Gabriela Rivadeneira
PRESIDENTA DE LA ASAMBLEA NACIONAL DE ECUADOR
QUITO

Por: Caridad Vela
Febrero-Marzo, 2015

 

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Gabriela Rivadeneira, Presidenta de la Asamblea Nacional de Ecuador

Intrigada por el despliegue de fotos y comentarios que se hicieron públicos a través de las redes sociales sobre la nueva mansión de Gabriela Rivadeneira, Presidenta de la Asamblea Nacional, decidí contactarla para que nos permitiera conocer su recién adquirida propiedad.

Quien nada debe, nada teme, pensé; y optimista aun suponiendo que no sería fácil lograr mi objetivo, me puse manos a la obra. Mi primera llamada fue sorprendida con un inmediato sí. La fecha para entrevista y fotos se definió en el minuto siguiente, y solo quedaba por confirmar la dirección exacta para que CLAVE! acudiera con todo el equipo de producción.

Habiendo leído que la mansión estaba en uno de los barrios más privilegiados de Quito, supusimos que se trataba de la zona de Cumbayá. La verdad nos llevó a una dirección totalmente opuesta, hacia el sector conocido como Iñaquito Alto, ubicado sobre la Av. Occidental, bastante arriba de la vía principal.

 

 

 

 

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No nos recibió una escolta de policías ni guardaespaldas. Después de identificarnos en la garita de ingreso y subir empinadas cuestas, los dos pequeños hijos de Gabriela que jugaban bajo la lluvia en la calle frente a la casa nos dieron la bienvenida, atentos y a la vez distraídos, mientras hacían sus travesuras.

Los mitos empezaron a romperse uno tras otro, y el engaño del que toda la ciudadanía había sido objeto en perjuicio de Gabriela, dejaba poco a poco en ridículo a su creativo autor.

No es una casa nueva…

No. Es una urbanización de casas adosadas que tiene 15 años de construcción, y eso nos obligó a hacer algunas adecuaciones. Modernizamos un poco la arquitectura interior adaptándola a nuestra forma de vida, y renovamos los baños que habían sufrido el paso del tiempo. La compramos en julio pasado y no fue sino hasta finales de noviembre que llegamos con nuestras pertenencias y gran ilusión a instalarnos definitivamente.

Tampoco está en la zona más privilegiada de Quito…

Encontrar esta casa nos tomó alrededor de seis meses. Visitamos algunas propiedades maravillosas en diferentes ubicaciones, y lo primero que hicimos fue descartar la idea de comprar algo nuevo porque el precio estaba fuera de nuestro alcance. Por la misma razón, también decidimos buscar ubicaciones menos céntricas, y así dimos con esta urbanización en Iñaquito Alto. Somos una familia de cuatro personas, la casa tiene 270m2 de construcción en dos plantas, y es adosada. Compartimos espacios comunitarios con los otros condueños, nuestros hijos tienen nuevos amigos, conviven con ellos y disfrutan con tranquilidad. Habiendo vivido en Otavalo   estábamos acostumbrados a la vida de vecindad, de confianza entre todos, y esto es bastante parecido a pesar de estar en una enorme ciudad.

¿En dónde vivías cuando llegaste a Quito hace dos años?

Alquilamos un departamento en el sector de la Av. Mañosca,en el conjunto San Martín, que tiene cinco torres con 50 departamentos cada una. El nuestro tenía 86m2 y pagábamos $1.000 de arriendo más la cuota del condominio. Ese costo mensual era bastante alto, más aún si estábamos pagando por algo que nunca iba a ser nuestro. Esa reflexión, y pensar que nuestros hijos necesitaban estabilidad en un ambiente donde pudieran crecer felices, nos llevó a decidir que era hora de buscar algo propio.

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¿Cómo financiaste la compra de la casa?

Con crédito hipotecario del Biess. Luis Flores, mi esposo, lleva aproximadamente 16 años de aportes, yo seis. Igual que todos los afiliados ecuatorianos, también teníamos derecho a acceder a ese financiamiento. Obtenerlo no fue tan fácil como se piensa, incluso diría que un poco más complicado que para el resto de afiliados, pues por mi cargo público temían que haya elucubraciones al respecto. Miraron con lupa cada paso del proceso. El préstamo es a 15 años plazo, es decir que lo terminaremos de pagar cuando nuestro primer hijo esté en la universidad, y recién ahí será totalmente nuestra.

¿Quién se encargó de las adecuaciones en la casa?

Una amiga muy cercana, la Arq. Consuelo Pabón, quien se interesó mucho por entender la forma en la que la familia se relaciona en el día a día para preparar una propuesta. Me encanta cocinar, y mientras lo hago disfruto de conversar y cantar; nos gusta estar en armonía con los elementos que permiten que las energías fluyan, al mismo tiempo que fluye también la conversación, los olores de la comida y el calor de la chimenea. Ella impregnó nuestros deseos en su arquitectura y el resultado fue maravilloso.

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¿Contrataste un decorador profesional?

No, para nada. Somos muy apegados a las cosas que tienen significado, y nuestra casa está llena de detalles personales, regalos y herencias familiares. Es nuestro hogar, y queremos que en cada rincón se refleje lo que somos: una familia que vivió en Otavalo, que aprecia su artesanía, valora los vínculos culturales que nos atan a esos orígenes y a la riqueza de su pasado.

¿Los granos de maíz junto a la entrada tienen un significado especial?

Claro. El maíz tiene gran simbología relacionada con la suerte, la buena fortuna y la provisión permanente de alimentos. Es un grano que transmite mucha energía, y está junto a la entrada porque nos encanta recibir a nuestros amigos con esa sensación. Es además uno de los granos más especiales que tenemos por la gran variedad que crece en el país. La chicha tradicional que hacemos en Otavalo, en las fiestas del Yamor, es cocinada con siete variedades distintas de este grano.

¿Las cortinas?

Fueron hechas por la Asociación de Mujeres Zuleteñas, en tela nacional con un lindísimo bordado que tiene gran significado personal. El 2013 fue el año internacional de la quinua y coincidió con mi posesión como Presidenta de la Asamblea Nacional, y con la primera vez en la historia de Ecuador que una mujer posesionaba al Presidente de la República. Quise vestir algo especial, muy nuestro y significativo. El reto de diseñarlo lo encargué a una amiga, una joven indígena de Otavalo, que tuvo la gran idea de hacer un diseño con la flor de la quinua, en bordados color café y rojo sobre tela blanca. Cuando llegó el momento de pensar en las cortinas de esta casa, quisimos que el diseño plasmara el recuerdo que tenemos de ese día tan especial, con algo más de colores para darle alegría y representar también ese ancestro afro que tenemos en el país. Luego le añadimos la paloma andina de la paz y la libertad, que no solo es preciosa sino que también marca la pauta de cómo queremos vivir nuestras vidas.

Las palomas se repiten en las vigas vistas de la casa…

Eso proviene de otro recuerdo importante. Hace algunos años Lucho y yo trabajamos en un proyecto cultural que ganó un premio de la Unesco, y con ese dinero hicimos la primera película infantil de Ecuador. Se llama Sara La Espantapájaros. El mensaje de esa película es justamente la permanente utopía del ser humano por encontrar la libertad, y eso se ancla en el símbolo de las palomas. Aprovechando que esta casa tiene algunas vigas aéreas, decidimos colocar en ellas algunas figuras de palomas de cerámica hechas en Cuenca

¿La chimenea dónde la consiguieron?

Es hecha en hierro forjado por Pedro Sánchez, un artesano de Cotacachi que tiene una enorme herencia en el trabajo de orfebrería. Él es la tercera generación de la familia que se dedica a ello, y su hijo, quien es su aprendiz, continuará con el legado. A pesar de nunca haber trabajado en un diseño redondo y abierto para una chimenea, hizo las pruebas necesarias y lo logró. Funciona perfecto, calienta toda la zona social de la casa, y además es muy decorativa.

Las lámparas son muy modernas…

Sí, y no son traídas de Europa sino hechas de papel tratado por un amigo cineasta y artesano que vive en Guápulo. Se llama Enrique Boh y produce verdaderas maravillas. Al usar sus manos transmite energía, y esta casa está llena de ella. La lámpara de la cocina es de mimbre y fuecomprada en el Mercado Santa Clara.

Las fajas decorativas tienen bordados tradicionales y otros más novedosos. ¿La moda también impacta a los elementos autóctonos?

En el tema de la cultura se reconocen principalmente dos vertientes: esencialista y constructivista. La esencialista dice que todo debe mantenerse intacto, por ejemplo, que el joven indígena no pueda cortarse el pelo; y la constructivista sostiene que se requiere evolución para que las nuevas generaciones vayan acoplándose a las dinámicas de la sociedad, pero con la sabiduría necesaria para precautelar sus raíces. Entre las fajas que tengo en mi casa hay algunas muy tradicionales hechas a mano en telares, y otras más modernas, como una negra que está bordada en hilo. Las uso como decoración en una pared divisoria, y también como parte de mi vestimenta.

¿Otros detalles?

En la sala tenemos un pondo donde antes se molía maíz que lo teníamos guardado y ahora lo usamos como macetero donde crece un bambú. El cuadro sobre las gradas es de Jorge Perugachi, reconocido artista otavaleño, y lo colocamos ahí porque nos encanta cómo resaltan los colores. El tapiz azul que está sobre el pasamano de la grada fue un regalo de Álvaro García, Vicepresidente de Bolivia; la banca de la sala es herencia de un tío… La casa está llena de cosas lindas, que tienen identidad y simbolismos emocionales.

¿La zona familiar está un piso hacia abajo?

Así es. Estamos en plenas faldas del Pichincha, sobre esta urbanización está ya el bosque protector, no hay nada más, y por el desnivel del terreno el planeamiento es al revés de lo convencional. Entras a la sala, comedor y cocina, y bajas a los dormitorios. Es bastante cómodo porque te da independencia y la privacidad que requieres.

Desde la sala miras hacia la ciudad, desde la entrada hacia el bosque…

Sí, y disfruto las dos por igual. Hay un edificio que bloquea un poco la vista hacia el norte, pero podemos ver cómo fluye la ciudad hacia el sur; y por el otro lado nos conectamos riquísimo con la energía que nos dan la naturaleza, los árboles, y el aroma. Salir a caminar después de un día ajetreado es maravilloso, y estamos a la vez cerca de nuestras actividades y del colegio de los niños.

¿Cómo los recibieron los vecinos?

Muy bien. Lejos de cualquier presencia política somos papá y mamá, gente común, educada y atenta, igual que todos los demás. Si bien mi cargo actual es muy coyuntural en la función pública, somos parte de una sociedad, de un colectivo, y nos presentamos muy abiertos ante ellos. Los vecinos fueron muy pacientes mientras hacíamos los trabajos en la casa y les estamos muy agradecidos por ello.

¿Esta casa es la herencia que soñabas con dejar a tus hijos?

La casa podrá representar cierto nivel de seguridad a futuro, pero en cuanto a herencia es lo de menos. Lo único que realmente los padres dejamos a nuestros hijos es la educación y los valores que día a día les inculcamos. Lucho y yo trabajamos para cumplir nuestro sueño, y ese es que nuestros hijos sean seres humanos preparados para el futuro, que puedan mirar de frente ante cualquier circunstancia, y que vivan en paz y libertad.

No veo la piscina, ¿dónde está?

No hay piscina.


Antes de irnos, Gabriela y Lucho nos invitan a un delicioso café con quimbolitos que sirven ellos mismo en una linda vajilla de cerámica nacional. Sentados como amigos alrededor de la mesa del comedor, olvidamos estar frente a la Presidenta de la Asamblea Nacional del Ecuador. Durante toda la tarde, ella y su marido nos hicieron sentir el calor de su hogar.

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