Por: María Cardenas R.
Diciembre – enero, 2012

Pasamos mucho tiempo en la cocina, es como el centro de la casa con los cuartos de los alrededores. Es un espacio súper familiar.

Juani Nieto de Sandoval

La tranquilidad no es sólo una sensación, es casi palpable. Es el silencio, la vegetación y, a los lejos, las montañas que rodean esta maravillosa casa. Claro que, como dice Juani Nieto de Sandoval, quienes no conocen la zona, aquellos que vienen de visita desde Quito, se sienten totalmente alejados de la civilización luego de un largo camino que, sin tráfico, puede tomar hasta media hora.
Para esta joven familia de cuatro miembros, esta es la vida ideal. La niña se la pasa en el jardín descalza, el clima es más cálido, totalmente diferente al de Quito. Los fines de semana se corta la hierba y se vive alrededor del jacuzzi. Un estilo de vida único e ideal para quienes saben apreciarlo.

Tumbaco, ¿un poco lejos de Quito para la vida diaria?
La verdad es que a la gente le suena más lejos de lo que es. Viví toda mi vida en Cumbayá y al principio me parecía lejísimos, pero me acostumbré. Fernando, mi marido, vive desde hace 30 años acá, en Tumbaco, así que para él tampoco es novedad. Estamos alejados del ruido y tráfico de Cumbayá que se ha vuelto más caótico que nunca. Para mi hija Luciana de 3 años esto es un paraíso, goza, vive sin zapatos y sucia en el jardín. Simplemente tendrá un viaje un poquito más largo al Colegio Americano, pero al igual que nosotros, se acostumbrará.

Fernando ha vivido aquí 30 años, se conoce todos los atajos, quizá debería hacer un mapa con ellos. Al tráfico de Quito lo tengo totalmente olvidado, menos mal.

¿Fue casualidad o siempre pensaron vivir en Tumbaco?
Estamos viviendo aquí desde hace ocho meses, más o menos la edad de mi hijo. No fue casualidad. Desde que nos casamos comenzamos a planear esta casa, porque ya teníamos el terreno y eso era un buen comienzo. Sembramos los árboles y empezamos a mentalizar los espacios que tendría porque sabíamos que esta casa sería para toda la vida y eso requiere mucha planificación. Vimos miles de revistas y, si bien yo prefería algo más cerca a Cumbayá donde está mi familia, esta era la mejor opción. La hemos hecho muy nuestra, muy propia desde el principio.
¿Quién la diseñó y construyó?
La arquitecta es Clara Mendizábal, una profesional excelente que captó desde el inicio todo lo que buscábamos. Entendió el espíritu de la casa. Ella nos escuchó y cambió mil veces hasta dar exactamente con lo que queríamos. El constructor fue Alfredo Morales que para nosotros jugó un papel muy importante, él hizo realidad algunos caprichos que teníamos, como el jacuzzi en el segundo piso. Trabajó con el calculista largas horas para darnos gusto. Fue lo mejor que nos pudo haber pasado.
¿Jacuzzi en un segundo piso?
Sí. Lo lógico, pensando a largo plazo, era que la casa tenga un solo piso, pero la vista significaba mucho para nosotros y soñábamos en este jacuzzi en el segundo piso. El paisaje que tenemos no tiene precio y por eso tomamos la decisión. Es un jacuzzi totalmente familiar, para nosotros y nuestros hijos, no
es para fiestas e invitaciones. Por eso está tan cerca de las áreas familiares.
Otro espacio especial de la casa es la cocina…
Sí, absolutamente. Pasamos mucho tiempo en ella, es como el centro de la casa con los cuartos de los alrededores. Es un espacio súper familiar. Estamos ahí desde que Luciana llega del colegio y almorzamos juntos, con mi marido que baja casi a diario. Yo me paso aquí hasta la hora de la cena en la que repetimos el proceso. Es muy cómodo porque tengo el cuarto de juegos a la mano, la salida al patio y también el comedor de diario que es un espacio muy cómodo. Me gusta la cocina, sobretodo la mexicana, pero me he vuelto un poco cómoda. El fin de semana sí me dedico a cocinar.
El diseño de la cocina hace evidente que te gusta cocinar…
La cocina la diseñó e hizo Madeval con un sistema que se llama Bloom, ideal para mis gustos y necesidades. Este sistema tiene rieles resistentes que no se oxidan, no se dañan, controlan el abrir y cerrar de los cajones y puertas, y te da la posibilidad de generar espacios muy prácticos. Tanto así, que si lanzas el cajón al cerrarlo, éste toma su propia velocidad y se cierra solo. El diseño interior de los cajones me permite tener la organización que me gusta para los condimentos, cucharas, cucharitas, las tapas en su propio espacio, las ollas. Todo tiene su puesto, su lugar, y con estos muebles logro esa organización que me encanta. Soy muy ordenada, me la paso arreglando. Como notaste, mi clóset es igual, todo en su sitio y así tiene que ser, sería feliz si todo tendría “marcadores” para su lugar específico.

Este sistema tiene rieles resistentes que no se oxidan, no se dañan, controlan el abrir y cerrar de los cajones y puertas, y te da la posibilidad de generar espacios muy prácticos.

¿Ha cambiado tu estilo de vida desde que te pasaste acá?
Me casé a los 23 años, recién graduada de la universidad, y salimos a México ha hacer nuestras maestrías. Allá estudié Mercadotecnia y no pude trabajar porque no es fácil hacerlo en ese país. Volví con ocho meses de embarazo de Luciana, y cuando nació me dediqué a ella. Luego vino la construcción de la casa y, en seguida, mi hijo Juan Fernando que llegó recién nacido a estrenarla. Paso la mayor parte del tiempo aquí, salgo a hacer compras de mercado y pequeños mandados, o a donde mis papás en Cumbayá, donde también viven mis hermanas. A Quito ya no subo para nada, solamente para alguna invitación específica. Nuestra vida la hacemos alrededor de esta zona.
¿La decoración de la casa es tuya?
De los dos. Desde que nos casamos compramos juntos los muebles y accesorios. No teníamos casa, ni planos, pero sabíamos el estilo que queríamos. Mi almacén favorito es Zara Home en México, pero aquí también hay muchas cosas especiales, por ejemplo donde Lorena Uribe o Studio Design; los muebles son de Studio Noa y los de exteriores son ecuatorianos, hechos por Euro Gallery o Ecua Mueble. Tenemos algunas cosas antiguas. Me encanta decorar, entonces me paso cambiando cosas de lugar. Con Fernando nunca hemos tenido problemas porque compartimos el arreglo de la casa y tomamos todas las decisiones. Es otra de las actividades familiares, comprar cosas especiales es algo muy de los dos.

Me encanta la idea de no pisar un centro comercial nunca. Lo más grande que piso es el Ventura Mall donde vamos al cine

¿Qué sintieron cuando pudieron acomodar todo lo que ya tenían?
Habíamos coleccionado cosas durante mucho tiempo, al punto que la casa de mi mamá se convirtió en bodega. Cuando se terminó la casa ni siquiera tuvimos que pensar dónde poner cada cosa porque todo estaba decidido. Las cosas cayeron en los espacios que de alguna manera habían sido hechos para ellas. Esto es un sueño hecho realidad, todo encajó perfecto, tal como imaginamos.
¿El tráfico no te molesta?
He aprendido a manejar las horas, sé cuando debo salir para no pescar las congestiones entre Tumbaco y Cumbayá. Salgo cuando esto se parece más al pueblo donde siempre viví. Antes iba al Supermaxi de Cumbayá, hoy voy al de Tumbaco. Busco el zapatero, la costurera, la frutería, las legumbres, más cerca de mi casa. Sigo el ejemplo de mi mamá, ella lo hizo así cuando éramos pequeños y se descomplicó la vida. Estoy encontrando mis huecas. Fernando ha vivido aquí 30 años, se conoce todos los atajos, quizá debería hacer un mapa con ellos. Al tráfico de Quito lo tengo totalmente olvidado, menos mal.
¿Reviviendo la vida de pueblo?
¡Exactamente! Me encanta la idea de no pisar un centro comercial nunca. Lo más grande que piso es el Ventura Mall donde vamos al cine. Yo nací en Cumbayá y conozco a su gente, al homeópata, y a otros tantos personajes y lugares. Tumbaco tiene más tráfico que Cumbayá, es más comercial y, por lo tanto, algo más peligroso. Hemos tomado medidas para nuestra seguridad, porque el ambiente en general ya no es seguro. Con alarmas, vidrios de seguridad, cámaras y perro, se vive lo más tranquilo que se puede.
¿Descríbeme tus fines de semana?
Son días de gloria. Intentamos estar en la casa por lo menos uno de los dos días. Ponemos música afuera, Luciana y yo bailamos como locas mientras mi marido corta el césped y poda los árboles. Disfrutamos mucho al aire libre. Si salimos a almorzar es generalmente donde mi familia, y pasamos el día con ellos. En Tumbaco no hay mucha oferta de restaurantes, salvo uno cerca del Chiche al que hemos ido un par de veces. En Cumbayá hay muchas y muy buenas opciones. Tumbaco todavía es realmente campo, nuestros vecinos tienen sus huertas que ellos mismos cuidan.
¿Aceptas invitaciones en Quito?
Más bien tratamos de invitar amigos a la casa. Preferimos tenerlos aquí a subir a Quito. Ellos se quejan de la distancia pero cuando vienen, se quedan, y la pasan muy bien. Aquí soy totalmente feliz. Me gustaría que haya más vías de acceso en esta zona. Hay sólo dos y ambas se congestionan en las horas pico. Recién adoquinaron la vía y hoy por lo menos podemos entrar en cualquier tipo de carro, antes necesitabas un jeep.
¿Cómo describes tu estilo de vida?
Una vida que es un sueño hecho realidad. Así de simple. Si quieres la palabra exacta: tranquilidad. Es sencillo, tiene paz. Nunca he vivido en Quito y espero nunca tener que hacerlo. No soporto el frío. Soy de aquí, este es mi hábitat, aquí me siento totalmente libre. Cuando subo a Quito llevo botas, abrigo, bufanda. Es muy diferente.
Ya se habla del aeropuerto…
Sí, pero la vía pasa del otro lado de la carretera, si algún día la construyen. A nosotros no nos afectaría. Es más bien una esperanza que construyan la gran vía porque sería un descongestionante para Cumbayá y Tumbaco. Por esta razón, lo lógico era que esta vía tenga prioridad para su construcción sobre las otras opciones.

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