, que es de alquiler de corta temporada, turístico, y este público siempre es más complicado tanto por su variedad como por la idea de que en vacaciones tiene que estar todo perfecto. Por otro lado, esta variedad y exigencia nos permite tener mucha información sobre la influencia de cada tipo de parámetro en la percepción climática”.

Se espera que los resultados obtenidos mediante esta monitorización permitan elaborar unos patrones de diseño para climas cálidos. Quizás en un futuro por fin dispondremos de modelos contrastados que eviten la divagación estéril y permitan decidir con criterio si una construcción es más o menos “sostenible”. Si es que en el futuro se sigue usando la palabra.

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