Gabriela Quiñones
CUMBAYÁ

Por: Lorena Ballesteros
Diciembre 2014 – Enero 2015
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Gabriela Quiñones

La arquitectura actual contempla diseños limpios que respetan el contexto y el paisaje. Estas propuestas tienen como resultado viviendas atemporales que se conectan profundamente con su entorno.

Así, bajo las faldas del Ilaló, en la vía Intervalles, se encuentran dos hermosas casas denominadas GQ y EQ que ejemplifican este tipo de construcción personalizada. Su artífice es la Arq. Gabriela Quiñones, quien diseñó y materializó los hogares de su hermana Ana María Quiñones de Galárraga (GQ), y su madre Sara Espinosa de Quiñones (EQ).

Gabriela se destacó por su personalidad de nómada. Aunque comenzó sus estudios de arquitectura en la Universidad San Francisco de Quito, se graduó en la Universidad de Oregón y trabajó durante siete años en Portland. De esa experiencia se enriqueció con el ambiente artístico y bohemio de la ciudad, ideal para un arquitecto. Realizó dibujos, diseño de interiores, diseño urbano; exploró varios campos, y participó en proyectos para otras ciudades como Nueva York, Tokio y Dubai.

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Con el tiempo supo que su camino continuaría fuera de Estados Unidos y se decidió por una Maestría en Diseño Arquitectónico en la Universidad de Navarra, España, donde definió su estilo. Estando en el lugar preciso en el momento indicado, consiguió empleo en Alonso Hernández Arquitectos y Asociados (AH&) y desarrolló sus conocimientos en medio de una arquitectura limpia y muy personalizada. Luego de tres años y medio de experiencia laboral, empacó sus maletas y volvió a Ecuador, lista para emprender por su cuenta.

Para ese entonces, sus familiares habían comprado terrenos en Cumbayá, en una urbanización  donde se conservan árboles centenarios. Este detalle fue idóneo para su hermana Ana María, quien había estudiado Biología en la Universidad Católica y se especializó en Mejoramiento Genético de Ornamentales en Holanda; y también para su esposo, Galo Galárraga, que es agrónomo de profesión.

La pareja buscaba una casa en la cual predominara el espacio natural. Con esto en mente, Gabriela diseñó una vivienda en torno a sus jardines. Su objetivo fue proporcionar varios espacios independientes pero que a la vez estén conectados, con ciertos detalles que diferenciaran las áreas públicas de las privadas.

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Ana María junto a la pérgola de su casa

Desde el exterior se admira la arquitectura de la casa. Frente a la entrada principal reposa un hermoso arupo que contrasta con las paredes blancas y la madera. El comedor y la sala principal tienen vista hacia el jardín exterior y se conjugan con la vida de la urbanización.

La intimidad, por otra parte, transcurre puertas adentro y los espacios más acogedores están orientados hacia el otro extremo de la casa. En el jardín posterior hay una pérgola, sin duda el rincón con más plusvalía para la familia. “Esta casa se concibió cuando Galo y yo no teníamos hijos, por ello nos enfocamos más expectaen las áreas sociales, pues nuestra vida transcurríaentre familiares y amigos que llegaban a visitarnos”, comenta Ana María.

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El diseño tuvo visión a futuro. Ana María reconoce que en un inicio quería una vivienda más pequeña, pero su hermana la asesoró distinto. “Cuando comenzamos el proyecto, el precio de la construcción estaba mucho más barato, y Gabriela me dijo que debía construir una casa pensando en el futuro, porque hacer ampliaciones o remodelaciones más tarde sería más costoso”. Ana María confió completamente en su hermana para el diseño y construcción de su casa, pero se puso al hombro la tarea de jardinería. No en vano lleva 16 años dedicada a la creación de nuevas variedades de flores, y junto a su esposo sabían exactamente lo que querían en cuanto a formas, colores y variedades de plantas. Fue un trabajo que contó con el toque y los consejos de su madre, quien estudió cursos de jardinería y, al igual que sus hijas, tiene mucha sensibilidad artística.

“Fue fácil diseñar para mi hermana, porque los conocía muy bien y pude aplicar el concepto de arquitectura personalizada. Pero fue duro porque hay que saber separar el trabajo de la familia”, comenta Gabriela. El resultado superó las expecta tivas de ambas: una casa amplia y con mucha luz natural; contemporánea pero no híper moderna; de líneas rectas pero con toques que aportan mucha calidez. Materiales novedosos como hormigón visto en paredes interiores juegan con otros más tradicionales como piedra y madera, logrando como resultado un hogar hecho a la medida de sus habitantes.

Esta casa fue la primera que Gabriela diseñó al regresar a Ecuador, en 2007, tras una década de estudios y vida laboral en el extranjero. Al finalizarla siguió su camino profesional como arquitecta independiente, y desde entonces ha diseñado, dirigido y construido viviendas en Quito y sus alrededores. Además, estrechó su vínculo con España y abrió una oficina de AH& en Ecuador. Con ese respaldo internacional consolidó el proyecto Parquesanto Jardines Santa Rosa, cementerio ubicado en el sur de la urbe, en una extensión de 25 hectáreas. Para ciertos proyectos, incluido el camposanto, trabaja con el arquitecto Alfredo Ribadeneira.

Paradójicamente, uno de sus últimos proyectos es la casa de sus padres,ubicada junto a la de Ana María, que fue su primera obra en Ecuador. Aunque quedan una junto a la otra y señalan el mismo estilo arquitectónico, tienen personalidades y características de diseño que las diferencian. Por la nobleza de los materiales, a simple vista sería muy difícil definir cuál se construyó primero.

 

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Gabriela recuerda que hizo un primer boceto para la casa de sus padres, que quedó archivado, y tuvieron que pasar cerca de ocho años para que se decidieran construirla. Si bien la casa nueva les hacía mucha ilusión, aún no estaban listos para mudarse de Quito a Cumbayá. Iniciaron la obra sin saber exactamente cuándo la ocuparían, pero sabían que en el largo plazo se mudarían.

La casa de Sara y su marido, Raúl, guarda la esencia del trabajo de Gabriela, pero con una personalidad más sobria. No tiene hormigón visto en sus paredes, a cambio utilizaron mármol, y al igual que en la primera vivienda, se perciben materiales como piedra y madera de chanul que se había comprado hace ocho años y permanecía guardada.

Si en la primera casa el protagonista en la fachada es el arupo, en esta es un bello algarrobo que arroja sus ramas hacia un costado y crea una especie de cortina para el cuarto master. “El diseño de la casa se creó en función del árbol”, explica Gabriela, “por eso tiene un retiro mucho más amplio de lo habitual, porque inicia en el punto que el árbol me permitió”. Los jardines son autoría de Sara, quien también contó con la asesoría de sus hijas para crearlo. En la parte posterior impera el verde y hay una especie de jardín japonés muy contemporáneo.

Gabriela no sabe cuándo volverá a diseñar y construir para algún famliar. De lo que tiene certeza es que ambas fueron experiencias retadoras y muy gratificantes. En un futuro espera diseñar su propia casa, y seguro será otro ejemplo de esta arquitectura tan limpia, honesta y transparente que brota de su mente.

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