Gabriela Wohlgemuth

Por: Irene Ycaza Arteta

Noviembre-Diciembre, 2013

 

Cumbayá

En Cumbayá, comer en una terraza o pasar tranquilos momentos en contacto con la naturaleza no implica grandes lujos, se trata de un estilo de vida. Eso es precisamente lo que hacía falta a Gabriela Wohlgemuth, cuando al casarse con Khader Khamis hace ocho años, se mudó a Quito. Él estaba acostumbrado al tradicional sector del Quito Tenis, pero ella había vivido toda su vida en Cumbayá.

 

Los primeros cinco años de matrimonio los vivieron en Quito. “Mi esposo siempre vivió en la ciudad y estaba súper acostumbrado”, recuerda Gaby. “Cada año nos mudábamos, porque yo encontraba peros a la casa, al departamento, o a la zona. Siempre encontraba un defecto”. Sin embargo el problema no eran los apartamentos, sino que Gaby no se acostumbraba al ruido y a la vida de ciudad.

Gabriela Wohlgemuth (Estilista: Gabriel Zuluaga)

Le faltaba el campo, le faltaba el verde y el clima cálido del valle… le faltaba Cumbayá. “No es la casa, es el clima, la gente, hasta la manera de vestir en Cumbayá es más relajado”, cuenta. “Puedes llegar a cualquier lugar sin necesariamente coger el carro y la gente está mucho más tranquila”.

 

Los primeros años de matrimonio transcurrieron entre su vida matrimonial en su hogar en Quito y sus constantes viajes a Cumbayá. “Imagínate que bajaba al Supermaxi a Cumbayá; todo lo hacía en el valle porque me ubicaba mejor, y subía a Quito por la noche”. Estaba acostumbrada al sector y lo conocía todo. Con este ir y venir por la carretera, cinco años más tarde acordaron mudarse a la zona de Cumbayá.

 

Así llegamos a Lumbisí en un día soleado y Gaby nos recibe en la puerta de su casa. Su enorme sonrisa y ojos azules llenos de expresión iluminan el espacio, y es que Gaby se destaca por su simpatía, su gracia y belleza.

Lumbisí fue el lugar elegido para vivir. Primero en una casa alquilada y ahora en casa propia. La compraron en planos y aprovecharon para hacer algunos cambios, en especial en los acabados de construcción como paredes con texturas y pisos.

Para Gaby la ubicación no podía ser mejor. Incluso la calidad de vida de los niños cambió para mejor. Ahora están en una urbanización donde pueden divertirse, 

correr sin problema, y jugar con otros niños en sus bicicletas. Tienen jardín, juegos infantiles, piscina y un sinnúmero de vecinos de la edad. Los habitantes de la urbanización en la que actualmente viven son familias jóvenes con hijos que juegan entre las áreas verdes y espacios comunales. Pero lo más valorado es que tienen la tranquilidad de que sus hijos están jugando en un lugar seguro.

La casa no tiene una decoración estática, cuando Gaby se aburre mueve muebles y accesorios

Incluso Khader, que se negaba a dejar el Quito Tenis, se ha acostumbrado a Cumbayá. Sabe qué atajos tomar para evadir el tráfico del centro de Cumbayá y no ha dejado de bajar a almorzar con su familia. “Ahora es él quien más disfruta de la casa”, dice Gaby. “Le he dicho que almuerce en la oficina si así lo quiere, sin embargo él insiste en bajar”. De cualquier manera, con el tráfico que hay en Quito a la hora del almuerzo, le tomaría el mismo tiempo ir desde su oficina al Quito Tenis que bajar a Cumbayá.

 

El estilo decorativo de la casa es muy original y armónico. Parecería que cada cosa tiene un lugar que ha sido diseñado exclusivamente para ello. Pero es al contrario, la casa no tiene una decoración estática. Cuando Gaby se aburre cambia la decoración, traslada muebles y accesorios por todas partes y su buen gusto se refleja en cada cambio. Los cuadros en las paredes, la mayoría pintados por ella, son constantemente renovados aportando con toques distintos y diferentes coloridos a cada lugar.

 

Se dice que la decoración refleja fielmente a los ocupantes de la casa, y el hogar de Gaby no es una excepción. Las paredes están llenas de sus obras de arte convirtiendo a la casa es una especie de galería, son esos cuadros que están a la venta para todos los que visitan la casa. En colores tierra y verdes alegres, cada cuadro refleja un estado de ánimo y complementa la decoración de la casa. Hay accesorios

 

especiales que evidencian la descendencia árabe de Khader, como dos pipas que las usan en las noches de relax en pareja en el porche, o con invitados.
La energía se siente en cada ambiente y es un reflejo de sus dueños. Detalle y perfección estética describen el lugar. Una casa moderna, pero al mismo tiempo cálida. La decoración no confunde lo moderno con minimalista, pues hay detalles por un lado y otro que la hacen muy acogedora, como las varias alfombras con texturas que le encantan a Gaby, sin duda una aficionada a la decoración.
Aquí ella está en su territorio, aquí es dueña del espacio, aquí es donde la familia se siente totalmente cómoda. Siempre hay flores en la casa, pues Gaby asegura que el agua y las flores absorben la mala energía que puede haber, y cuando han cumplido su ciclo son reemplazadas por nuevas. Las energías juegan un papel importante en la casa, por ello, además de flores, junto a la puerta de entrada hay un ojo turco para ahuyentar el mal de ojo.

Los ambientes, los espacios son cómodos y prácticos, pensados en los dos hijos pequeños que tiene la pareja

Se siente calor de hogar en cada detalle, y a pesar de las maravillosas y valiosas piezas de decoración que se han incorporado en los ambientes, los espacios son cómodos y prácticos, pensados en los dos hijos pequeños que tiene la pareja. Cuando recién se casaron toda la decoración era en tonos blancos, impecable. “Cuando uno tiene su primera casa buscas la perfección, que nada se ensucie ni se mueva de su lugar”, recuerdan. “Cuando llegan los hijos la casa se vuelve todo terreno. Cambiamos el blanco por colores cafés y grises, incluso en las paredes; re tapizamos los muebles, y listo. Sigue siendo una casa linda, pero es más práctica, no me complico”.

 

Es evidente que no se hace lío. No hay un espacio donde no pueden estar los niños, ni adornos que no puedan utilizar. Todo lo que hay se usa, así ellos también sienten que es su hogar y lo cuidan más. Tanto así que los niños participaron en la decoración de sus habitaciones, y cualquier cambio que se realiza es producto de una decisión compartida con ellos.

 

Los espacios tienen piezas que han sido compradas a través de los años en diferentes tiendas del país, otras que han obtenido en algunos de sus viajes al exterior, y algunas que fueron regaladas. Cada elemento fue minuciosamente seleccionado y tiene una historia detrás, lo cual aumenta el valor de las piezas. “Hemos tratado de que la casa no luzca como una vitrina o showroom de algún decorador; sino más bien que se sienta hogar”, asegura Gaby.

Los espacios tienen piezas que han sido compradas a través de los años

De ahí que llama mucho la atención la pared de la sala con dos máscaras gigantes y una caja hindú junto a ellas. “Estos accesorios no son de estilo moderno, pero dan el toque perfecto para que el ambiente más moderno de la casa sea más cálido”. Las máscaras las trajo su hermano Roberto quien por un tiempo vivió en Sudáfrica; mientras que la caja hindú es un elemento que Gaby tuvo la suerte de conseguir en el país.

 

El clima da para la vida al aire libre. El porche y el jardín son los espacios preferidos de la casa donde cada mañana Gaby aprovecha el sol para pintar sus cuadros afuera. El verde exterior invade los espacios interiores de la casa; una cerca de bambú frondosa la rodea junto a un enorme árbol original del terreno que se respetó al momento de construirla.


Los fines de semana baja la familia de Khader a Cumbayá. Encienden la chimenea que hay en el porche, disfrutan de la pipa árabe y él se encarga de la comida pues es amante de las parrilladas y las hace siempre. En tardes frías, el calor de la chimenea se complementa con la calidez que brindan una serie de velas que dan un toque mágico y decorativo al espacio.

 

La cocina tiene un protagonismo especial en la vida de los Khamis Wohlgemuth. Es un espacio tan grande que tiene el tamaño de la sala y el comedor juntos. Aquí hay un comedor de diario con un área de televisión, y frente al mesón están los taburetes que convierten si-

empre a esta zona en el sitio de reunión. “Había tanto espacio en la casa que en un principio pensamos hacer una sala, pero con tantas otras salas no lo vimos necesario”, recuerda Gaby. Es ahí donde se reúnen y cierran sus días con broche de oro, alrededor de una mesa, compartiendo, conversando y disfrutando.

Gabriela junto a una de sus obras

“El colegio, las fiestas infantiles, las reuniones de mamás, todo es en Cumbayá. Ya casi no subo a Quito”, dice Gaby. Con los Centros Comerciales que se han abierto en la zona, más la cercanía con el aeropuerto en Tababela, y su familia que vive en los alrededores, iaja a Quito a visitar a la familia política,  y rara vez por alguna otra necesidad. Cumbayá tiene todos los servicios básicos y suple las necesidades de su comunidad. El buen sol y la posibilidad de aprovechar amplios espacios verdes no los cambia por nada.

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