Stephanie Wolgast de Naranjo
GUAYAQUIL

Por: Soledad Bejarano
Diciembre 2013 – Enero 2014
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Estilista: Billy Diaz Peluquería. (04) 238 4668, 099 290 0389

La familia Naranjo Wolgast vio la necesidad de remodelar su casa cuando su hijo mayor, Sebastián, se convirtió en adolescente. Esta habitación se conservaba intacta desde cuando él era un niño pequeño. “En ese entonces estaban por llegar unos chicos de intercambio a nuestra casa y mi hijo empezó a arrancar el papel tapiz de ositos de su cuarto,” recuerda Stephanie Wolgast, quien al darse cuenta de ello tomó la decisión de dar un cambio a este espacio.

El presupuesto inicial estaba contemplado para cambiar los cuartos de sus dos hijos, y la sala de estar. Sin embargo, lo que empezó como un plan pequeño de renovación, se convirtió en un mega proyecto de transformación completa que los mantuvo fuera de su casa durante un año, tiempo que duraron los trabajos de arquitectura y decoración.

Después de 15 años de vivir ahí, tumbaron la casa hasta quedar en vigas. Cuando recibieron el presupuesto inicial pensaron que tal vez sería mejor comprarse una casa nueva y buscaron opciones, pero concluyeron en que lo que más les convenía era dar una nueva cara a su antiguo hogar. “Con la intención de hacer un cambio en la casa, mi esposo cada día me tenía una nueva idea. ¿Y si hacemos un arreglo más?, ¿y si cambiamos otra pared?, ¿y si cambiamos la cocina y el patio? Hasta que finalmente un día me dijo que aprovechemos los trabajos que vamos a empezar y que hagamos un cambio integral”.

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Stephanie pasó de vivir en una casa antigua a otra moderna que mantiene calidez

Así fue como el lugar donde habían vivido tantos años fue parte de un cambio extremo en arquitectura y decoración, que estuvo a cargo de los hermanos Xavier y María Fernanda Sánchez de Stagg, de la firma Verde Naranja. 

Hoy su antigua casa se ha convertido en un lugar moderno, sin exageraciones, para mantener algo del estilo clásico de sus propietarios. Llama tanto la atención la luz natural que tiene la vivienda, que algunas personas la llaman la Casa de la Luz. Inmensos paneles cubren enormes ventanales para lograr privacidad y bloquear los rayos solares. El blanco de las paredes y los pisos también aporta a la claridad de los ambientes.

Stephanie y su marido crearon un estrecho vínculo con los arquitectos hasta que se convirtieron en buenos amigos. “Se personalizaron tanto los detalles que fue un gran desafío para ellos. Fue su primer proyecto grande, en el que tumbaron una casa completamente. Por suerte eso lo supimos al terminar la obra”, cuenta Stephanie. “Cuando botaban una pared, me llamaban para que mire cómo estaba quedando, o me enviaban fotos de mi casa sin techo. Realmente nos convertimos en un equipo.”

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Durante los doce meses de la remodelación la paciencia de Stephanie se puso a prueba, en especial durante ese tiempo que se conoce como obra muerta. Sentía que no avanzaban nada, hasta que la arquitecta le explicaba todos los detalles que se habían logrado a diario.

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En una ocasión el arquitecto me dijo que necesitaba poner unos pilares en el primer piso para sostener parte del techo que se iba a instalar. Entonces le propuse que me haga un altillo”. Hoy tres pilares están a la entrada de la casa forrados en madera natural, y en el cuarto de su segundo hijo se creo un altillo donde está la cama. La habitación se complementa con un lugar apropiado para estudiar en el piso de abajo.

“Estamos en una nueva etapa de vida, un momento distinto como familia en la que nuestros hijos van creciendo y nosotros también lo hacemos como personas y como padres”, asegura. “Mis hijos son grandes y ahora pude colocar cosas de diseño sin pensar que las puedan manchar o ensuciar“.

De hecho el cuarto de su hijo mayor, por quien iniciaron la remodelación, es muy juvenil. Tiene espacio para las tablas de surf o las patinetas, y un cómodo balcón donde se reúne con sus amigos. Los dos hermanos de 17 y 13 años se encargaron de escoger sus nuevas camas, veladores, repisas, cuadros, las piedras para el baño, y todos los elementos que querían incluir en sus espacios personales.

Una de las áreas más difíciles de remodelar fue la cocina. Los diseñadores tuvieron que dar varias opciones a los dueños que buscaban algo funcional, con espacio para organizar todas las cosas, pero a la vez un lugar que sea bonito y que tenga armonía con el estilo de la casa. Ahora la conocen como “su nido familiar”. Aprovechan la hora de la cena para conversar, compartir anécdotas, hablar sobre el día de cada uno, y si es necesario pedir consejo y buscar apoyo.

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También se cambió la antigua escalera en forma de caracol por una con diseño moderno con granito y pasamanos de acero; y las puertas de apertura tradicional se reemplazaron por puertas corredizas en todas las habitaciones, generando un importante ahorro de espacio.

Terminada la arquitectura y construcción empezó la tarea de decoración. Entraban y salían muebles probando cual les gustaba más, mientras recorrían las mueblerías de la ciudad en busca de acentos y detalles que personalicen cada ambiente. No se enfocaron en muebles de un diseñador en específico sino que visitaron varios locales y escogieron uno a uno el mobiliario y elementos decorativos hasta encontrar la satisfacción que buscaban con el resultado final.

Uno de los muebles favoritos de Stephanie es un sillón amarillo que complementa la decoración de la sala y es protagonista del espacio. “Es de un diseñador colombiano que la trajo a vender a Ecuador. La vi y me encantó porque además es muy cómoda”, explica. “Yo no entendía cuando la gente me decía que iba a sentir que algo era para mí. Pero eso pasó cuando vi esta silla. Me pasó con la silla y con el cuadro que está en la sala.” Es un cuadro abstracto, pero que deja ver elementos y monumentos de Guayaquil”, asegura entre risas al recordar que tanto el cuadro como la silla los puso sin consultar a su esposo.

El patio, que se integra con el resto de la casa, es muy utilizado para las reuniones de amigos. Una sala amplia con una cortina eléctrica que la separa o integra con el área de piscina, sirve como pared cuando quieren reunirse a ver televisión durante el día.

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Aunque hoy la casa tiene un aspecto totalmente distinto del que tuvo cuando la compraron, desde que la vieron por primera vez supieron que allí pasarían muchos años. “Buscamos casas en Samborondón y también en Vía a la Costa, pero éste en Los Ceibos fue el lugar ideal y el tamaño de la casa es perfecto”.

Es la casa idónea para las necesidades de su familia, la distribución final que lograron los diseñadores de Verde Naranja aprovechó todos los rincones y espacios que tiene el lugar, y eso la hace parecer más grande de lo que realmente es. “Cuando estuvo terminada me sentía un poco desubicada, a veces, al despertar, me preguntaba dónde estoy. Ahora disfrutamos mucho el cambio”, asegura Stephanie quien dice que ésta es una casa para quedarse.

“Tuvimos desacuerdos con mi esposo, pero mi consejo es que si se embarcan en un proyecto parecido, recuerden, el esfuerzo que están haciendo es para tener un hogar maravilloso, y sólo el amor puede superar los contratiempos.”

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