Ana Carolina Vela
CUMBAYÁ

Por: Lorena Ballesteros
Mayo-Junio, 2014

Adaptarse a la convivencia de pareja, crecer en el ámbito profesional, y planificar una familia son asuntos que actualmente rigen la vida de Ana Carolina Vela. Las cosas fluyen con la naturalidad de su carácter, pues ella es una mujer sin poses, sin estructuras demasiado rígidas, sin planificaciones estrictas. Ana Caro, como la llaman sus familiares y amigos, está en el mejor momento de su vida.

Seguramente muchos la recuerdan como Reina de Quito de 2011. Y aunque para ella eso sucedió “hace siglos”, su eficiente labor con la Fundación Reina de Quito le mereció el cargo que ocupa actualmente en la corporación KFC. “Aunque suene a cliché, la experiencia del reinado sí te cambia la vida”, asegura Ana Caro. “En la parte social y humana te acerca a una realidad distinta a la tuya. En lo profesional, te abre puertas y te contacta con mucha gente de la empresa privada”.

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Su estilo preferido es Shabby Chic, de origen inglés, que denota un marcado gusto por las flores y tonalidades pasteles en rosa y turquesa

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Ana Caro ocupa la gerencia de Tropi Burguer y maneja dos marcas más: Baskin Robbins y Cinnabon. Dicho en otras palabras, implica dos franquicias y una marca nacional

Con pasos firmes y un norte claro, antes de que terminara el período de su reinado ya había comenzado a buscar trabajo. “No quise tomarme un año sabático ni viajar por el mundo. Estaba consciente de que la etapa más productiva de las mujeres está entre los 22 y 30 años, no quería desperdiciar ni un minuto. Así que comencé a mandar mi hoja de vida a varias empresas”. La estrategia surtió efecto, pues dos propuestas de trabajo se abrieron para ella: Kraft y KFC. “Acepté la oferta de KFC porque siempre quise trabajar allí, este era uno de los objetivos en mi vida”.

Su cargo inicial fue Trainee de Mercadeo para la marca Tropi Burguer. “Fue un reto porque yo no había probado la comida, no conocía su manejo, todo era nuevo”, dice. Pero la ventaja del Grupo es que capacita prolijamente a sus empleados. El trabajo de campo es lo más importante, así que Ana Caro comenzó a visitar todos los locales en las ciudades principales, y en pocos meses estaba familiarizada con las preferencias de los consumidores y entendía el comportamiento de sus clientes. Fue tan buena su adaptación y tan alto su desempeño, que antes de cumplir un año le ofrecieron la gerencia de Tropi Burguer y pusieron a su cargo dos marcas más: Baskin Robbins y Cinnabon. “Ahora manejo un poco de todo: hamburguesas, helados y rollos de canela, lo que, dicho en otras palabras, implica dos franquicias y una marca nacional”.

¿Tarea complicada para alguien que trabaja tantas horas a la semana?

Pues increíblemente no lo fue. Ana Caro no se complica ni se estresa, al menos no por esas cosas. Ella sabía que quería una boda sencilla con su gente querida. Así que la planificación del evento la dejó a cargo de su madre y su suegra, Margarita Barreiro y Magdeliana Crespo.

En medio de la vorágine de su trabajo conoció a Diego Cobo, su esposo. “Ambos habíamos salido de relaciones muy largas. Dicen que cuando eso sucede tu siguiente relación es más corta y es la definitiva”, comenta con una sonrisa. Y es que es evidente que Diego es el amor de su vida. “Hicimos click desde el comienzo, sentí algo que no había sentido antes”, recuerda. A los ocho meses de estar juntos se comprometieron y prepararon la boda en menos de cinco meses.

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Casi paralelamente empezó la búsqueda del lugar donde empezarían su vida de casados. Se decidieron por un departamento en Cumbayá, que lo adquirieron de segundo uso. Su suegra tomó la batuta para la remodelación y decoración. “Ella tiene súper buen gusto, así que junto a un ingeniero se encargó de botar y levantar paredes, y dejarlo perfecto para nosotros”. Originalmente tenía tres habitaciones, que se convirtieron en dos, creando un cuarto máster mucho más amplio. Incluso colocaron un escritorio en la habitación, espacio que luego, llegada la hora, podrá ser ocupado por un moisés.

La sala y el comedor están en un mismo ambiente, pero cada uno con personalidad propia. Aunque Ana Caro no se haya involucrado en la remodelación del departamento, sí se involucró en la decoración y eso es evidente. Su estilo preferido es Shabby Chic, de origen inglés, que denota un marcado gusto por las flores y tonalidades pasteles en rosa y turquesa. “Procuré que no sea muy girly porque era un hogar para dos, y dudo mucho que a Diego le hubiese gustado”, comenta entre risas. Con gusto muy sofisticado, finalmente se decidió por una sala con toques rosa que complementa el ambiente y lo hace muy acogedor.

La decoración del departamento refleja el equilibro perfecto entre lo moderno y rústico. Los dos crecieron en el campo, en casas con jardines grandes, y esos gratos recuerdos de infancias al aire libre los llevaron a definirse por este estilo. Ana Caro vivió toda su vida en Cumbayá; Diego creció entre los techos de teja, piletas centrales, muros anchos de piedra y cascajo de la histórica Hacienda Chillo Compañía, con un hermoso jardín que alberga árboles centenarios a su alrededor.

¿Fue difícil sacar a Diego del Valle de Los Chillos?

Ana Caro confiesa que fue uno de los retos más grandes. Ella no estaba dispuesta a comenzar su vida de matrimonio allá, simplemente porque no quería manejar tantos kilómetros diariamente para llegar a su oficina, ni lidiar con los inconvenientes del tráfico de la zona. Así que hicieron una especie de tregua en la que Ana Caro accedió a que en un futuro, cuando la familia crezca, vivirían en Los Chillos. Mientras tanto, ella continúa con el estilo de vida al que desde pequeña se acostumbró y disfruta mucho de Cumbayá.

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Lo que más le gusta de Cumbayá es la posibilidad de encontrar un zapatero a la vuelta de la esquina, comprar pan fresco, escoger fruta orgánica; saber que existe una variedad de lugares para tomarse un café o salir a cenar


 

Lo que más le gusta de la zona es la posibilidad de encontrar un zapatero a la vuelta de la esquina, comprar pan fresco, escoger fruta orgánica; saber que existe una variedad de lugares para tomarse un café o salir a cenar. Un importante valor agregado es que la seguridad de Cumbayá es mayor que la que existe en Quito, y eso es fundamental para ella, porque “a veces Diego se queda en las haciendas y yo paso sola”, nos dice.

Para sentirse acompañada compró un perro, un hermoso cachorro Boston Terrier del que ambos se han encariñado mucho. Hubo polémica en el nombre del perro, nos cuenta. “Diego le puso Washo, como si fuera un mayordomo, pero cuando lo paseo y me preguntan por su nombre, respondo Pepe, porque me da vergüenza”, asegura con una sonrisa de picardía. Sus amigas opinan que este cachorro es su entrenamiento para cuando tengan un bebé, por el trabajo extra que implica cuidarlo lo cual añade una responsabilidad adicional en sus vidas.

Ocasionalmente salen a cenar o a compartir una copa de vino, pero merece la pena contar que su departamento es sede de fiesta. “Somos amigueros y sociables, siempre tenemos gente en la casa, incluso nos ha caído la Policía y ya tenemos carta condicional”, cuenta entre divertida y avergonzada, consciente de que esto es parte de la experiencia de recién casados.

Aunque ninguno de los dos cree en las rutinas y más bien son almas libres, sí tienen un par de actividades constantes. Ella no perdona hacer ejercicio por la mañana, pero su quality time de pareja es el desayuno con Diego, que lo comparten antes de comenzar sus respectivas labores.

La ayuda doméstica es parcial. Tres días a la semana hay quien se encarga de la limpieza del departamento, la preparación del desayuno, y el almuerzo que llevan a sus oficinas. Ana Caro solía aprovechar la tarjeta de consumo para comer en cualquiera de los locales del grupo KFC, pero unas libras demás pusieron fin a esa rutina, pues ella cuida mucho su figura y su estado físico. Los otros días es Diego quien se encarga de preparar el desayuno. A ella le gusta cocinar, y confiesa que debería ser casi una profesional porque su abuela es estupenda cocinera, pero no siempre está tentada a entrar en la cocina.

Ahora están por cumplir un año de matrimonio. “La gente te dice que el primer año es el más duro. También hay quienes dicen que el quinto año es la prueba de fuego”. Ella no cree en esas reglas, pero sí está consciente de que la vida de pareja se construye con amor, amistad y una alta dosis de confianza. “Obviamente ha sido complejo. Fue un cambio de vida para ambos y uno va corrigiendo y puliendo cosas en el camino”. Al comienzo Ana Caro llevaba trabajo a la casa, incluso los fines de semana. Eso molestaba a Diego, así que el primer propósito de 2014 fue terminar todos sus pendientes en la oficina, incluso si eso implica quedarse unas horas más, para en casa disfrutar exclusivamente de su esposo.

¿Bebés? Confiesa que tuviera uno ahora, pero Diego prefiere esperar, y en el fondo, ella también está viviendo un momento crucial en su profesión que demanda tiempo y atención. Por ende, esperar es la mejor opción. No saben cuánto tiempo, pero Ana Caro tiene claro que no quiere ser una madre ausente, y mientras lo planifican y llega ese deseado bebé, encontrará la fórmula para combinar ambos roles.

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