Nelson Freile

Por: Lorena Ballesteros
Marzo – Abril, 2014

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Nelson Freile menciona que los caballos son su afición, pero al conocerlo entendemos y afirmamos que es mucho más que eso. Domina el tema con absoluta profundidad, conoce de razas, de actividades ecuestres, de genética, de prácticas antiguas relacionadas con caballos; y transmite tanta emoción al conversar que lo calificaríamos como un experto cuya experiencia y pasión superan la de un aficionado.

Nos recibe en la Hacienda Irubí para mostrarnos sus caballos, las caballerizas, el cuarto de atalaje, el picadero y una fantástica casa que guarda testimonios de gran valor. A nuestro paso se devela el rostro de esta pasión que ha regido su vida por tantos años. Los caballos son parte de su esencia, y lo es también el estilo inglés que se percibe al saludarlo. Hay vibra europea en su manera de ser, en la forma pausada de su conversación, en su vestimenta y sus modales.

El ambiente que rodea a la hacienda concuerda con esta forma de ser. Irubí está ubicada cerca de San José de Minas, a unos 80km de Quito. El paisaje es verdaderamente espectacular. La casa está rodeada de montañas, y en el paisaje circundante vemos sembríos que matizan de distintas tonalidades de verde nuestro alrededor.

 

Este entorno, muy típico de la Sierra ecuatoriana, se mezcla con el de los campos del norte de Europa. La construcción de Irubí tiene un marcado estilo inglés que se evidencia en el uso de materiales como piedra, ladrillo y madera que resaltan en la construcción. La casa está bordeada por grandes muros de piedra que terminan en punta y de manera irregular, sin estar sujetas entre ellas con cemento. Las paredes tienen recuadros en madera, al más puro estilo Tudor (1500-1600).

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Mentalmente nos transportamos y dejamos volar la imaginación, pues el encanto circundante nos hace sentir que en el próximo cruce podría aparecer un caballero inglés portando su espada, sobre un magnífico ejemplar equino.

Y la fábula no es del todo lejana. Aunque no aparecen caballeros, en Irubí se practica “el enganche”, una disciplina ecuestre antigua que fue reintroducida al mundo actual por el Príncipe de Edimburgo. Se trata de caballos enganchados a un carruaje, en distinto número y atalaje. Es una práctica de mucha técnica, y no cualquier jinete puede ejecutarla sin ser previamente entrenado, pero para Nelson es su más reciente pasión, y es la que le permite disfrutar el campo en un estilo único.

¿Qué es el enganche?

Cuando comenzó, hace quizás cientos de años, era un medio de movilización. Los caballos tiraban de coches de distinto tipo para transportar carga y pasajeros. Cuando aparecieron los carruajes motorizados, embriones del vehículo actual, los coches tirados por caballos empezaron escasear, pero en ciertos países se ha retomado como una disciplina ecuestre para la manejabilidad y pruebas de maratón. Hoy podemos admirar a la realeza europea utilizando carruajes muy adornados y lujosos, incluso con incrustaciones de oro, pero también quienes pertenecen al mundo del asfalto pueden disfrutar del caballo, del carruaje, y de los paseos por el campo o la ciudad.

¿Cuántos caballos se puede enganchar?

Se podría enganchar seis caballos, y aún más, si alguien lo quiere y puede con ellos. Dependiendo del número de caballos, hay un nombre que lo describe: limonera (un caballo), tronco (dos), cuarta (cuatro). Se los puede atalajar también con diferentes estilos: a la inglesa, a la húngara, o a la calesera (española), entre otros tipos de atalaje. En Irubí hemos llegado a enganchar una cuarta, es decir cuatro caballos. Es una modalidad que a pesar de que hace muchos años no se ha vuelto a ver en Ecuador, esperamos que tenga buena aceptación y genere entusiasmo entre los aficionados al mundo del caballo.

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¿Es considerada solamente como una actividad de paseo?

No, hay países que tienen competencias de maratón con obstáculos de grado alto de dificultad. En Ecuador no se lo práctica a nivel de competencia, pero en la hacienda tenemos un coche de maratón y probamos con obstáculos, incluso metemos el coche en el agua. ¡Es fabuloso!

¿Los carruajes son importados?

El Faetón lo traje hace unos 20 años de Inglaterra, pero el de Maratón lo conseguí en España. En Ecuador también hay unos muy lindos, algunas haciendas antiguas los conservan, y otros, como el que compré en una mecánica que lo vendía como chatarra, y estoy reconstruyendo. El trabajo de rearmarlo íntegramente es entretenido, desde la caja de madera, la carrocería, los sistemas de amortiguación y las ruedas. Con nuestros artesanos, esto es posible.

¿Hace cuánto tiempo vivió en Inglaterra?

Vivimos ahí con mi familia durante cuatro o cinco años, en la década de los años ochenta, en las cercanías del Castillo de Windsor. Fue ahí donde me inicié en la práctica del carruaje con Peter Munt, un gran profesional del enganche, quien con su excelente plantilla de cocheros me introdujo en este fascinante deporte. Luego, a lo largo de los años, realicé varios cursillos en Andalucía (Écija), enganchando troncos de caballos de pura raza española.

¿Cómo resurge esta práctica tan antigua?

Fue el príncipe Felipe de Inglaterra, quien en los años ochenta lo reintrodujo en Europa porque comenzó a practicarla en sus parques y jardines. Ha resurgido con tanta fuerza que en los juegos ecuestres mundiales de Normandía, que se realizarán el próximo septiembre, habrá una competencia de maratón y una demostración de manejabilidad y adiestramiento de caballos con coches.

¿Cómo consiguió consolidar esta práctica en Irubí?

Con la ayuda de Gustavo Hinojosa que es un experto en enganche. Nos vimos una vez en la finca de Diego Ribadeneira, en San Pablo, y montamos en el mismo coche. Él se aficionó del coche, se fue a España para aprender y se quedó 11 años. Luego regresó a Ecuador con la disposición de consolidar esta práctica en el país.

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Y desde entonces trabajan juntos…

Había pensado traer a dos cocheros españoles para trabajar los caballos de enganche, pero cuando conocí y entrevisté a Gustavo me percaté de que no era necesario traer extranjeros si había un ecuatoriano con toda la experiencia necesaria.

¿Cuál fue la primera meta que se trazaron?

Sacar los caballos a la feria que habrá en Marzo en el Quito Tenis y Golf Club. Esperamos que la afición ecuatoriana se sienta atraída por esta disciplina para poder montar una especie de escuela de enganche y que su práctica reviva en el país.

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Cualquier caballo entrenado y de cualquier raza, pero hay que considerar que el coche pesa cerca de 600 kilos, por lo que los caballos deben ser fuertes, resistentes y entrenados. Si el coche se adelanta y pega al caballo, éste se desbocaría y no lo para nadie. Nosotros hicimos pruebas con ocho caballos para definir cuáles usaríamos. Cuatro engancharon y hemos entrenado con ellos alrededor de dos meses. Esto normalmente toma seis meses o más, pero yo ya hacía enganche y los caballos tenían conocimiento previo, lo cual facilitó las cosas y acortó los tiempos.

¿La destreza es del caballo o del jinete?

De un entendimiento y conjunción de destrezas entre los dos. Requiere de mucha dedicación, esfuerzo y habilidad. Se piensa que la práctica del coche es para viejos que ya no pueden montar a caballo, pero ya quisiera ver a un jinete que monte y enganche sin preparación. Son dos temas muy distintos, y cada uno requiere de ciertas habilidades.

¿Por qué?

El jinete está acostumbrado a dominar al caballo con sus piernas, con su asiento, con su fusta, su rienda, y con su voz. Tiene todas esas ayudas, mientras que en el enganche solo tenemos las riendas, la voz, y eventualmente la fusta. Son dos ayudas menos.

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Pasando a otro tema, ¿quién fue el arquitecto que diseñó la casa de hacienda?

Mi buen amigo español Javier Romagosa. Es de ese tipo de profesionales que escucha a su cliente y plasma lo que uno quiere, obviamente aportando su conocimiento y experiencia para determinar lo que se podría hacer y lo que no funcionará. El diseño interior de la casa, y la decoración, estuvieron a cargo de Mariella Freile, mi hija, pues es profesional en la materia y entendía más que nadie nuestro estilo. El resultado me deja muy orgulloso de su trabajo.

¿Arquitectura y decoración reflejan su gusto por lo inglés?

Así es. Esta hacienda es un cottage inglés, la típica casa de campo allá, que la construí cuando llegamos de Inglaterra. Al caer la tarde llega la neblina prácticamente hasta la puerta de Irubí, dotando al entorno con una apariencia londinense muy especial. La ubicación es bastante remota, y la ruta que debes tomar para llegar no es muy conocida, pero es una zona maravillosa.

¿Es herencia de familia?

Antes era de mis padres. La hacienda se dedicaba al cultivo de caña de azúcar y a destilar alcohol, en la época en la que la distribución era monopolio del Estado. Por esa razón, había guardias de estanco controlando el proceso y, por supuesto, la comercialización del aguardiente. El lugar donde ahora está ubicada mi casa fue, en su tiempo, el sitio del trapiche, la fermentación y destilación del alcohol. Sobre las bases de esa destilería construimos nuestro cottage.

Hermosos recuerdos…

Muy gratos, sobre todo de mi infancia en estos campos. Acá nos botaban los tres meses de vacaciones del colegio. Montábamos a caballo, cuidábamos el ganado vacuno, disfrutábamos de la naturaleza y de las enseñanzas del campo. Era una época sencilla, sin tecnología, donde supimos amar a nuestra gente y aprender mucho de ellos, de sus costumbres y del privilegio de vivir en un lugar tan hermoso.

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