Por: Alexis Guerrero
agosto-septiembre, 2011

Soy la segunda de cuatro hermanos. Crecí rodeada de mucho cariño y amor mientras veía a mi mamá y a mi papá trabajar. Combinar la vida profesional y la familiar es una habilidad que debemos desarrollar las mujeres.

¿Trabajas desde siempre?
Estudié en Santiago de Chile y me titulé de Periodista y Cientista Social. Cuando llegué a Quito empecé como reportera, con Roberto Aspiazu, para el canal de noticias Eco México. Luego me desempeñé como periodista y productora de televisión y durante cinco años realicé documentales para el programa Día a Día. Durante ese tiempo, conocí a quien ahora es mi esposo y nos fuimos a vivir a Boston.
Cuéntame de tu etapa en Boston…
Fue una experiencia muy interesante en el ámbito personal y profesional. Mientras mi esposo hacía su Maestría en Harvard, trabajé para PBS realizando un documental para la televisión pública local; pero lo más importante: fue ahí donde nació nuestra primera hija. Luego nos fuimos a vivir a Cincinnati, Ohio.
¿Siempre te proyectaste con la dualidad de ser madre trabajadora?
Siempre. Soy la segunda de cuatro hermanos. Crecí rodeada de mucho cariño y amor mientras veía a mi mamá y a mi papá trabajar. Creo que combinar la vida profesional y la familiar es una habilidad que, hoy por hoy, tenemos que desarrollar las mujeres. Lograr este balance no siempre es fácil, sin embargo siento que lo he podido conseguir gracias a que en todo momento tengo clara cuál es la prioridad: mi familia.
¿Con una bebé en brazos y con el segundo en camino volvieron al Ecuador?
Si. Regresé con Emilia de un año y medio de edad y embarazada de mi hijo, Manuel María.
A tu regreso, ¿cómo fue el proceso de encontrar casa?
Al momento de buscar casa nos decidimos por el valle, por el clima y para tener un jardín en donde los niños puedan jugar. Así que desde un inicio escogimos Cumbayá como nuestro lugar para vivir y hacer nuestro hogar. Además, toda nuestra familia vive allá: padres, suegros, hermanos, cuñados. Ahí pasamos los fines de semana. Subo a Quito sólo para trabajar.
¿Construyeron o compraron?
Construimos. Mientras la casa estaba lista alquilamos un departamento Desde que estábamos en Boston teníamos la decisión de llegar al Ecuador a construir. Con mucha ilusión íbamos a las grandes librerías a buscar información de arquitectura y diseño. Descartamos lo que no nos gustaba y consensuamos en lo que sí.
¿Por ejemplo?
Ni él ni yo nos identificamos con lo súper moderno; sin embargo, el estilo mediterráneo de colores vivos nos gustó mucho, queríamos una casa acogedora en la que se sienta calor de hogar.
¿Tu esposo se involucró en el proceso?
Claro, por supuesto. Gracias a Dios concordábamos en muchas cosas e hicimos un buen trabajo en llegar a saber exactamente lo que queríamos. Luego empezamos a buscar arquitectos que podían ser afines a lo que nosotros buscábamos.
¿Por cuál arquitecto se decidieron?
Felipe Londoño y Asociados.
¿Cómo fue la relación con los arquitectos?
Muy buena. Enseguida supieron interpretar cuáles eran nuestras prioridades y cómo iba a ser nuestro estilo de vida. Mi esposo y yo teníamos como prioridad que la cocina sea el centro y el corazón de la casa. Algo tal vez diferente al resto porque antes normalmente la cocina era el lugar más escondido, el más oscuro, o el más descuidado. En nuestro caso tenía que ser el centro de operaciones. Mi papá, como buen siciliano, es un gran cocinero y un sibarita. Yo me crié prácticamente al calor de las cacerolas y a mi esposo también le encanta cocinar.
¿Entonces tu cocina es un área social?
Siempre. Todas las invitaciones entre amigos y familia terminan en la cocina. Por eso dijimos que nuestra cocina tenia que ser la más linda, la de mejor vista, con mejor luz. Para nosotros es uno de los lugares más bonitos de la casa.

Mi esposo y yo teníamos como prioridad que la cocina sea el centro y el corazón de la casa.

¿La casa fue construida pensando en el crecimiento de la familia?
Claro. Ya teníamos dos hijos y la verdad es que siempre quisimos tener el tercero, gracias a Dios llegó Josefina. Tenemos ocupados los tres dormitorios que fueron planificados desde un inicio, y la funcionalidad de la casa en sí va muy bien.
¿Decoraron ustedes o contrataron a un decorador?
No escogimos ningún decorador. Todo lo fuimos planeando y armando nosotros desde cero, con las ideas que ya teníamos en la cabeza. Yo tenía súper claro que quería una casa alegre, acogedora, que tenga vida. Había cosas que quería, por ejemplo el tema de la pintura. Debía hacerlo Manuel Araya, un artista chileno que pinta con tintura vegetal y hace frescos.

Ni él ni yo nos identificamos con lo súper moderno; sin embargo, el estilo mediterráneo de colores vivos nos gustó mucho.

¿Este artista vive en Ecuador?
Vive acá pero viaja bastante porque pinta casas en varias ciudades del Ecuador y del mundo.
El jardín es amplio, colorido, y veo que tienes una casita en el árbol…
Si, el diseño del jardín lo hizo Isidro Calisto de Jardín Express, y lo que sí fue obra mía es la casita del árbol para los niños. Cuando vi ese Guabo en el terreno, pedí que lo mantengan intacto, que no me lo toquen, era un árbol en el que perfectamente cabía una casita.
¿Tu diseño?
Yo la diseñé y dibujé. Luego conseguí a un carpintero para que la arme, puse las escaleras en un lado y la resbaladera al otro, ahi los niños se entretienen muchísimo.
¿Trabajabas desde la casa cuando los niños estaban pequeños?
Sí, como periodista free lance para diferentes revistas. Salía para hacer las entrevistas y escribía desde mi casa. Tengo una oficina independiente en donde puedo escribir mis notas y mandarlas a los diferentes medios para los que trabajaba. Era la combinación perfecta, podía estar en la casa con mis hijos y a la vez trabajar con la tranquilidad que necesito para poder redactar. Ellos aprendieron que cuando estoy trabajando, ese espacio se respeta. Aunque, para ser sincera, no siempre resultó así. Nunca falta una manito que aparece por la ventana.
¿Cuándo volviste formalmente a trabajar?
Después de mi segundo hijo volví como Directora de una revista. Al día siguiente de dar a luz a mi tercer bebé ya contestaba mails. Tenía una editora maravillosa que muchas veces bajaba a mi casa para hacer las cuadrículas de pauta. Parte de lo que me ha permitido ejercer estos dos roles es haber tenido la certeza de rodearme de gente profesional, de buena energía y muy eficiente. Ha sido muy importante para posibilitar mi desempeño como madre y ejecutiva el hecho de conseguir un equipo laboral, profesional y humano, como los que he tenido a lo largo de mi carrera.
¿Gran equipo dentro y fuera de la casa?
Obviamente tengo un gran equipo dentro de la familia. Mi mamá y mi suegra están siempre para ayudarme, y claro, mi esposo. Él es el capitán de este equipo. Es un hombre muy inteligente, sin complejos ni machismos, siempre ha sido un gran apoyo para mí. Él sabe que nuestros hijos son la prioridad, estamos alineados en eso.

Desde un inicio escogimos Cumbayá como el lugar para vivir y hacer nuestro hogar. Además, toda nuestra familia vive allá. Subo a Quito sólo para trabajar.

Ser Directora de Revista Caras es un trabajo bastante más demandante y de mucha más responsabilidad. ¿No te tembló la mano aceptar semejante reto?
Acepté trabajar para una empresa en la que sabían que estaban contratando a una mujer con tres hijos, y que por lo tanto, tendríamos que recurrir algunas veces a la flexibilidad de que si había algún tema con los niños, esa es mi prioridad. A fin de cuentas, lo importante es que cumpla con mis responsabilidades cada día y cada mes, y eso no depende de cuántas horas trabaje sentada en la oficina. Las mejores ideas muchas veces no surgen cuando estas paralizada frente a la computadora, sino cuando estás fuera de la oficina. Soy una mujer que está todo el tiempo pendiente del trabajo, pensando en cómo mejorar, por ende, es más apropiado que se me evalúe bajo parámetros de tareas y metas cumplidas que por horarios.
Trabajando en el sector de El Bosque y viviendo en Cumbayá, ¿cómo manejas tus horarios?
A veces ni yo mismo sé como alcanzo hacer todo lo que hago, pero la verdad es que lo termino haciendo y creo que satisfactoriamente. Requiere de bastante esfuerzo, perseverancia y organización. Es como dirigir
una orquesta, porque estás en la oficina pero a la vez pendiente de los niños.
¿Desplazarte te toma mucho tiempo?
Me costó acostumbrarme a la distancia, a sentirme absolutamente lejos de la vida que lleva mi familia en Cumbayá porque siempre la que se desplaza soy yo. Son casi tres horas al día entre ir y volver, entonces aplico el dicho “al mal tiempo buena cara”. Empecé a ver el lado positivo y traté de organizarme. Por ejemplo, me llevo el almuerzo a la oficina y hago una sola jornada. Así trato de salir más temprano cuando el trabajo me lo permite. Llego a la casa a estar con mis hijos, ayudarlos con las tareas o llevarlos personalmente a actividades extracurriculares.
¿Y por la noche?
Algunos días tengo que cortar sesenta uñitas. A la noche casi siempre llega mi esposo a la hora del baño y participa de la rutina de acostarlos. Si he dejado cosas pendientes del trabajo me tengo que volver a sentar en la computadora. Hay días que tengo directiva de la urbanización o juego volley con mis amigas. Descanso lo que logro dormir por las noches.

Lo que sí fue obra mía es la casita del árbol para los niños. Cuando vi ese Guabo en el terreno, pedí que no me lo toquen, era un árbol en el que perfectamente cabía una casita.

¿No hay desgaste?
Todo está en la actitud con la que tomes las cosas. No pienso en el cansancio, simplemente pongo el pie en el acelerador. Es la vida por la que he optado y trato de ver en ella todo lo positivo. Si pienso en las cosas negativas, en el tráfico, en el corre corre, no podría hacer todo lo que hago.
¿Tienes tiempo libre para mimarte un poco?
Ni en la ducha, porque a veces se meten los niños! Si tomo algún curso para mantenerme actualizada, tiene que ser los sábados, o ser tan cortos que no afecten mis horarios de trabajo. A la peluquería voy cuando tengo un evento muy importante al que tenga que asistir, opto siempre por un look natural. Dentro de mis reglas está no demorarme más de quince minutos en estar lista para poder salir, sin estar descuidada personalmente. Si me pongo en el detalle del pelo, del maquillaje, pierdo tiempo valioso que podría dedicar a cosas más importantes. Me facilito la vida, y me preocupo más en proyectar una actitud positiva que una imagen.
¿Delegas algo?
A nivel profesional puedo delegar algunas cosas, pero tengo claro que la responsabilidad es mía. Eso se aplica tanto en el ámbito laboral como en el familiar. Mi mamá o mi suegra me podrán ayudar, pero la responsable de cuidar, criar a mis hijos, educarlos, velar por su seguridad y bienestar, somos mi esposo y yo. Lo otro es una ayuda que la agradezco siempre que se presenta.
¿Qué haces cuando estás en el trabajo y se daña la refrigeradora de la casa?
Tengo que reconocer que el trabajo en equipo que hago con mi esposo funciona bastante bien. Nos ponemos de acuerdo en todo. Si para él es más fácil llamar al gasfitero, entonces él es el que se encarga de llamarlo. Así actuamos con cualquier contratiempo que se presenta.
¿Hacia dónde ves tu futuro?
Hoy por hoy trabajo con metas cortas. Prefiero estar pendiente de las oportunidades diarias y sortear los obstáculos que se me presentan a cada momento. Me proyecto para 24 horas, no para los próximos años. Trato de dar lo mejor que puedo cada día y en cualquier lugar que me encuentre.
¿Alguna anécdota de tu vida que fusione tu actividad como ejecutiva y madre?
Cuando mi tercera hija estaba por cumplir un año de edad, la iba a dejar a su guardería a las nueve de la mañana. Ese día tenía una reunión de mucha importancia con altos ejecutivos de una empresa. Como parte de mi estrategia para que manejar hacia Quito no sea tan agotador, empiezo a conectarme con las cosas que tengo que hacer en el trabajo y me desligo de temas del hogar. Empecé a pensar en todo lo que tenía que resolver en la reunión y a la altura de la Av. Simon Bolívar, escuché ruidos de bebé en el asiento trasero… ¡se me olvidó dejar a la niña en su guardería! Llegué a la reunión con la bebé en brazos y pedí disculpas a los ejecutivos. Lo entendieron tanto que le hacían gracias a Josefina.

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