Por: Caridad Vela
Junio – Julio, 2012

HÉCTOR RODRIGUEZ Viceministro de Ciencia, Tecnología e Innovación

Su andar con aires de joven irreverente nos sorprende a la hora de “hablar en serio”.  Vestimenta casual y zapatos deportivos son su atuendo diario y así se las bate a los más altos niveles, logrando impregnar sus sueños con la dosis de credibilidad necesaria para que se le encargue tan magna responsabilidad.

Héctor tiene la oportunidad de crear, desde cero, una ciudad para estudios de ciencia y tecnología. “Es una ciudad para el conocimiento”, nos dice, con la ilusión y adrenalina propias de una juventud que, inequívocamente, transmite esa energía para romper parámetros y salir de la adormecida cotidianeidad de desarrollo al que el país ha estado acostumbrado.

Su preparación académica incluye una licenciatura en Sociología obtenida en la Universidad Católica de Quito, y estudios realizados en Estados Unidos y México en los que obtuvo un Doctorado en Política Pública. Con él conversamos a fondo sobre la Ciudad del Conocimiento, próxima a poner su primera piedra en el país.

 

Render del proyecto Ciudad del Conocimiento

¿Cómo surge la necesidad de este proyecto?
Esta idea nace en primera instancia, dentro de los debates de la Ley Orgánica de Educación Superior, en los cuales se propone una reinvención de la universidad ecuatoriana. En el 2008, el Mandato Constituyente exigió una evaluación del sistema universitario integral, que concluyó con la lamentable consecuencia del cierre de varias universidades.
¿Reinvención de la universidad ecuatoriana?
Así es. Abarca desde la estructura misma del sistema. Recordemos que el sistema de educación superior en Ecuador era auto-regulado y auto-controlado. El Conesup era el órgano de regulación de la política pública de educación superior, pero sin tener un ente estatal paralelo, con lo cual el sistema educativo se convirtió en un club de rectores que se auto imponían sus normas.
¿Ciudad del Conocimiento es el resultado?
En parte. El Mandato Constituyente 14 implica una restructuración total del sistema educativo, y uno de los ejes claves es la creación de nuevas universidades. En la Ley Orgánica de Educación Superior que se promulga en el 2010, hay un capítulo específico que habla de nuevas universidades y detalla cuatro específicas: la Universidad Pedagógica y de Educación, la Universidad de las Artes, la Universidad Regional Amazónica, y la Universidad Tecnológica Experimental. Esta última es la que se conoce como Ciudad del Conocimiento.
Profundicemos en la Ciudad del Conocimiento…
El concepto de esta “ciudad” cubre la necesidad de una universidad tecnológica experimental en Ecuador. Hoy tenemos un sistema politécnico con una matriz de formación un tanto cuadrada, basada en libros, donde se promueven títulos académicos con la promesa de una opción laboral posterior. El problema es que no se genera una conexión entre lo textual y lo práctico, a través de procesos de investigación en sí. De esta forma no se logra crear un círculo virtuoso de continuidad, progreso y valor agregado.
¿Por dónde empezar?
El Presidente Correa nos exigió conceptualizar un campus para una ciudad universitaria, considerando el perfil del estudiante de universidades famosas como MIT, Caltec, etc. Esos estudiantes disponen de un campus de primera categoría, totalmente equipado, en el que se dedican a la investigación durante las horas que no están en clase. Ahí es donde verdaderamente se genera tecnología e innovación. Ellos estudian, trabajan en proyectos de investigación, y vinculan su actividad con la producción científica. Esto va anclado al valor agregado de una nueva industria. Hacia allá queremos ir con la Ciudad del Conocimiento en Ecuador.

Arq. Jaime Izurieta Varea, Héctor Rodríguez y Caridad Vela

¿Cuál es el camino?
Construir una ciudad universitaria desde cero. El plan nacional del buen vivir nos habla de construir una sociedad progresiva, que limite su dependencia económica de la exportación de petróleo, banano, flores, etc., para concentrarse en la exportación de servicios como software, consultoría, biotecnología, entre otros. Buscamos generar el nuevo concepto de un parque tecnológico, asociado a un campus universitario, donde coexistan institutos públicos de investigación.
¿Existe algún modelo desarrollado con éxito?
El concepto no es improvisado, ha sido profundamente analizado desde todas las perspectivas y ejemplos posibles. Visitamos la experiencia de Corea, Japón, Francia, y Estados Unidos (California), antes de crear el concepto ecuatoriano. El viaje que hicimos con el Presidente Correa a Japón nos llevó a romper con la estructura de pensar solamente en un campus universitario y ver mucho más allá.
¿Japón es el modelo a seguir?
Sí, pero a pesar de ser una visión importada, la estamos diseñando como traje hecho a la medida para Ecuador. Este concepto está aplicado en Sukuba, que es una ciudad aledaña geográficamente a la devastación que dejó la Segunda Guerra Mundial. En el proceso de reconstrucción post guerra, el gobierno japonés trasladó allá las mejores universidades e institutos públicos de investigación. Querían propiciar incentivos que atraigan inversión de empresas de investigación y se instalen ahí.
¿Qué particularidades tendría “el traje a medida”  que se está armando para Ecuador?
En los viajes evidenciamos el concepto de parques de desarrollo en los que hay una universidad potente, con los mejores profesores del país, reforzada con centros de investigación. Así, los estudiantes trabajan, a la par que realizan sus estudios. Pero, hay que resaltar que esto no se da por generación espontánea, es el Estado el que invierte para generar el ecosistema necesario que atrae inversión en secuencia proyectando un espiral virtuoso de capacidad. Esto es lo que buscamos en Yachay.
¿Yachay?
Sin el menor temor de pecar de indigenistas, quisimos rescatar nuestro diálogo ancestral y generar un encadenamiento de nuestros orígenes con lo más avanzado a nivel mundial. Yachay es una palabra Quichua, que quiere decir “sabio”, es el nombre perfecto para el concepto que estamos desarrollando en la Ciudad del Conocimiento.
¿Adentrémonos en el concepto?
Yachay será una ciudad en la que puedas interactuar con las tecnologías de información y comunicación de una manera natural dentro del convivir social. Es imposible desarrollar conocimientos sin tener a tu lado la transferencia de tecnología adecuada. Lo tradicional es “investigación + desarrollo + innovación”, pero no hay innovación si no creamos generación de una visión de negocio.

Antiguas construcciones son rehabilitadas para integrarse al proyecto Ciudad del Conocimiento.

¿Me explicas?
Concretamente, se trata de investigación en el desarrollo de negocios para la innovación. Debemos enfocar nuestros recursos en la capacidad de interpretar los resultados de una investigación, en función de una industria que sea capaz de receptarlos y desarrollar valor agregado. De lo contrario, sería una novedad que, en la práctica, no sirve de nada.
¿Todo esto se materializará en Yachay?
Yachay se convertirá en un laboratorio social para la transformación productiva. Será una ciudadela universitaria intensiva en conocimiento, tendrá parques científicos, tecnológicos, y con un ecosistema de innovación que nos permitirá generar otro tipo de producción a futuro.
El concepto que estamos acuñando es el de un HUB, un nodo central de conocimientos, a nivel de Latinoamérica y del mundo, que concentre una conexión tanto logística como operativa en términos de conocimiento e investigación.
¿Cuáles son los parámetros de éxito en una ciudad de este tipo?
Que sea una ciudad habitable con perspectiva urbana dentro del ámbito de la arquitectura; planificación estructurada de espacios públicos, reglas heterogéneas de convivencia, movilidad adecuada, parámetros ambientales, y que tenga capacidad de generar felicidad y satisfacción en los habitantes.
¿En dónde se construirá?
Analizamos cinco ubicaciones distintas: Molleturo fue descartada por su alta humedad y difícil accesibilidad; el Valle de Tarqui no cumplía con la cercanía a un aeropuerto internacional; Patricia Pilar presentaba un alto riesgo de inundaciones y falta de carretera directa hacia Quito; Machachi fue eliminada por la vulnerabilidad que presenta respecto a una posible erupción volcánica; y Urcuquí, ubicada al norte de Quito, en la provincia de Imbabura, fue la ubicación elegida.
¿Por qué Urcuquí?
Por qué conjuga todos los elementos que buscábamos. Necesariamente tenía que ser un área plana, porque la topografía irregular afecta los costos radicalmente; que esté lista para construir, es decir, sin requerir relleno de quebradas o construcción de taludes para evitar inundaciones. El ambiente debía ser de baja humedad y clima estable para evitar altos costos en el mantenimiento de los laboratorios de investigación. Además, debía tener cercanía con aeropuertos internacionales y muy buenas vías de acceso.
¿Cómo reaccionó la comunidad de Urcuquí?
Todo cambio genera descontento y protestas, básicamente por la falta de conocimiento de lo que implicará el cambio. Urcuquí tiene una infraestructura patrimonial que estamos rehabilitándola, ésta incluye una pre existencia de 84 bienes de alto valor histórico. Paralelamente, estamos regenerando urbanamente la ciudad, dándole una vocación de servicios de infraestructura y apoyo para la Ciudad del Conocimiento. Estamos aplicando una lógica de reinvención productiva, que antes tenía focalización laboral, para incorporar una alternativa de prestación de servicios en la economía de la comunidad.
¿Qué extensión tiene el área total a ser intervenida?
Es básicamente un perímetro de 4.200 hectáreas. En principio, el proyecto estaba planificado para 2.000 hectáreas, pero se tomó la decisión de ampliarlo para involucrar el desarrollo de una granja experimental con una potente biotecnología, que sea líder a nivel nacional y que este liderazgo se proyecte a nivel mundial en una década.
¿Para cuantos habitantes está pensado el proyecto?
Con cierta lógica, podríamos anticipar que para el 2014 se habrá consolidado un núcleo de 20.000 habitantes.
¿Estará construido y habitado en dos años?
Sí, cumpliendo un calendario muy apretado. La parte universitaria y los institutos deben estar listos en diciembre del 2013. Recordemos que el Cantón Urcuquí tiene 15.000 habitantes. Partiendo de ahí, la dinámica de la nueva universidad genera, de por sí, un interesante crecimiento urbano.
¿Cuál es la  capacidad máxima de habitantes?
La perspectiva que tenemos en el mediano plazo, hablamos de unos 50 años; es alcanzar una población incremental, lógica y sostenida, no agresiva, hasta llegar a un rango de 180.000 ó 200.000 habitantes. Ahí debería estancarse el crecimiento demográfico de la ciudad porque esa sería su capacidad de carga.
¿Será una ciudad exclusiva para estudiantes y profesores, o cualquier persona puede vivir en ella?
Será una ciudad completa, amigable, que te invita a vivir. Como tal, requerirá de todos los proveedores de servicios, cadenas de comercios, medios de prensa, su propia dinámica y sustentabilidad. Está ubicada solamente a 20 minutos de Ibarra. Vamos a influir para que se nos permita generar un rango de conurbación que convierta al camino en zigzag que hoy comunica las dos ciudades, en un conurbado natural.
¿Quién estará a cargo de la construcción de Ciudad del Conocimiento?
Hemos analizado comparativamente las ofertas que nos hicieron varios países y decidimos firmar con Corea. Es la más ambiciosa, en términos incluso de la experticia que tienen para generar ciudades nuevas. En el año 2011 arrancamos con la elaboración del plan masa que implica el ordenamiento territorial en las áreas de influencia, estableciendo un plan de desarrollo que modifica la naturaleza de la dinámica de Imbabura, no solamente de Urcuquí, e innova su estilo de vida en términos de sustentabilidad.
¿Un plan masa “verde”?
¡Obviamente! Hablamos de utilización y reutilización del agua como un derecho y un factor de producción. Todo esto, de la mano de un plan de manejo ambiental energético y de reciclaje, de minimización de desechos y maximización de residuos para el fomento de una industria que es naciente en Urcuquí.
¿Cuál es el concepto urbanístico?
Está construido sobre la lógica de una trayectoria que transforma un espacio eminentemente rural hacia una particularidad plenamente urbana, densificada, con crecimiento inteligente, preservando las lógicas de un urbanismo tradicional.
¿Por ejemplo?
El plan de circulación. Contiene ideas muy progresistas que buscan espacios de convivencia social, de buen vivir como comunidad. Son diametralmente opuestos a lo que sucede en ciudades como Atlanta, Los Ángeles o New York, nosotros pensamos en ‘greenways’ –corredores verdes que se asemejan a parques lineales que conectan la ciudad- no en ‘highways’.
¿En qué se basa?
En una filosofía de movilidad que se está reivindicando desde distintos espacios de organizaciones sociales. Privilegia la movilización a pie, en bicicleta o en transporte público. El trazado urbano vial responderá a estas necesidades y tendrá, como última instancia, el transporte privado.
¿Yachay tendrá su propia administración de ciudad?
Estamos planificando la institucionalidad del modelo de gestión con el Municipio de Urcuquí. Hay competencias que obviamente tiene que tener el administrador de la sede, considerando a este espacio como a una zona económica de desarrollo especial que requiere un cierto grado de autonomía, pero que no está austente de la realidad del país. Nuestros diálogos son con autoridades locales, porque ya no hay comunidades o pueblos ancestrales en el sector.
¿Se ha concluido con las expropiaciones?
No del todo. La institución a cargo de las expropiaciones es Inmobiliar, dependencia del Gobierno Central. Ellos nos notifican conforme concluyen las expropiaciones para que nosotros podamos intervenir.

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